Los invisibles cazadores del verano.
Con la llegada del calor, la vida se traslada al exterior: terrazas, parques, jardines y ventanas abiertas invitan al disfrute de los días largos. Sin embargo, esa conexión con el entorno también trae consigo visitantes indeseados. El aumento de las temperaturas activa la proliferación de insectos, y con ellos, un fenómeno tan habitual como molesto: las picaduras de mosquito. A pesar de que todos estamos expuestos, hay quienes parecen ser blanco predilecto de estos diminutos depredadores. ¿Qué determina que algunas personas sufran más picaduras que otras?
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Para comprender este comportamiento tan específico, es fundamental entender cómo funcionan los mosquitos. La dermatóloga Ana Molina, autora del libro Piel sana, piel bonita, nos lo explica con precisión científica: “Las que pican son las hembras que buscan la sangre humana cuando están embarazadas”.
Este proceso, lejos de ser una simple mordida, implica una sofisticada intervención biológica: “introduce bajo nuestra piel dos diminutos tubos, uno que le sirve para sorber nuestra sangre y el otro para inyectarnos una sustancia que evita que la sangre se coagule en la herida y en su trompa antes de haber terminado de sorber”. Esa sustancia inoculada no es inofensiva, pues provoca una reacción en cadena en nuestro sistema inmunológico, que responde liberando histamina, causante del picor, la hinchazón y esas ronchas tan características.
No se trata de sangre dulce.
Existe la creencia popular de que los mosquitos se sienten atraídos por determinadas personas debido al “sabor de su sangre”, pero la realidad es bien distinta. Según aclara la doctora Molina, “los mosquitos no vienen por el sabor de la sangre, de hecho, tendrían que picarnos antes para saberlo y esto no les compensa”. Lo que verdaderamente determina a quién escogen como víctima tiene más que ver con señales químicas y térmicas que con una supuesta predilección gustativa. Lejos de actuar al azar, estos insectos utilizan mecanismos muy precisos para localizar a sus objetivos humanos.
Los estudios científicos han identificado al menos cuatro factores clave que influyen en esta selección. En primer lugar, el calor: las pieles más cálidas son percibidas por los mosquitos como un entorno ideal. En segundo lugar, el olor corporal: sustancias presentes en nuestro sudor como el ácido láctico pueden resultarles irresistibles. Tercero, la humedad: una piel húmeda resulta mucho más atractiva para estos insectos. Y, finalmente, el dióxido de carbono: el aire que exhalamos al respirar actúa como una señal que les guía directamente hasta nosotros.
Cómo defenderse de las picaduras.
Conociendo estos elementos, es posible adoptar medidas prácticas para evitar convertirnos en su próxima comida. La recomendación de los expertos pasa por combinar varias estrategias: vestir ropa que cubra bien la piel, mantener una higiene frecuente para reducir el sudor, instalar mosquiteras en puertas y ventanas, y utilizar repelentes eficaces con ingredientes activos como el DEET. Asimismo, el uso de aire acondicionado puede ser un aliado inesperado, ya que enfría la piel y dificulta que los mosquitos detecten nuestras señales térmicas.
Aunque muchas personas recurren a remedios caseros —desde aceites esenciales hasta vinagre o plantas aromáticas—, lo cierto es que su eficacia es, en el mejor de los casos, limitada. Además, algunos de estos remedios pueden provocar irritaciones cutáneas, especialmente en pieles sensibles. La mejor estrategia, por tanto, sigue siendo la prevención informada y el uso de productos cuya efectividad haya sido científicamente comprobada.