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La Guardia Civil avisa: la prenda que no te puedes poner para conducir si no quieres buscarte un lío

Historias de carretera.

Cada verano, las redes y los medios se llenan de relatos de carretera: desde escapadas improvisadas hasta anécdotas surrealistas vividas entre el volante y el asfalto. Nos atraen porque combinan aventura, riesgo y cotidianidad. Además, es fácil empatizar: todos hemos vivido al menos una escena rocambolesca en un coche con las ventanillas bajadas y el GPS diciendo lo contrario a lo que indica la intuición.

Pero detrás de esas historias entrañables o absurdas, también hay espacio para alertas importantes que muchas veces ignoramos por puro hábito estacional. El verano relaja normas no escritas: dormimos menos, vestimos con ligereza y, en cuanto podemos, nos lanzamos al mar con lo puesto. Esa despreocupación es parte del encanto… y también del problema.

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La ropa fresca y los pies al aire son parte esencial del uniforme veraniego. Lo que pocos consideran es que ese look informal puede tener consecuencias serias al volante. En particular, lo que calzamos. Porque no es lo mismo andar por la arena con chanclas que maniobrar ante un imprevisto en la carretera.

Una decisión más arriesgada de lo que parece.

El calzado veraniego por excelencia —chanclas, sandalias, zapatillas abiertas— se ha convertido en protagonista involuntario de más de un susto. Hay modelos que no suponen mayor inconveniente, siempre que estén firmemente sujetos al pie. Pero muchos no lo están, y ahí comienza el riesgo: pueden salirse, deslizarse, o quedar atrapados justo donde no deben.

Imagina un frenazo repentino y que tu chancla se mueva bajo el pedal de freno. O que tu pie resbale por estar mojado tras salir del mar. Ese segundo de descontrol puede marcar la diferencia entre seguir tu camino o provocar un accidente. Más aún si estás en una carretera muy transitada o en una maniobra delicada.

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La sensación de libertad al conducir descalzo o con calzado inadecuado es tentadora, pero esa comodidad puede comprometer la precisión de tus movimientos al volante. Sin una buena sujeción, los reflejos se ven entorpecidos y, en consecuencia, también tu capacidad de respuesta ante una situación crítica.

Multas y advertencias. Lo que dice la ley.

En España, la legislación no prohíbe explícitamente conducir con chanclas, pero eso no significa que no puedan multarte por ello. Todo dependerá de la interpretación del agente, y esa interpretación puede convertirse en una sanción si considera que tu calzado compromete la seguridad.

@guardiacivilVuelve el dilema. ¿Chanclas al volante sí o no? 🩴🩴

♬ sonido original – Guardia Civil

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Así lo ha dejado claro la Guardia Civil a través de un vídeo en TikTok, donde abordan lo que llaman “el dilema de todos los veranos, el uso de las chanclas en la conducción”. Según la normativa vigente, “aunque su uso no está prohibido en la normativa, por parte de la agrupación de tráfico de la Guardia Civil y la DGT, le recomendamos no usar este tipo de calzado en la conducción. Su uso puede interferir negativamente en la conducción y provocar un siniestro vial”.

La referencia legal es el artículo 18.1 del Reglamento General de Circulación, que obliga al conductor a mantener el control del vehículo en todo momento. Si el agente considera que no lo estás haciendo, puede imponer una multa de hasta 80 euros. No implica pérdida de puntos, pero sí una advertencia clara de que lo que parece una decisión inocente puede tener consecuencias reales.

Verano seguro.

La moraleja es sencilla: si vas a conducir, elige un calzado que se mantenga en su sitio, no se deslice y permita un control preciso de los pedales. El estilo y la frescura pueden esperar hasta que llegues a destino. En carretera, la prioridad es otra.

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Al final, todas esas historias de verano que tanto disfrutamos contar y escuchar tienen algo en común: pudieron haberse truncado en un instante por un detalle menor. Mejor dejar las chanclas para la playa y evitar que una anécdota se convierta en parte de las estadísticas de tráfico. Porque sí, las historias de carretera nos encantan. Pero que la tuya sea solo eso: una historia más que contar, no una que lamentar.