El impacto de una pérdida irreparable
Hay tragedias que, por su naturaleza, nos dejan marcados de una forma particularmente profunda. Cuando la muerte llega por causas naturales, especialmente en personas de avanzada edad, es más sencillo encontrar consuelo en la aceptación del ciclo natural de la vida. Sin embargo, hay momentos en que la tragedia golpea de manera mucho más dura, como ocurrió con el fallecimiento de Laura Gómez-Lacueva, una figura querida y respetada tanto en el ámbito artístico como en el corazón del público.
El 30 de marzo del año pasado, la noticia de su muerte a los 48 años sacudió a todos. Según lo informó el diario aragonés Heraldo, la actriz luchaba desde hacía varios años contra un cáncer que finalmente la venció, llevándola a partir en esa fecha fatídica. La comunidad artística y sus seguidores se vieron profundamente conmovidos por su desaparición. Los servicios funerarios se llevaron a cabo en el cementerio de Torrero, donde el velatorio tuvo lugar en la sala 6, y el funeral en la sala 1 al día siguiente, 31 de marzo, a las 16:00 horas.
Una vida entregada al arte
Laura Gómez-Lacueva fue mucho más que una actriz. Desde sus primeros años, el arte en sus múltiples formas capturó su interés y pasión. De niña ya imaginaba mundos y personajes que luego, en su vida adulta, tomarían forma en escenarios de teatro, televisión y cine. Así lo contó en una entrevista en la que confesó que desde pequeña «soñaba con representar historias de teatro que yo misma me inventaba». Este sueño la llevó, en 1994, a ingresar en la Escuela Municipal de Teatro de Zaragoza, marcando el inicio de una carrera que tocaría la vida de muchos.
A lo largo de su carrera, Laura no dejó de aprender y perfeccionar su arte. Continuó su formación en lugares como Madrid y París, explorando diferentes disciplinas que incluían la danza, el canto, el clown y la dramaturgia. En 1998, junto a Ana García, fundó Muac Teatro, una compañía de clown que le permitió desarrollar su verdadero amor: el teatro. Pero no fue solo en el teatro donde dejó huella; la televisión le brindó una plataforma más amplia para mostrar su talento.
El reconocimiento en vida y después
El público aragonés la conoció y la admiró por su participación en el programa ‘Oregón TV’, donde sus divertidas imitaciones, como las de ET o Barbie, la hicieron destacar y ganarse el cariño del público. Su talento también se extendió a la televisión nacional con apariciones en series como ‘El Pueblo’, ‘La que se avecina’, ‘Aída’ y ‘La zona’. Incluso mientras lidiaba con su enfermedad, Laura mantuvo un ritmo de trabajo admirable, asumiendo roles en producciones cinematográficas como ‘Historias lamentables’ de Javier Fesser, y continuando con sus compromisos teatrales.
En sus últimos días, Laura tenía previsto actuar en el Festival de Teatro Uclés Lux en Cuenca, con su obra ‘Escarbar en la luz’, un proyecto que lamentablemente quedó inconcluso. Su partida dejó un vacío que todavía se siente entre sus amigos, colegas y el público que la seguía. Las redes sociales se llenaron de mensajes de condolencia y homenajes a su talento y personalidad, como las emotivas palabras del presidente de Aragón, Javier Lambán, quien resaltó su carrera y envió un abrazo solidario a sus seres queridos. Alberto Caballero, director de las series en las que participó, también compartió su tristeza, recordando a Laura no solo por su talento, sino por la calidez que transmitía en cada encuentro.