Trágico suceso.
Hay muertes que trascienden lo personal y golpean de lleno a toda una comunidad. Cuando se apaga la vida de alguien cuya energía y compromiso marcaron a generaciones, el vacío que deja no es solo emocional, sino también social. Son ausencias que resuenan como un eco prolongado en todos los rincones que esa persona tocó.
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Desde muy joven, dedicó su tiempo, su talento y su entusiasmo a un abanico de disciplinas deportivas: baloncesto, voleibol, fútbol sala… siempre con una entrega absoluta. “Era una amante del deporte en todas sus modalidades”. Sus primeros pasos competitivos la llevaron a formar parte del Cajasur Deportivo Córdoba, con el que viviría momentos imborrables y celebraría dos títulos de liga en Primera División.
La fuerza de una carrera.
Durante más de una década, su nombre fue sinónimo de compromiso en el Cajasur Deportivo Córdoba. En la pista, era jugadora; fuera de ella, la voz y el puente con los medios de comunicación. “Su trato con la prensa siempre fue ejemplar facilitando su trabajo a los medios en todo momento”. Como responsable de prensa del club, presenció en primera fila la conquista de dos ligas, una Supercopa de España, una Copa Ibérica y una Copa de Andalucía.

Su vínculo con el deporte se vio interrumpido por motivos laborales, pero el destino le guardaba un regreso. Tras un tiempo alejada de las canchas, retomó su papel como jefa de prensa, esta vez en el Cordobásket, sumando su experiencia y pasión a un nuevo proyecto. Siempre discreta, pero decisiva, mantuvo intacto su compromiso con el deporte local.
Una lección de vida.
En 2016, Inma Baena recibió un diagnóstico que cambiaría su día a día: cáncer de mama. Durante una década convivió con la enfermedad, sin dejar que la adversidad borrara su sonrisa ni apagase su espíritu de lucha. Convertida en ejemplo de entereza, afrontó cada reto con la misma disciplina que en sus años de jugadora.
Hoy, Córdoba despide a una mujer que no solo destacó por sus logros deportivos, sino por la humanidad que impregnó en todo lo que hizo. Su historia deja un legado de esfuerzo, cariño y perseverancia que seguirá inspirando a quienes la conocieron. Porque, como demostró Inma, las verdaderas victorias se miden en la huella que dejas, no en el marcador final.