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Va al restaurante peor valorado de Barcelona y se queda alucinado con lo que le cobran por una cerveza: «¿Estamos locos?»

La fórmula infalible del morbo hostelero.

Las historias sobre comidas que decepcionan o sorprenden, facturas que indignan y camareros que encantan o irritan tienen un atractivo irresistible. En redes sociales, el contenido sobre experiencias gastronómicas extremas —ya sea por lo bueno o lo malo— triunfa porque apela a algo muy humano: la curiosidad y el deseo de advertir o ser advertido. Ver cómo otros viven en primera persona aquello que podría pasarnos a nosotros nos engancha, nos divierte e incluso nos ahorra disgustos.

Guillem Viladoms lo sabe bien. Este creador catalán con más de 2,8 millones de seguidores en TikTok ha convertido en contenido su visita a El Trabucaire, el restaurante con peores valoraciones en Google en toda Barcelona. Un experimento que mezcla entretenimiento, denuncia y turismo de riesgo gastronómico.

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El local en cuestión está junto a la Sagrada Familia, una ubicación que por sí sola garantiza tráfico constante de visitantes. Pero estar en el corazón de la ciudad no ha sido suficiente para ganarse el favor de los comensales. Las críticas se centran, sobre todo, en el precio de las bebidas. “Las bebidas no aparecen en la carta por lo caras que son. Están en un cartel pequeño en la entrada”, denuncia Viladoms en su vídeo.

El precio de un mal trago.

Siguiendo el guion de muchas reseñas, el tiktoker pidió una cerveza y recibió unas olivas como acompañamiento. La sorpresa vino con la cuenta: 6,50 euros por esa consumición tan escueta. “Según las reseñas, se exceden con los precios, y efectivamente lo podemos comprobar. ¿Soy yo o estamos locos? Y te sugieren el 10% de propina”, comenta, mostrando el ticket.

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Lo más llamativo, sin embargo, no fue el precio, sino la clientela. A pesar de su reputación, el restaurante estaba lleno. “Me sorprende que esté tan lleno siendo el peor valorado, pero por lo que pude ver, la gente que va son extranjeros que visitan la Sagrada Familia”, añade Viladoms, señalando cómo el enclave turístico parece garantizar una rotación constante de nuevos clientes.

No obstante, la experiencia no fue un desastre total. El creador destaca que el local está limpio, incluidos los baños, y que el servicio es ágil. “Según una reseña, los camareros son desagradables, pero conmigo fueron muy educados. Sí que es verdad que van con prisa y atienden muy rápido, pero es por la cantidad de gente”, matiza.

¿Turismo o trampa para incautos?

El vídeo de Viladoms ha vuelto a poner en el centro del debate la cuestión de los locales que viven del turismo sin preocuparse por fidelizar a sus clientes. El Trabucaire parece funcionar gracias a una estrategia de volumen más que de calidad, apostando por ubicarse en el camino de los que pasan y no de los que repiten.

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@guillem_viladomsIG: @guillem_viladoms 🎼El Restaurante peor valorado de Barcelona🖤

♬ sonido original – guillem_viladoms

Este tipo de contenidos no sólo entretienen: también cumplen una función social. Sirven como advertencia, alimentan la conversación pública sobre prácticas abusivas y obligan, en algunos casos, a los establecimientos a mejorar. Aunque no siempre sea suficiente para cambiar el rumbo.

En definitiva, los vídeos como el de Viladoms son mucho más que una crítica viral: son pequeñas investigaciones urbanas que exploran cómo se construye —y destruye— la reputación en la era digital. Y mientras haya historias que contar y locales que defrauden o sorprendan, el público seguirá mirando, opinando y compartiendo.

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