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Un controlador se queda dormido y un avión tiene que dar vueltas en el aire durante una hora

Un controlador dormido deja a un avión dando vueltas durante una hora en Córcega


Un vuelo comercial entre Orly y Ajaccio (Córcega) tuvo que permanecer en el aire durante una hora sin poder aterrizar, debido a que el único controlador aéreo de servicio… estaba dormido. El insólito suceso ocurrió este lunes y ha sido confirmado por medios franceses como *Corse Matin* y *Le Parisien*.

La aeronave, que se dirigía al Aeropuerto Napoleón Bonaparte de Ajaccio, se topó con el silencio absoluto al intentar contactar con la torre de control en su aproximación. Tampoco había señales visuales que indicasen actividad aeroportuaria: la pista estaba completamente a oscuras.

«¿Y si aterrizamos donde sí estén despiertos?»

Ante la falta total de respuesta, la tripulación del avión optó por actuar con cautela. Mientras sobrevolaban el Golfo de Ajaccio en círculos, avisaron a la policía y a los bomberos. A bordo, los pasajeros fueron informados con prudencia de lo que estaba ocurriendo: no había nadie al mando en la torre.

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Después de una hora de incertidumbre, finalmente se restableció la comunicación. Las luces de la pista se encendieron y el avión pudo aterrizar sin incidentes.

Confirmado: el controlador estaba dormido

Según información publicada por *Corse Matin*, los auxiliares de vuelo comunicaron a los pasajeros que el único controlador presente simplemente se había quedado dormido. No había habido ningún problema técnico, ni situación de emergencia médica, ni fallo en los sistemas de comunicación.

Posteriormente, se confirmó oficialmente que el controlador estaba en perfecto estado de salud, no había consumido ninguna sustancia y no sufría ninguna patología relevante. Simplemente, se durmió. Literalmente.

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Un caso que reabre debates sobre la seguridad aérea

Aunque el incidente se resolvió sin daños, ha vuelto a poner sobre la mesa la vulnerabilidad de los aeropuertos con personal reducido durante turnos nocturnos. El hecho de que una sola persona —si bien con una función clave— pueda poner en jaque la seguridad de decenas de pasajeros ha generado críticas y demandas de revisión en los protocolos de vigilancia y relevo en torres de control.

En esta ocasión todo quedó en anécdota con final feliz… pero podría haber sido muy diferente.