¿Cómo sé si el eclipse ha dañado mis ojos? Estos son los síntomas de alerta

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¿Escuecen los ojos después del eclipse? No todos los síntomas significan lo mismo

El eclipse solar total ha dejado imágenes espectaculares y a millones de personas pendientes del cielo, pero ahora, una vez terminado el fenómeno, surge una pregunta entre quienes estuvieron observándolo: ¿qué ocurre si después del eclipse los ojos escuecen, aparecen molestias o incluso se nota una pequeña mancha en la visión? Los especialistas insisten en que no todos los síntomas tienen la misma importancia y que existe una diferencia considerable entre una molestia ocular pasajera y una alteración que pueda estar relacionada con una lesión en la retina. Además, hay un elemento que puede generar una falsa sensación de tranquilidad: una lesión provocada por mirar directamente al Sol no tiene por qué doler en el momento en que se produce y sus primeros síntomas pueden tardar horas e incluso días en aparecer. Por eso, después de un eclipse resulta especialmente importante saber distinguir qué puede considerarse una molestia leve y qué señales justifican consultar con un especialista.

La doctora Laura Sararols, jefa de la Unidad de Retina del Hospital General de Granollers y jefa de servicio de OMIQ en el Hospital Universitari General de Catalunya, explica que hay dos situaciones que deben diferenciarse. Una de ellas está relacionada con la sequedad ocular que puede producirse al permanecer mucho tiempo mirando fijamente hacia el cielo. Cuando una persona está concentrada en un acontecimiento extraordinario como un eclipse puede reducir inconscientemente la frecuencia con la que parpadea y terminar experimentando sensación de arenilla, picor, escozor o la impresión de tener algo dentro del ojo. La otra situación, mucho más seria, es la denominada retinopatía solar o maculopatía solar, una lesión que puede producirse cuando la retina queda expuesta directamente a la radiación solar.

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La sequedad ocular puede provocar escozor y sensación de arenilla

Una persona que haya pasado un periodo prolongado observando el eclipse puede terminar el día con los ojos cansados o irritados. Esto puede ocurrir incluso si durante toda la observación se han utilizado correctamente unas gafas solares adecuadas. El motivo no tiene necesariamente que estar relacionado con una lesión causada por la radiación, sino con algo mucho más cotidiano: mantener la mirada fija durante demasiado tiempo y parpadear menos de lo habitual. La superficie del ojo puede secarse y provocar una sensación molesta que puede describirse como arenilla, picor, escozor o presencia de un cuerpo extraño. Es una experiencia que también puede aparecer después de pasar muchas horas delante de una pantalla o realizando una actividad que exige mantener la mirada concentrada.

«Esto no tiene la más mínima importancia«, tranquiliza Sararols al referirse a este tipo de molestias pasajeras. Según explica la especialista, cuando el problema se debe simplemente a la sequedad ocular, lo habitual es que la sensación desaparezca en unas horas. En algunos casos, las lágrimas artificiales pueden ayudar a aliviar las molestias y recuperar la sensación normal de confort en los ojos. Por tanto, notar los ojos secos o ligeramente irritados después de haber pasado mucho tiempo observando el eclipse no significa automáticamente que exista una lesión en la retina. La clave está en observar cómo evoluciona el síntoma y, sobre todo, comprobar si aparece algún cambio real en la visión.

La retinopatía solar es algo completamente diferente

El escenario cambia cuando lo que aparece no es simplemente una sensación de sequedad o irritación, sino una alteración de la visión. La retinopatía solar, también denominada maculopatía solar, se produce como consecuencia de la exposición directa a la radiación solar y puede afectar a la retina, especialmente a la mácula. Esta zona tiene una importancia fundamental porque es la responsable de buena parte de nuestra visión central, la que utilizamos para distinguir detalles, leer o identificar con precisión aquello que tenemos delante. Una lesión en esta región puede afectar directamente a la calidad de la visión, por lo que cualquier alteración persistente debe tomarse con mucha más seriedad que una simple molestia ocular.

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Existe, además, una característica de este tipo de lesión que puede resultar especialmente engañosa. A diferencia de otros problemas oculares, la exposición dañina al Sol no tiene por qué producir dolor en el momento. Una persona puede mirar directamente al astro y pensar que no ha ocurrido nada porque sus ojos no le duelen. Sin embargo, la ausencia de dolor no significa necesariamente que la retina no haya sufrido daños. «En el momento en que estás mirando la luz no notas nada. No hay dolor, no tienes sensación de nada», explica Sararols. Por esta razón, los especialistas llevan años insistiendo en la importancia de prevenir la exposición directa en lugar de esperar a que aparezcan síntomas.

