La comedia que marcó una época.
Desde su estreno en 2007, La que se avecina ha sido mucho más que una serie de televisión: ha sido un fenómeno sociológico. Ambientada en la ficticia comunidad de vecinos de Mirador de Montepinar, la comedia ha retratado, con un humor exagerado y corrosivo, las miserias cotidianas de la vida en comunidad. Su mezcla de caricatura y realismo absurdo ha conquistado a millones de espectadores, convirtiéndose en una de las producciones más queridas y longevas de la televisión española.

Los personajes de La que se avecina, tan extremos como entrañables, han pasado a formar parte del imaginario colectivo: desde el constructor sin escrúpulos hasta la presidenta obsesionada con el orden. La serie ha funcionado como espejo deformante de la sociedad española, sirviéndose del humor como vehículo para la crítica social. Y como ocurre con las grandes producciones corales, parte de su magia ha estado en su capacidad para dar espacio a actores de todos los perfiles.
Muchos intérpretes han desfilado por los pasillos de Montepinar, dejando una marca indeleble con apenas unas escenas. Y es que La que se avecina ha sido, también, cantera y refugio para actrices y actores con una trayectoria sólida fuera del foco mediático. Algunos de estos nombres, que no encabezaban carteles pero daban vida a personajes inolvidables, se han ganado el cariño del público a través de su autenticidad y su entrega.
Una vida entre bambalinas.
La escena valenciana y el audiovisual español están hoy de luto por la desaparición de una de esas figuras que, sin hacer ruido, construyen el tejido cultural de un país. La Conselleria de Cultura de la Comunidad Valenciana ha confirmado el fallecimiento de una intérprete que, durante décadas, fue una presencia constante en teatros, platós y sets de rodaje. Su trabajo, alejado de los focos principales pero cercano a la piel del público, le granjeó respeto y admiración.

Natural del barrio de San Gabriel, en Alicante, fue una artista profundamente ligada a su tierra. Se formó en el circuito teatral valenciano y, desde allí, dio el salto a proyectos de ámbito nacional, sin abandonar nunca su compromiso con las tablas. Su carrera en televisión estuvo marcada por una larga lista de colaboraciones en series que definieron la ficción española de los 90 y los 2000.
Entre ellas, además de La que se avecina, destacan títulos como Aída, Yo soy Bea, El Comisario, Compañeros o Hospital Central. Su rostro fue habitual en roles secundarios, pero su talento le daba una hondura especial a cada personaje. Tenía esa rara habilidad de hacer creíble cualquier papel, ya fuera una madre atribulada, una vecina cotilla o una enfermera con carácter.
El arte de permanecer.
Cristina Fenollar —pues así se llamaba la actriz fallecida— construyó una carrera basada en la constancia, el amor por el oficio y la fidelidad a sus raíces. Fue en el teatro donde encontró siempre su hogar, combinando su trabajo en televisión con una actividad escénica intensa. Su participación en montajes de compañías valencianas le permitió mantener un vínculo vivo con el público que la vio crecer como intérprete.
El reconocimiento a su trayectoria no tardó en llegar. En 2020 recibió el Premi Narcís, que otorga el sindicato de Actors i Actrius Professionals Valencians. Dos años más tarde, en 2022, se le concedió la Llàntia de Honor en los Premis de Teatre José Estruch, en homenaje a una vida dedicada a las artes escénicas con pasión y compromiso.
Las reacciones tras su muerte han sido unánimes. Compañeros de profesión, instituciones culturales y espectadores han querido despedirse de ella con mensajes de cariño. “Cristina Fenollar era una actriz de las que no necesitan protagonismo para brillar”, escribía un colega en redes sociales. “Su humanidad y su talento llenaban cualquier escenario”, añadía otro.
Un legado que no se desvanece.
Fenollar no fue una estrella de grandes focos, pero sí una figura imprescindible del engranaje cultural que mantiene viva la escena española. Su presencia en tantas producciones televisivas forma parte ya de la memoria emocional de varias generaciones. “Con una sonrisa siempre lista y una entrega sin medida, Cristina fue ejemplo de humildad y amor por el teatro”, decía el comunicado de la Conselleria de Cultura.
En una industria que muchas veces prioriza la visibilidad sobre la calidad, ella apostó siempre por lo esencial: el trabajo bien hecho, la verdad en escena, la conexión con el público. “Nos deja una intérprete generosa, luchadora y profundamente querida”, concluye el texto institucional.
Cristina Fenollar deja tras de sí un legado discreto pero profundo, hecho de palabras, gestos y emociones compartidas. Su memoria seguirá viva en cada espectador que se rió o se emocionó con alguno de sus personajes. Porque, como ella misma dijo en una entrevista hace años: “Lo más bonito de actuar es que dejas un pedacito de ti en cada persona que te ve”.