Qué genialidad.
Imagina por un momento que te quedan pocos días de vida. ¿Cómo te despedirías del mundo? ¿Qué mensaje dejarías a tus seres queridos y a aquellos que alguna vez formaron parte de tu vida? La muerte, un tema que todos tratamos de evitar, es, para algunos, una oportunidad para dejar un último legado lleno de humor y emoción. Esto fue lo que hizo Oñativia, un hombre que falleció en octubre y cuya esquela, lejos de ser un simple aviso, se convirtió en un fenómeno viral.

En vez de recurrir a los típicos tonos solemnes de una esquela convencional, Oñativia optó por un enfoque irreverente y divertido. En un estilo característico de su personalidad, aprovechó el espacio que le otorgaba el Diario Vasco para lanzar una invitación que no dejaba a nadie indiferente. “Que vengan a tomar una ronda de txopera”, escribió, invitando a sus amigos a celebrar su vida en lugar de lamentar su muerte. Un gesto único, lleno de vida y de recuerdos.
Una despedida inesperada y con carácter.
Pero la carta no se limitó a un simple brindis por su partida. Oñativia, fiel a su estilo directo, estableció también una condición clara: “no vengan los que no me caían bien, ni los que me debían dinero”, subrayó, dejando claro que no habría perdón ni siquiera en el más allá. Con este toque de humor negro, la esquela se convirtió en un acto de despedida cargado de su carácter y de sus principios, que sorprendió y fascinó a quienes la leyeron.

La familia del difunto no se quedó atrás en esta despedida irreverente. En el mismo tono jocoso, se dirigieron al padre fallecido con un mensaje igualmente desenfadado: “No nos esperes despierto, ya iremos llegando, pero avísale a mamá que vamos a tardar”. A lo largo del mensaje, se percibe una cercanía y un cariño sincero, que no necesita de formalismos para expresar el amor y la complicidad familiar. Un toque que hace aún más entrañable la despedida.
La tradición de las esquelas se reinventa.
Además, la esquela de Oñativia no se limitó a bromas familiares. En un giro sorprendente, el difunto aprovechó el espacio para comentar que esa semana tampoco le había tocado la bonoloto, un dato trivial pero que, en su contexto, resultaba casi cómico. Esta inclusión de un aspecto cotidiano y mundano en medio de la solemnidad de la muerte aportó un toque personal que terminó por cautivar a todos aquellos que la leyeron.
Si es que hay que saber morirse!!!! Me declaro fan del señor Oñativia. #Maestro #IdeasParaCuandoPalme #PutoAmo pic.twitter.com/iSMO7wp6Wi
— loreto ochando (@loretoochando) November 30, 2023
Así da gusto morirse e ir a un tanatorio
— Juana Martín (@Juanitacalamit) November 30, 2023
Nunca MORIR me hizo tanta gracia… No sé si decir descanse en paz o que no te descanse jamás tu sentido del humor.
— JM (@jmps1968) November 30, 2023
Qué bueno!!! Me encanta
— Marina M. Vicens (@marinamartinezv) November 30, 2023
La noticia de esta esquela se extendió rápidamente a través de las redes sociales, donde el humor irreverente y la personalidad única de Oñativia hicieron que su historia se volviera viral. Muchos usuarios de X, la plataforma antes conocida como Twitter, comentaron con admiración y simpatía sobre el ingenio y la originalidad de su despedida. En lugar de ver la muerte como un tema sombrío, la esquela celebraba la vida y la posibilidad de dejar una huella distinta, llena de humor y carácter.
Un legado de humor para la posteridad.
Esta singular esquela no solo ha sido un homenaje personal, sino también una lección de cómo enfrentarse a la muerte sin perder la chispa de lo que somos. Para algunos, el legado de Oñativia se ha convertido en una fuente de inspiración. No es raro ver ahora comentarios de personas que, tras conocer su historia, se han animado a pensar en su propia despedida con un enfoque más alegre y desinhibido.
Finalmente, la familia Oñativia logró, sin quererlo, transformar un momento triste en uno de los actos más auténticos y divertidos de los últimos tiempos. La historia, además de recordar la importancia de vivir con humor, también nos invita a reflexionar sobre el tipo de legado que dejamos. Quizás, al final, lo más importante no sea lo que decimos en vida, sino cómo elegimos despedirnos.