La mancha en el centro de la visión es la señal que más preocupa

Entre todas las posibles señales posteriores a una exposición inadecuada, hay una que merece especial atención: la aparición de una mancha o zona alterada en el centro de la visión. Sararols explica que una persona puede comenzar a notar que justo en el punto central de aquello que está mirando aparece una zona oscura, grisácea o desenfocada que permanece siempre en el mismo lugar. No se trata simplemente de tener los ojos cansados o sentir picor, sino de percibir que la imagen que llega a uno de los ojos ha cambiado. Esa diferencia resulta fundamental para decidir cuándo es necesario consultar con un especialista.

«El paciente puede notar que en la zona central hay una especie de zona negra, una zona que no enfoca o una zona grisácea que siempre está en el mismo punto», explica la especialista. La alteración también puede manifestarse mediante visión borrosa, imágenes distorsionadas o dificultades para distinguir determinados colores. La Gerencia de Asistencia Sanitaria de Soria, dependiente de la Junta de Castilla y León, incluye precisamente estos síntomas entre las señales que deben hacer sospechar que puede existir un problema ocular. Por eso, si después del eclipse una persona descubre que algo que antes veía con normalidad aparece deformado, borroso o parcialmente oculto por una mancha persistente, no debería atribuirlo simplemente al cansancio.

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La diferencia entre una molestia leve y una señal de alarma

La diferencia entre ambos escenarios puede resumirse de una manera bastante sencilla. La sequedad, el escozor o la sensación de arenilla suelen ser molestias superficiales y pasajeras, especialmente cuando aparecen después de permanecer mucho tiempo concentrado mirando hacia el cielo. En cambio, una alteración persistente de la visión central afecta a la manera en que la persona percibe las imágenes y puede ser un indicio de una lesión más profunda. La evolución también es importante: una molestia que desaparece progresivamente puede ser compatible con sequedad ocular, mientras que una mancha que continúa en el mismo punto o una visión que permanece distorsionada requiere una valoración médica.

Por eso, después del eclipse no es necesario entrar en pánico ante cualquier pequeño escozor. Pero tampoco conviene caer en el extremo contrario y restar importancia a cualquier cambio en la visión. La clave está en prestar atención a lo que realmente ha cambiado. Si únicamente existe sensación de sequedad, puede tratarse de una molestia temporal. Si, en cambio, la persona nota que una parte de la imagen ha desaparecido, que existe una mancha central o que las líneas aparecen deformadas, la situación es diferente y lo recomendable es consultar con un profesional sanitario.

Estar bien unas horas después no descarta completamente una lesión

Otro de los aspectos que más puede confundir a quienes han observado el eclipse sin la protección adecuada es el momento en el que aparecen los síntomas. Podría parecer lógico pensar que una lesión provocada durante la observación tendría que hacerse evidente inmediatamente después, pero la realidad puede ser diferente. La maculopatía solar puede tardar en manifestarse y los primeros cambios en la visión no tienen por qué aparecer durante las horas inmediatamente posteriores a la exposición. Por este motivo, sentirse perfectamente al terminar el eclipse no permite descartar de manera absoluta que haya existido una exposición perjudicial.

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«A veces no es a las horas siguientes, sino que puede ser al día siguiente o a los dos días», señala Sararols. Esa ventana temporal hace que la vigilancia de los síntomas sea importante incluso después de que haya pasado el acontecimiento. Quienes hayan mirado directamente al Sol sin la protección adecuada deberían prestar atención a cualquier modificación de su visión durante los días posteriores. Una alteración que aparece al día siguiente o incluso dos días después no debe descartarse simplemente porque la persona se encontrara perfectamente justo después del eclipse.

Especial atención a los niños

Los menores merecen una consideración especial porque pueden no explicar correctamente lo que ha ocurrido. Un niño puede haber mirado directamente al Sol durante unos segundos por curiosidad, haberse quitado las gafas o haber desobedecido las instrucciones de los adultos y después no contarlo. Por eso, si en las horas o días posteriores empieza a quejarse de que no ve bien, de que hay algo raro en uno de sus ojos o de que una imagen aparece borrosa, los padres deberían valorar que pueda haber existido una exposición directa aunque el menor asegure no haber mirado. La falta de una confesión por parte del niño no permite descartar que haya ocurrido una exposición peligrosa.

