Sologamia: El compromiso de amarse a uno mismo llega a Gijón

El concepto de sologamia, una práctica que sigue ganando adeptos alrededor del mundo, ha llegado a Gijón de la mano de tres mujeres que, el pasado 6 de julio, decidieron dar un paso firme hacia el autocuidado y el amor propio. Aunque el acto de casarse con uno mismo no tiene valor legal, representa un profundo compromiso emocional para quienes lo practican, reafirmando la importancia del respeto y la valoración personal.
Una de las protagonistas de esta singular ceremonia, Vanessa García, decidió compartir su experiencia, mientras que las otras dos participantes prefirieron permanecer en el anonimato. Para ellas, este acto de amor propio marcó un antes y un después en sus vidas. Según Vanessa, la decisión de casarse consigo misma ha sido «una de las mejores» que ha tomado, añadiendo que, tras la ceremonia, experimenta «una felicidad enorme y mucha plenitud». Y aunque pueda parecer una práctica poco convencional, la sologamia no busca rechazar el amor romántico o las relaciones con otros, sino más bien fortalecer el vínculo con uno mismo.
El poder de quererse a uno mismo: Un acto sin exclusividad
Las ceremonias tuvieron lugar en el Hotel 1907 Villa, un escenario elegante que dio el toque solemne a un evento que, más allá de su carácter simbólico, tiene una profunda relevancia para quienes lo protagonizan. «Va de cuidarte a ti misma para poder cuidar a los demás», explicó Vanessa en declaraciones recogidas por *MiGijón*, destacando que este tipo de unión no debe confundirse con el narcisismo. Para ella y sus compañeras, la sologamia es una oportunidad de romper con los antiguos patrones de relaciones y establecer un nuevo tipo de compromiso: el de quererse a una misma, sin remordimientos ni prejuicios.
Una de las ideas clave de la sologamia es que, a diferencia de los matrimonios convencionales, no existe exclusividad. Las personas que se casan consigo mismas no se comprometen a no establecer otras relaciones ni deben pasar por un proceso de divorcio para casarse con otra persona. «No hay nada mejor que celebrar el amor, del tipo que sea», subraya Vanessa, destacando que este acto de amor propio no excluye otras formas de afecto.
Una ceremonia llena de emociones
La maestra de ceremonias, Teresa Astay, también jugó un papel fundamental en este evento cargado de simbolismo. Para ella, formar parte de la ceremonia fue tan emotivo que confesó no poder contener las lágrimas durante el acto. «Estoy súper emocionada, estoy tragándome las lágrimas. Cuando llegue a casa lo soltaré todo y me relajaré», contó en una entrevista a *La Nueva España*, dejando ver la intensidad emocional que vivió en ese momento.
Este tipo de celebraciones, aunque inusuales, reflejan una tendencia creciente en la sociedad actual: la búsqueda de formas alternativas de conectar con uno mismo y con los demás. Para quienes participaron en este evento en Gijón, casarse consigo mismas no solo fue un acto simbólico, sino una declaración de principios: el amor propio es el pilar sobre el que se construyen relaciones más sanas y equilibradas.
Un camino hacia la plenitud
La sologamia, aunque no es una práctica mayoritaria, sigue ganando seguidores alrededor del mundo, especialmente entre quienes buscan empoderarse emocionalmente y alejarse de las expectativas sociales tradicionales. Para Vanessa y las otras dos mujeres, este acto representa una reafirmación de su autonomía y la necesidad de priorizar su bienestar antes que cualquier otra cosa.
A través de esta ceremonia, cada una de ellas encontró una forma de celebrar su individualidad, de reconocer que el amor propio no es egoísta, sino fundamental para poder cuidar de los demás de manera efectiva. Al final del día, la sologamia es más que una simple boda simbólica; es una declaración de que el autocuidado y la autovaloración no son negociables.
Mientras el mundo sigue evolucionando en su forma de ver el amor y las relaciones, actos como este en Gijón nos recuerdan que el primer compromiso, y tal vez el más importante, es el que hacemos con nosotros mismos.