
La duda que acompaña a muchos conductores.
Google Maps se ha convertido en un compañero habitual de viaje para quienes necesitan llegar a una dirección desconocida o seguir una ruta. Esa presencia cotidiana puede hacer que se pierda de vista una diferencia decisiva: llevar el navegador funcionando y manipularlo durante la conducción son conductas distintas. La Dirección General de Tráfico recuerda que las obligaciones de atención siguen vigentes aunque el teléfono se utilice para orientarse. La respuesta depende de cómo se emplee el dispositivo, no del nombre de la aplicación.
La normativa no establece una prohibición general de seguir las indicaciones de un sistema de navegación. Lo que sanciona es utilizarlo manualmente mientras se conduce y otras conductas que comprometen la atención. Por tanto, es posible usar Google Maps para recibir instrucciones de una ruta previamente configurada, manteniendo el teléfono correctamente colocado y sin tocarlo. Esa posibilidad no convierte cada función de la aplicación en una acción permitida al volante ni elimina la responsabilidad de observar lo que sucede en la carretera.
La diferencia puede verse en dos situaciones sencillas. Una cosa es escuchar la indicación de un giro que el sistema ya tenía previsto y otra ponerse a escribir una dirección mientras se circula. En el segundo supuesto, el conductor pasa a interactuar manualmente con el navegador. El objetivo de llegar al destino no cambia la naturaleza de esa acción. Tampoco la vuelve inocua que el trayecto sea conocido o que, en apariencia, solo haga falta tocar la pantalla durante unos instantes.

La diferencia que determina la sanción.
La Ley de Tráfico clasifica como infracción grave la utilización manual de navegadores durante la conducción. La sanción económica general para estas infracciones es de 200 euros y el anexo de puntos contempla la pérdida de tres por ese uso manual. Conviene separar las dos consecuencias: una afecta al bolsillo y la otra al saldo del permiso. No se trata de una multa específica por abrir Google Maps, sino de la aplicación de las reglas sobre dispositivos y distracciones a una conducta concreta.
Cuando el conductor utiliza el teléfono sujetándolo con la mano, la pérdida asciende a seis puntos. La multa general sigue siendo de 200 euros. Esto resulta especialmente relevante para quien piensa que llevar el móvil como GPS lo coloca en una categoría diferente de otras utilizaciones del teléfono. La función elegida no borra el hecho de sujetarlo mientras se conduce. Tener el mapa en pantalla no proporciona una excepción a la prohibición que la ley establece para esa forma de uso.
Colocar el dispositivo en un soporte tampoco permite tocarlo libremente durante la marcha. El soporte puede evitar llevarlo en la mano, pero no transforma la manipulación manual del navegador en una conducta autorizada. La distinción importa porque explica por qué pueden variar los puntos sin desaparecer la infracción. Introducir un destino en el móvil fijado al salpicadero sigue implicando una interacción manual. La solución práctica pasa por dejar la ruta preparada antes de incorporarse a la circulación y evitar cambios desde el puesto del conductor.

El soporte y la pantalla del coche no cambian la regla.
Las pantallas integradas en el coche merecen la misma atención. Que un navegador forme parte del equipamiento del vehículo no lo excluye de las obligaciones generales de conducción ni de la prohibición de uso manual. La norma se refiere a la conducta y al dispositivo de navegación, no solo a los teléfonos portátiles. Por eso, cambiar de una pantalla pequeña a otra mayor no resuelve por sí mismo el problema. La comodidad de acceso a un menú no equivale a permiso para utilizarlo conduciendo.
El principio que sostiene estas reglas es mantener la libertad de movimientos, el campo de visión y la atención permanente. Un navegador debe servir de apoyo al trayecto sin desplazar esas obligaciones. Desde esa perspectiva, la ubicación del móvil y la forma de recibir las instrucciones importan tanto como tener instalada la aplicación. Un mapa puede orientar sobre la ruta, pero no sustituye la observación directa de señales, peatones, vehículos y cualquier circunstancia que exija una reacción inmediata de quien lleva el volante.
También es un error interpretar un semáforo rojo o una retención como una oportunidad para coger el teléfono. Estar temporalmente detenido dentro de la circulación no equivale a haber estacionado y terminado de conducir. La DGT mantiene el aviso sobre el uso del móvil en esas situaciones. Si hace falta modificar el destino, la recomendación es buscar un lugar permitido y seguro donde detener el viaje para hacerlo. La espera de unos segundos en un cruce no cambia la obligación de atender al tráfico.

Cómo preparar el viaje y evitar distracciones.
Las instrucciones sonoras pueden ayudar a reducir la necesidad de mirar la pantalla, pero tampoco autorizan a perder la concentración. Como pauta práctica, conviene revisar antes de salir el destino, la ruta y el volumen, dejando el dispositivo colocado de manera que no entorpezca la visión. Si aparece un desvío o una indicación confusa, lo prioritario sigue siendo conducir conforme a las señales. Perder una salida o tardar más en llegar es preferible a intentar resolver la ruta mediante pulsaciones mientras se circula.
La aclaración debe entenderse dentro del marco vigente y no como el anuncio de una prohibición nueva contra una marca. Las reglas distinguen entre seguir un sistema de navegación y utilizar manualmente un dispositivo, con diferente pérdida de puntos cuando el móvil se sujeta con la mano. Ese detalle evita dos interpretaciones equivocadas: creer que todo uso de Maps está prohibido o pensar que cualquier interacción es legal por tratarse de un GPS. Ninguna de las dos refleja correctamente el criterio de Tráfico.
Para el conductor, la pauta es concreta: programar el recorrido antes de salir, mantener el teléfono colocado sin obstaculizar la visión y recibir las indicaciones sin manipularlo. Si es necesario hacer cambios, debe esperar a poder realizarlos fuera de la conducción y con seguridad. Google Maps puede acompañar el trayecto, pero su utilidad no modifica las obligaciones al volante. La diferencia entre consultar una ruta ya preparada y coger o tocar el dispositivo explica tanto la respuesta legal como las sanciones aplicables.