«Los niños no nos van a decir que estuvieron mirando el eclipse y que hicieron lo que les dijeron que no hicieran», advierte Sararols. Ante cualquier cambio visual, la recomendación es acudir a un especialista para comprobar qué está sucediendo. No se trata de asumir automáticamente que existe una lesión, sino de comprobar cuanto antes si la retina presenta alguna alteración. En los niños, además, detectar un problema de visión puede resultar más complicado porque quizá no sean capaces de describir con precisión lo que están viendo. Por ello, cualquier queja persistente después del eclipse merece atención.

¿Cuántos segundos hacen falta para dañar los ojos?

Una de las dudas más frecuentes después de un eclipse es si realmente hace falta permanecer mucho tiempo mirando al Sol para que aparezca una lesión. La respuesta de la especialista es clara: unos pocos segundos de observación directa pueden ser suficientes para producir daños. No existe una duración universal que permita decir que mirar durante determinado número de segundos resulta seguro, porque el riesgo depende de múltiples factores y de las condiciones concretas de exposición. Lo importante es entender que la retina puede sufrir una lesión fototóxica sin que la persona experimente dolor inmediato y que, por tanto, no debe utilizarse la ausencia de molestias como indicador de seguridad.

La radiación puede afectar especialmente a la fóvea, situada en el centro de la mácula y relacionada con la visión central de alta precisión. De ahí que las recomendaciones de los especialistas hayan insistido tanto en utilizar gafas específicamente homologadas para la observación solar. No sirven unas gafas de sol convencionales ni cualquier elemento que simplemente reduzca el brillo. La protección tiene que estar diseñada para filtrar adecuadamente la radiación que puede resultar peligrosa durante la observación del Sol.

El momento más delicado: cuando reaparece el Sol

Durante un eclipse total existe un periodo excepcional en el que el disco solar queda completamente oculto por la Luna y es posible observar determinadas características del fenómeno sin la misma protección que se necesita durante las fases parciales. Precisamente por eso, la transición entre la totalidad y la reaparición de la luz solar es un momento especialmente delicado. Una persona que se haya quitado las gafas durante la totalidad puede sentirse tentada a continuar mirando el cielo y tardar unos instantes en volver a colocárselas cuando la luz empieza a reaparecer.

Sararols explica que esa situación puede generar una exposición accidental. «Enseguida se vuelve a ver la luz del Sol otra vez y ese es el momento de más riesgo«, explica. La advertencia es especialmente importante porque durante una experiencia tan llamativa es fácil estar pendiente del fenómeno y perder la noción de cuándo vuelve a ser necesario utilizar la protección. La regla debe ser sencilla: en cuanto reaparece cualquier parte del disco solar, hay que volver a utilizar inmediatamente la protección adecuada antes de continuar observando.

¿Y si grabé el eclipse con el móvil?

Otra preocupación que puede aparecer después del fenómeno tiene que ver con quienes utilizaron el teléfono móvil para fotografiar o grabar el eclipse. Haber utilizado el móvil no significa por sí mismo que los ojos hayan sufrido una lesión. La cuestión importante es qué hizo la persona mientras preparaba el dispositivo o durante la grabación. Si el teléfono estaba colocado y la persona observaba únicamente la imagen que aparecía en la pantalla, la exposición ocular no es equivalente a mirar directamente al Sol.

Sararols establece precisamente esa diferencia. «Si tú te dejas el móvil preparado en una posición, le das a grabar y después miras la pantalla, no pasa nada», explica. El problema podría aparecer si, mientras se colocaba el teléfono, se buscaba el encuadre o se comprobaba la posición del dispositivo, la persona levantaba la mirada y miraba directamente al Sol sin protección. Por tanto, quienes hayan grabado el eclipse con el teléfono deberían preguntarse principalmente si en algún momento observaron el astro directamente, y no preocuparse únicamente por el hecho de haber realizado una grabación.

