Aplauso en píe por el maravilloso alegato de Wyoming sobre los jóvenes que reivindican el franquismo

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El Gran Wyoming en El Intermedio

Una reflexión sobre el pasado.

El debate sobre la imagen que una parte de la juventud tiene de la dictadura ha llegado al arranque de El Intermedio. El Gran Wyoming, presentador del espacio de La Sexta, dedicó su monólogo a quienes reivindican un pasado que no conocieron. Lo hizo a partir de las escenas registradas en la Puerta del Sol, donde jóvenes con simbología franquista se situaron frente a la acampada que reclama una vivienda digna.

El comunicador combinó su habitual ironía con una reflexión sobre la memoria y las versiones idealizadas de la historia. Antes de entrar en el fondo de su crítica, se detuvo en algo tan cotidiano como la nostalgia. Evocó recuerdos asociados a personas, lugares, colores y aromas, y construyó una escena humorística con una taza de té matcha y la música de Guitarricadelafuente como acompañamiento para mirar al infinito.

Wyoming contrapuso esa estampa con sus propios gustos musicales. Bromeó con que prefiere escuchar a Georgie Dann porque sus canciones le recuerdan a los años en los que bailar no suponía acabar en urgencias. La referencia a El chiringuito sirvió para introducir el asunto central del discurso: la diferencia entre echar de menos una experiencia propia y convertir en objeto de añoranza una época de la que no se tiene ningún recuerdo personal.

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La nostalgia de una época desconocida.

Imagen de archivo de Wyoming en su programa

Para describir esa segunda sensación, el presentador recurrió al término anemoia. Lo utilizó para explicar la nostalgia por algo que nunca se ha vivido, una idea que después trasladó a la actitud de los jóvenes que aparecían en las imágenes. Su argumento partía de una contradicción: quienes exhiben determinados símbolos y reivindican la España de Franco nacieron mucho después de la dictadura y han crecido en un contexto democrático.

El monólogo se centró entonces en lo ocurrido tras la celebración del Día de la Hispanidad. Wyoming relató que varios grupos se desplazaron hasta la Puerta del Sol para intentar asaltar la acampada por la vivienda. Entre las enseñas que mencionó estaban las de Falange, la cruz de Borgoña y la bandera con el águila. También se refirió a los saludos fascistas y a quienes cantaron el Cara al sol.

La corta edad de los participantes fue uno de los aspectos que más destacó. El conductor de El Intermedio señaló que muchos no habían cumplido los veinte años y recurrió a una broma sobre la protección solar para subrayar el contraste entre su juventud y el significado del himno que interpretaban. Tras ese comentario, recuperó un tono más serio para preguntarse qué visión del pasado puede conducir a una identificación semejante.

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La historia detrás de los símbolos.

Imagen de archivo de Wyoming en su programa

En su reflexión, Wyoming planteó que esos jóvenes podrían estar imaginando la dictadura a través de una estampa cinematográfica amable. Describió esa versión idealizada como una sucesión de playas, turistas y escenas de cine de barrio, sin problemas sociales ni delincuencia. La referencia a los chistes de Paco Martínez Soria le permitió mantener el registro humorístico mientras cuestionaba una representación que, a su juicio, deja fuera las consecuencias del régimen.

El presentador contrapuso a esa imagen los aspectos más duros del período. Habló de represión, miseria y exilio, y recordó a quienes tuvieron que abandonar España para buscarse la vida. También señaló a los que fueron encarcelados o murieron por oponerse a la dictadura. Su intervención insistió en que una mirada nostálgica pierde el sentido cuando prescinde precisamente de las experiencias de las personas que sufrieron aquel sistema político.

La emigración ocupó un lugar concreto dentro de esa comparación. Frente a la idea de una España sin migrantes, Wyoming recordó que muchos españoles tuvieron que marcharse al extranjero. Después trasladó su crítica a los años de la posguerra mediante otra referencia al cine. Recurrió a Los juegos del hambre para destacar el hambre de aquel período y desmontar la visión despreocupada con la que, según su planteamiento, algunos lo contemplan.

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Una pregunta para las nuevas generaciones.

Imagen de archivo de Wyoming en su programa

El comunicador tampoco quiso situar toda la responsabilidad en los propios jóvenes. Apuntó a los mensajes que pueden recibir en sus hogares, en los colegios, en los medios de comunicación o en las redes. Desde esa perspectiva, formuló la pregunta que vertebraba su intervención: cómo llega alguien nacido después de varias décadas de democracia a considerar el fascismo una alternativa mejor. La cuestión quedó como el núcleo de su alegato.

Para cerrar, Wyoming volvió a la música con la que había iniciado su recorrido. Recomendó a los jóvenes dirigir esa nostalgia por lo desconocido hacia las canciones de Georgie Dann y recuperó la broma sobre poder bailar sin lesionarse. El remate devolvió al monólogo su tono de sátira, después de una intervención en la que había vinculado los símbolos vistos en Sol con la importancia de conocer lo que representaron.

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