Casa Ezequiel, el templo de los platos XXL, ahora sirve raciones de escándalo

Casa Ezequiel no necesita presentación para quienes recorren la mítica N-630 entre León y Asturias. Famoso por sus platos que no caben en el plato y por sus embutidos que han llegado hasta los lineales de supermercados de media España, este restaurante se ha ganado un lugar en el imaginario colectivo como sinónimo de calidad, tradición y, sobre todo, abundancia. Es el tipo de sitio al que uno entra con hambre y del que sale con un tupper rebosante de sobras. Pero este diciembre, el lugar conocido por su comida ha terminado siendo el epicentro de una historia que alimenta otra cosa: el caos.
Villamanín, el pueblo que pasó del champán al cuchillo en una semana
En este pequeño enclave de montaña, donde el frío cala hasta los huesos en invierno, la temperatura social ha alcanzado niveles insospechados. La Comisión de Fiestas del pueblo, formada por un grupo de jóvenes menores de 25 años, vendió participaciones del número 79.432 del sorteo de Navidad, que resultó ser el Gordo. El problema: 10 de esos décimos nunca fueron comprados y, sin embargo, sus participaciones sí se vendieron. El resultado ha sido un agujero millonario de 4 millones de euros y un escándalo que amenaza con fracturar a un pueblo entero.
De la alegría al susurro: el ambiente enrarecido que lo cubre todo
Hace apenas unos días, Villamanín era un hervidero de abrazos, brindis y promesas de coches nuevos. Hoy, se respira otra cosa: miedo, sospechas, y sobre todo, silencio. “Es un pueblo muy pequeño y bastante tenemos encima”, confiesa una vecina con voz baja. Nadie quiere hablar abiertamente, pero todos murmuran. Algunos defienden que se trata de un fallo inocente; otros creen que hay una mano negra detrás del desfalco.
¿Error humano o fraude? El debate que enfrenta a vecinos, primos y desconocidos
Los intentos de la comisión por solventar el caos se centran en una propuesta: que cada premiado renuncie a unos 5.000 euros para que todos los poseedores de papeletas puedan cobrar. Con esto, se reuniría la mitad del dinero necesario. La otra mitad la pondrían los propios jóvenes con sus propias participaciones. Pero en una tensa reunión celebrada el pasado viernes, tres personas dijeron no. Y eso podría bastar para que todo se desmorone: con una sola denuncia, la justicia tomará el mando.
Los «guajes», señalados y escondidos: sospechas que apuntan a los padres
Uno de los que se niegan a ceder es Antonio, quien asegura que “se va cerrando el círculo” hacia una estafa organizada. En declaraciones al diario EL MUNDO, pone el foco no en los jóvenes, sino en los adultos que, dice, los manipulan desde la sombra. “Todo apunta a que no fue un error”, insiste. Antonio tiene cuatro papeletas —perdió una quinta— y pide que se investigue a fondo. Está convencido de que la verdad se esconde en un talonario “fantasma” que apareció justo después del sorteo y del que nadie sabe su numeración exacta ni quién lo encontró.
Tres mentiras, dos versiones y una sospecha: las claves del supuesto timo
Antonio enumera las que él considera pruebas de que hay gato encerrado: múltiples versiones sobre el paradero de los décimos, contradicciones en las participaciones que poseen los miembros de la comisión y un talonario cuyo destino es más que dudoso. A esto se suma el hecho de que, según él, algunos de los miembros ya han cobrado décimos originales, lo que desmontaría la narrativa de que están arruinados y sin recursos para reparar el error.
“No me sobra el dinero, pero esto huele a chamusquina”
La tensión ha dividido a Villamanín en dos bandos: quienes apoyan a los jóvenes, como una vecina que dice que “por 250 euros no se mancha nadie las manos”, y quienes, como Antonio, exigen transparencia absoluta y medidas legales. En medio, hay decenas de personas que simplemente quieren cobrar lo que les toca sin dramas, como María Jesús, que llegó desde Burgos para averiguar qué pasa con su papeleta: “No estoy dispuesta a sacrificar a los chicos ni a mandarlos a la cárcel”, asegura.
“Hoy en el súper casi hubo hostias”: el pueblo al borde del colapso
El ambiente es irrespirable. Hay broncas en las reuniones, gritos entre primos, y los chicos de la comisión se han recluido en sus casas para evitar tanto a la prensa como a sus propios vecinos. La chispa del Gordo encendió una mecha que nadie puede apagar. “Es como una hoguera: primero hay brasas, luego fuego”, dice un vecino. Y no es solo Villamanín el afectado: hay papeletas repartidas por Asturias, Madrid e incluso Málaga. Muchos se niegan a ceder ni un euro. El desenlace, por ahora, es una incógnita.
¿Un error o una estafa disfrazada? El tiempo (y un juez) lo dirán
Lo que parecía una historia de suerte navideña se ha convertido en una pesadilla de proporciones bíblicas. Quedan preguntas sin respuesta, un pueblo dividido y un silencio cada vez más ensordecedor. Mientras tanto, el premio sigue sin cobrarse, y los fantasmas del fraude sobrevuelan Villamanín. “Cuanto más conozco a la gente, más quiero a mi perro”, dice una vecina. Y quizás, en este caso, no le falte razón.