Mucho más peligroso con prismáticos, telescopios o visores ópticos

La situación es diferente cuando se utilizan instrumentos ópticos. Prismáticos, telescopios o cámaras que dispongan de un visor óptico pueden incrementar considerablemente el riesgo si no cuentan con filtros solares adecuados. Estos dispositivos pueden concentrar la radiación solar y aumentar de forma importante la cantidad de energía que llega al ojo. Por eso nunca deben utilizarse para observar el Sol mediante sistemas improvisados o filtros que no estén diseñados específicamente para esa finalidad. La utilización de un teléfono móvil para visualizar una imagen en su pantalla y mirar directamente a través de un instrumento óptico son situaciones completamente diferentes.

En caso de duda, la recomendación más segura es no utilizar un dispositivo óptico para mirar directamente al Sol. La observación indirecta o los sistemas específicamente diseñados para la astronomía solar permiten disfrutar del fenómeno sin someter los ojos a una exposición innecesaria. La espectacularidad del eclipse no justifica asumir riesgos con la visión, especialmente cuando existen métodos sencillos para contemplarlo de forma segura.

¿Qué hacer si aparece una mancha negra o veo borroso?

Si después del eclipse aparece una mancha negra o grisácea en el centro de la visión, una zona que no consigue enfocar correctamente, visión borrosa, imágenes distorsionadas o cualquier otra alteración visual que persista, lo recomendable es acudir a un oftalmólogo. La consulta permite examinar la retina y determinar si existe una lesión y cuál es su alcance. No es necesario esperar varios días para comprobar si desaparece por sí sola cuando existe una alteración clara de la visión central. Una valoración profesional puede servir para documentar el problema y realizar el seguimiento correspondiente.

En la actualidad no existe un tratamiento cuya eficacia haya sido demostrada para revertir la retinopatía solar. «Se suelen dar corticoides, pero no se ha demostrado que sean eficaces. En realidad, no hay ningún tratamiento que funcione para solucionar eso», señala Sararols. Esta ausencia de un tratamiento específico no significa que acudir al médico carezca de utilidad. Al contrario, el diagnóstico permite conocer si existe una lesión, documentar su evolución y controlar los cambios que puedan producirse con el tiempo. En algunos pacientes puede producirse una recuperación espontánea parcial, mientras que en otros pueden permanecer determinadas secuelas.

La retina puede recuperarse parcialmente, pero también pueden quedar secuelas

La evolución posterior no es necesariamente idéntica en todas las personas. Algunos pacientes pueden experimentar una recuperación parcial a medida que determinados fotorreceptores afectados consiguen recuperarse, mientras que otros pueden mantener alteraciones visuales permanentes. Por eso resulta imposible determinar únicamente a partir de los síntomas iniciales cuál será el desenlace de cada caso. Una mancha que aparece después de una exposición directa al Sol debe ser valorada por un especialista aunque inicialmente parezca pequeña. El seguimiento médico permitirá observar si la alteración mejora, permanece estable o evoluciona.

La principal conclusión después del eclipse es, por tanto, mantener un equilibrio entre la tranquilidad y la prudencia. Unos ojos secos, cierta sensación de arenilla o un escozor que desaparece en unas horas pueden ser consecuencia de haber parpadeado menos mientras se observaba el fenómeno. Pero una mancha persistente en el centro de la visión, visión borrosa o imágenes deformadas pertenecen a otra categoría. No hay que alarmarse por una molestia pasajera, pero tampoco ignorar una alteración visual que no desaparece.

La regla más importante después del eclipse

Una vez terminado el fenómeno astronómico, la recomendación de los especialistas puede resumirse en dos ideas muy sencillas. La primera es que no todo escozor ocular significa que exista una lesión grave: la sequedad provocada por mantener la mirada fija durante mucho tiempo puede ser molesta, pero normalmente es pasajera. La segunda es que cualquier modificación persistente de la visión central merece atención, especialmente si se ha producido después de mirar directamente al Sol sin la protección adecuada. La ausencia de dolor inmediato tampoco debe utilizarse para descartar una lesión, ya que la retina puede resultar dañada sin que la persona note nada en el momento.

Por eso, quienes hayan observado el eclipse deben prestar atención a su visión durante los días posteriores, especialmente si saben que pudieron exponerse directamente al Sol. Si aparece una mancha negra o grisácea, una zona desenfocada, visión borrosa, imágenes distorsionadas o dificultades para distinguir colores, lo prudente es consultar con un oftalmólogo. En el caso de los niños, cualquier queja persistente sobre su visión merece todavía más atención. El eclipse ya ha terminado, pero para los ojos la vigilancia puede continuar durante las siguientes horas y días.