Marina Díez, de pionera de ‘Gran Hermano’ a cocinera en Mallorca: “Estoy en pleno crecimiento”

Han pasado 25 años desde que España vivió la primera edición de Gran Hermano, aquel experimento televisivo que en la primavera del año 2000 paralizó al país y convirtió a sus participantes en rostros conocidos de la noche a la mañana. Entre ellos estaba Marina Díez, una madrileña de 23 años que dejó su trabajo como teleoperadora para vivir la experiencia y que, tras 53 días de convivencia en la casa de Soto del Real, se convirtió en la cuarta expulsada. Hoy, alejada de los focos, ha encontrado su lugar lejos de la televisión.
“Ojalá me hubiera pillado más mayor”
Con 48 años y la serenidad que da el tiempo, Marina recuerda aquella fama repentina como un huracán. “Ojalá me hubiera pillado más mayor para saber gestionarlo”, confesaba recientemente a Lecturas. La exposición mediática le llegó demasiado pronto y, aunque le abrió puertas, también le cerró otras: “Me dijeron que no querían a nadie de la tele en un trabajo que me encantaba. Se perdió una gran trabajadora”.
Lejos de anclarse en el victimismo, decidió reinventarse. Se formó en cocina y gestión de restaurantes y hoy trabaja como cocinera en una cafetería de Mallorca, compaginando su labor con la formación continua: “Estoy en pleno crecimiento. Ahora me ha dado por lo coreano”, aseguraba.
El episodio del desahucio y la verdad detrás
En 2021, su nombre volvió a la actualidad por el desahucio del bar que regentaba en un centro de mayores en Badia Gran, Llucmajor. Su intervención en ¡Qué tiempo tan feliz! llevó a muchos titulares a hablar de “ruina”, algo que ella desmiente: “Fue un titular horroroso. Se exageró todo mucho. Luché muchísimo, pero no se puede contra ciertos intereses políticos”. La pandemia agravó la situación, pero Marina destaca su fortaleza: “Me sorprendí porque luché mucho y nunca había sido tan valiente”.
Actualmente disfruta de un trabajo estable, el apoyo de su círculo cercano y una pareja con la que lleva 16 años: “Somos un equipo. Hemos pasado de todo, pero seguimos juntos”. No tienen hijos por decisión propia y valora una vida tranquila, con horarios que le permiten cuidar su salud, especialmente después de haberse sometido a una operación de cuatro bypass: “Lo que tenía mal eran las arterias. Es un rollo familiar…”.
La televisión, una puerta que no cierra
Pese a su vida actual, no descarta volver a la pequeña pantalla. Le habría gustado participar en Supervivientes: “Sé que hubiera sido un descubrimiento”. Y tampoco rechaza formatos como GH VIP o GH DÚO: “No me cierro a nada. Me adapto a todo. Si hay que bajarse al barro, lo hago”.
Mantiene el contacto con varios compañeros de aquella histórica edición, como Iván, Ismael o Jorge, y no guarda rencor a nadie: “A María José Galera le daría un abrazo enorme. No hay nadie con quien no me llevaría bien”. Hoy, su pasión es la cocina, y en su cuenta de Instagram –con poco más de 1.000 seguidores– comparte vídeos preparando sus recetas favoritas, disfrutando de una vida que, aunque alejada de la fama, le aporta estabilidad y satisfacción personal.