Cuando una patata genera titulares.
Pocas cosas despiertan tantas pasiones cotidianas como las historias sobre lo que comemos. Los artículos que narran malas experiencias en restaurantes o revelan los entresijos del supermercado generan un interés imparable, porque todos —sin excepción— nos relacionamos con la comida a diario. Ya sea por indignación, sorpresa o simple curiosidad, leer sobre lo que hay detrás de los alimentos que compramos nos conecta con algo muy tangible: nuestra mesa.

Uno de los productos estrella en estas conversaciones es, sin duda, la patata. Humilde, versátil y omnipresente, este tubérculo es parte esencial de la despensa española. Y, sin embargo, aunque España produce grandes cantidades, lo cierto es que importamos miles de toneladas de patatas cada año, incluso cuando en los campos nacionales brotan cosechas listas para recolectar.
Radiografía de una importación silenciosa.
Según datos recientes del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en 2024 se importaron 41,63 toneladas de patatas a España. Esta cifra marca un récord no visto desde 2018, reflejando una realidad poco conocida para muchos consumidores. ¿Por qué, si somos un país productor, recurrimos tanto a la importación?
El grueso de estas patatas llega desde socios cercanos, como Francia, que lidera con 907.154 toneladas. Le siguen Portugal, con 87.737, y dos actores extracomunitarios: Egipto (61.131) y Reino Unido (41.008). La presencia de patatas extranjeras en los supermercados no es casual ni pasajera; es parte de un engranaje logístico complejo que permite surtir durante todo el año un producto que no entiende de estaciones en la mente del consumidor.
Una campaña que pone raíces en casa.
Con el inicio de la temporada cálida, llega también un cambio importante en la procedencia de las patatas que encontramos en los lineales. Mercadona ha puesto en marcha su campaña de la patata nacional, que se extiende durante ocho meses y arranca en el sur y centro de la península. «A mediados de mayo, se inicia la campaña de verano con la llegada de la patata nueva nacional», señala la cadena.
Esta apuesta se intensifica en agosto con el producto recogido en Castilla y León, la mayor zona productora del país. Pero la estacionalidad no es un obstáculo para el supermercado: han diseñado una segunda campaña, la llamada patata verdete, para que el producto nacional esté también disponible en los meses más fríos. Esta iniciativa busca reducir la dependencia de la importación y reforzar el consumo de cultivos españoles.
Del campo al carrito: más cerca de lo que parece.
«Gracias a esta iniciativa, la patata española también está disponible en tienda en enero, febrero y gran parte del mes de marzo», explica la empresa. Este segundo cultivo se concentra en regiones como Murcia y Andalucía, donde el clima y la calidad del suelo permiten cosechas fuera de temporada. La variedad Soprano es la protagonista en esta etapa por su resistencia y sabor.
A través de esta estrategia, Mercadona intenta responder a una demanda constante con producto de proximidad. Esto no solo es una cuestión de logística o ahorro: también es un mensaje al consumidor sobre frescura, trazabilidad y compromiso con el campo español. La historia detrás de una simple bolsa de patatas puede ser, en realidad, un relato de planificación agrícola y decisiones comerciales.
Una red nacional de confianza.
Para garantizar este suministro, la compañía se apoya en una red de nueve proveedores nacionales, entre ellos nombres conocidos como Hijolusa, Meléndez, Gómez y Udapa. Cada uno de ellos aporta su experiencia regional para cubrir distintas fases de la campaña, lo que permite una oferta variada y continua durante el año. Esta colaboración estratégica también es una forma de proteger el tejido agroalimentario local.
«Siguen apostando por las cosechas de patata nueva, ya que son las que más garantías de calidad tienen para sus clientes», afirma Laura Merino, especialista en patata de la empresa. En un contexto donde la procedencia de los alimentos gana cada vez más peso en la decisión de compra, iniciativas como esta buscan reconectar al consumidor con el origen del producto que lleva a su mesa. Aunque parezca una simple patata, su historia tiene mucho que contar.