El inmunólogo Alfredo Corell tiene un aviso claro a todos los que ya se han vacunado de la gripe

Anuncios

Una voz que había acercado la inmunología al público.

Alfredo Corell había acercado la inmunología a un público que no siempre estaba familiarizado con sus conceptos. Su actividad como profesor y divulgador le había permitido explicar de forma accesible cómo respondían las defensas del organismo. Las apariciones en televisión habían ampliado la difusión de esas explicaciones. Entre las cuestiones que abordaba se encontraban las vacunas y las infecciones respiratorias.

Alfredo Corell en una intervención televisiva de archivo.

El especialista había combinado la docencia universitaria con la comunicación científica. Esa doble faceta le había llevado a responder preguntas que aparecían también en conversaciones familiares y laborales. Por qué se enfermaba después de una vacunación era una de esas dudas recurrentes. Comprender la respuesta exigía distinguir entre distintos niveles de protección.

Sus intervenciones habían puesto el foco en asuntos que afectaban a una parte amplia de la población. Las familias con personas mayores o con problemas de salud tenían motivos especiales para interesarse por ellos. También los trabajadores que mantenían contacto habitual con muchas personas encontraban preguntas relacionadas con su día a día. La información sobre prevención ocupaba así un espacio relevante en el debate público.

Anuncios

La prevención había centrado sus explicaciones.

En ese contexto, los mensajes sobre la gripe habían despertado atención más allá del ámbito sanitario. Haberse vacunado podía llevar a algunas personas a pensar que cualquier precaución adicional había dejado de ser necesaria. Sin embargo, la protección frente a una infección no se resumía en una garantía absoluta. Corell había dedicado parte de sus explicaciones a aclarar precisamente esa diferencia.

El inmunólogo había insistido en que vacunarse seguía teniendo valor aunque no evitara todos los contagios. Había resumido su utilidad con estas palabras: «la vacuna sigue siendo muy útil para evitar casos muy graves y hospitalizaciones por neumonía». El aviso a quienes ya habían recibido su dosis consistía en no interpretar esa protección como un motivo para bajar la guardia. Su mensaje combinaba la vacunación con otras medidas de prevención.

Aquellas declaraciones, recogidas en marzo de 2026, se referían a una temporada y unas circunstancias concretas. Corell había descrito entonces una circulación destacada del subtipo H3N2. También había explicado que las diferencias entre los virus circulantes y la inmunidad previa podían influir en la respuesta de la población. Esa descripción correspondía a aquel momento y no constituía una valoración de la situación epidemiológica actual.

Anuncios
Imagen de recurso sobre prevención.

La protección tenía distintos objetivos.

El experto había señalado que la efectividad de la vacuna podía variar entre temporadas. La cuestión no dependía únicamente de haberse vacunado, sino también de los virus que circularan y de la respuesta individual. Las formulaciones estacionales se adaptaban a los virus que se esperaba encontrar. Por eso, una menor protección frente a la infección no equivalía a la desaparición de todos sus beneficios.

Había otra distinción importante en el fondo de aquel aviso. Evitar una infección y reducir sus posibles complicaciones eran objetivos relacionados, pero diferentes. Una persona vacunada podía enfermar y, aun así, beneficiarse de una menor probabilidad de cuadros graves. Entender esa diferencia ayudaba a valorar la vacunación sin exigirle una protección total.

Corell también había recordado la utilidad de mantener una buena higiene de manos. Presentaba esa medida como parte de la prevención cotidiana y no como una alternativa a vacunarse. Su explicación insistía en recuperar hábitos sencillos que muchas personas habían incorporado durante la pandemia. El conjunto de precauciones permitía abordar el riesgo desde más de un frente.

Anuncios
Imagen de recurso sobre prevención.

Un aviso para mantener las precauciones.

El uso de mascarilla había sido otro de los puntos de su intervención. Lo había relacionado con evitar transmitir una infección cuando aparecían síntomas respiratorios. También había señalado su interés para las personas vulnerables y para quienes convivían con ellas. La recomendación reforzaba la idea de que cuidarse incluía prestar atención al entorno cercano.

En las conversaciones de las redes sociales, este tipo de explicaciones encontraba un motivo claro de interés. Muchas personas trataban de interpretar por qué podían enfermar después de vacunarse. Esa duda permitía entender la atención que despertaba el asunto, aunque no se atribuyera aquí una cifra de comentarios a aquellas declaraciones. El debate resultaba más útil cuando diferenciaba los límites de una vacuna de la ausencia de protección.

El mensaje también invitaba a revisar cómo se compartían los consejos sanitarios en internet. Un aviso sobre precauciones adicionales podía perder su sentido si se presentaba como una descalificación de la vacunación. En aquella intervención, Corell había defendido su utilidad y había pedido complementarla con hábitos preventivos. Ese equilibrio era el aspecto central de sus palabras a quienes ya se habían vacunado.

Anuncios