La DGT aclara quién debe apagar primero las luces largas en una curva

Las luces de un vehículo son un elemento esencial de seguridad en la carretera, especialmente durante la noche, cuando se vuelven imprescindibles para garantizar una correcta visibilidad y prevenir accidentes. Sin embargo, un uso inadecuado del sistema de alumbrado, en particular de las luces largas, puede provocar deslumbramientos peligrosos que deriven en incidentes graves.
Uno de los escenarios donde este riesgo se multiplica es al tomar una curva con otro coche en dirección contraria. En ese momento, si ambos conductores llevan las luces largas activadas, la ceguera momentánea puede ser total, incrementando las posibilidades de una colisión frontal o de una salida de vía. Por ello, la Dirección General de Tráfico (DGT) ha explicado con claridad quién debe apagar primero las luces largas en esta situación.
Luces largas y curvas: la norma de la DGT
En condiciones normales de conducción nocturna, la regla es conocida: las luces largas deben sustituirse por las cortas al aproximarse otro vehículo, ya sea en el mismo sentido o en sentido contrario, para evitar deslumbramientos. Así lo recuerda la DGT en su revista digital, subrayando que una iluminación mal gestionada puede causar maniobras bruscas y accidentes.
La particularidad surge cuando el encuentro entre dos vehículos se produce en una curva. Según explica la DGT, el conductor que debe apagar primero las luces largas es quien toma la curva por el interior. Esto se debe a que sus faros inciden directamente en la trayectoria del vehículo contrario, provocando un deslumbramiento inmediato. Por el contrario, quien circula por el exterior de la curva apunta sus luces hacia fuera, reduciendo considerablemente el riesgo de cegar al otro usuario.
Recomendación general para evitar riesgos
Aunque la norma indica que el primer gesto corresponde al conductor por el interior, la DGT también recomienda que, siempre que sea posible, ambos apaguen las largas y utilicen las luces cortas al aproximarse a otro vehículo, incluso desde el exterior de la curva. Este simple acto preventivo reduce drásticamente la posibilidad de un accidente y asegura una conducción más segura para todos.
En definitiva, gestionar correctamente el alumbrado no solo es una cuestión de cortesía vial, sino un deber de seguridad que puede marcar la diferencia entre un trayecto sin incidentes y una tragedia en la carretera.