Tranquilos. Así puedes saber si tus gafas de eclipse con seguras tras las últimas informaciones

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España se prepara para un eclipse solar que no se veía desde hace más de un siglo

El cielo español se prepara para uno de esos acontecimientos astronómicos capaces de reunir a millones de personas frente al firmamento. Este miércoles 12 de agosto, determinados puntos de la península tendrán la oportunidad de contemplar un eclipse solar total, un fenómeno especialmente excepcional si se tiene en cuenta que la última vez que pudo observarse un acontecimiento de estas características desde España fue en 1912. Han pasado, por tanto, más de cien años desde aquella ocasión y el interés que ha despertado el eclipse es enorme. El fenómeno supone además el comienzo de la denominada ‘Tríada de Eclipses’, una sucesión de eclipses que podrán observarse durante los años 2026, 2027 y 2028 y que ha convertido al cielo de estos años en un escenario especialmente atractivo para los aficionados a la astronomía y para quienes simplemente quieren vivir una experiencia poco habitual.

Sin embargo, la expectación que rodea al eclipse también ha obligado a las autoridades y a los expertos a insistir en una cuestión fundamental: mirar directamente al Sol sin la protección adecuada puede provocar daños graves e irreversibles en los ojos. El problema no desaparece por el hecho de que se trate de un eclipse y, de hecho, la observación de las fases parciales exige extremar las precauciones. Desde el Ministerio de Consumo recuerdan que las gafas de protección deben permanecer colocadas durante toda la fase parcial, tanto antes como después del momento de totalidad. «Solo durante los minutos de totalidad podemos quitárnoslas pero en cuanto aparezca de nuevo cualquier parte del disco solar, debemos volver a colocárnosla», explica Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional y presidente de la Comisión Científica del Trío de Eclipses.

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La protección no puede quitarse durante las fases parciales

La diferencia entre la fase total y las fases parciales resulta esencial para comprender cómo debe observarse el eclipse. Durante los instantes de totalidad, cuando el disco solar queda completamente cubierto, existen unas condiciones específicas que permiten retirar momentáneamente las gafas. Sin embargo, esa situación cambia en cuanto vuelve a aparecer cualquier parte del Sol. En ese instante las gafas deben volver a colocarse inmediatamente, ya que observar directamente el disco solar sin protección vuelve a implicar un riesgo para la retina. La recomendación de los expertos busca evitar precisamente uno de los errores más peligrosos: confiarse durante el desarrollo del fenómeno y mantener la mirada hacia el Sol cuando ya ha comenzado a finalizar la totalidad.

El Instituto Geográfico Nacional también ha establecido unas condiciones concretas para determinar qué productos son adecuados para contemplar directamente un eclipse. Según sus indicaciones, únicamente resultan seguras las gafas que cumplen la norma EN ISO 12312-2:2015. Esta clasificación es importante porque no debe confundirse con la norma ISO 12312-1, correspondiente a las lentes de uso diario destinadas a la protección frente al Sol. Unas gafas de sol convencionales, por muy oscuras que parezcan, no ofrecen las garantías necesarias para mirar directamente al astro durante un eclipse. Por eso, los expertos recomiendan comprobar cuidadosamente el etiquetado y la certificación antes de utilizar cualquier producto adquirido específicamente para este acontecimiento.

Qué debe tener una gafa homologada para observar el Sol

Las gafas destinadas a la observación solar no son simplemente unas lentes oscuras. Antes de llegar al consumidor, estos Equipos de Protección Individual (EPI) deben superar diferentes controles y cumplir una serie de requisitos destinados a garantizar que el filtro y el conjunto de la gafa ofrecen la protección necesaria. Entre estos procedimientos se encuentran un Examen UE, una Declaración UE de Conformidad y el correspondiente marcado CE respaldado por ensayos de laboratorio. Todos estos elementos permiten identificar aquellos productos que han sido fabricados y comercializados con las garantías exigidas para una utilización tan específica como la observación directa del Sol.

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El etiquetado también ofrece información fundamental para el consumidor. La OCU señala que las gafas deben incluir una alegación explícita sobre su uso solar, además del nombre y la dirección del fabricante en la Unión Europea, el número de lote y las correspondientes advertencias de seguridad. También deben aparecer las instrucciones relacionadas con su conservación y, cuando el material no sea de carácter duradero, la fecha de caducidad. Comprobar estos datos antes de utilizar las gafas puede ser una medida sencilla pero fundamental para evitar confiar la protección de los ojos a productos que no ofrecen las garantías necesarias.

El filtro es la pieza clave de la protección ocular

Uno de los elementos fundamentales de estas gafas es el filtro de las lentes. La norma EN ISO 12312-2:2015 establece unos requisitos específicos para limitar la cantidad de radiación solar que llega hasta los ojos. Según la información del Instituto Geográfico Nacional, el filtro debe bloquear prácticamente toda la radiación solar visible y dejar pasar como máximo un 0,0032% de la luz. Pero su función no se limita a reducir el brillo. También debe impedir que lleguen hasta los ojos niveles perjudiciales de radiación ultravioleta e infrarroja, dos componentes de la radiación solar que pueden provocar daños en las estructuras oculares.

Para que el filtro pueda desempeñar correctamente esa función, no basta con que sea muy oscuro. La luz debe distribuirse de forma uniforme y la superficie de la lente debe encontrarse en perfectas condiciones. Ralladuras, arrugas, perforaciones, burbujas o manchas pueden comprometer la seguridad del producto y, por este motivo, cualquier defecto visible debe ser tenido en cuenta antes de utilizar las gafas. La montura también debe cumplir unas condiciones determinadas: tiene que cubrir ambos ojos simultáneamente, no presentar bordes afilados ni materiales que puedan resultar irritantes y sujetar firmemente la lámina del filtro para impedir que pueda desprenderse durante la observación.

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La alerta por seis modelos de gafas aumenta la preocupación

La importancia de adquirir productos a través de canales fiables ha quedado todavía más patente después de que las autoridades de protección de los consumidores hayan ordenado la retirada de seis modelos de gafas para observar eclipses. FACUA ha alertado sobre esta situación y ha reclamado que se intensifiquen las labores de vigilancia ante la enorme demanda que está generando el eclipse. «Tiene que haber más casos, sin duda, y ahí tenemos que hacer un llamamiento a las comunidades autónomas a que intensifiquen las labores del control del mercado hoy y mañana», explica su secretario general Rubén Sánchez. La existencia de estos productos retirados demuestra la importancia de comprobar la procedencia y las características de las gafas antes de utilizarlas para mirar directamente al Sol.

La situación ha provocado además una elevada demanda de gafas homologadas en los días previos al eclipse. La ONCE, en colaboración con el Gobierno, distribuyó dos millones de gafas homologadas a través de sus agentes vendedores y de sus puntos de venta habituales. La respuesta del público fue especialmente intensa y las existencias se agotaron rápidamente en numerosos puntos. José María, trabajador del quiosco situado en Francos Rodríguez 50, explica la magnitud de la demanda con una comparación que refleja el interés despertado por el fenómeno: «Empezamos a repartirlas el martes y el viernes ya no quedaban. Imagínate, ¡es como repartir jamones gratis!». Aunque las unidades distribuidas ya se habían agotado, todavía eran numerosas las personas que acudían al establecimiento preguntando por ellas.

El peligro de mirar al Sol sin protección no siempre se nota al instante

Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es que una lesión provocada por observar directamente el Sol puede producirse sin que la persona perciba dolor en el momento de la exposición. La razón se encuentra en la propia estructura del ojo: la retina carece de nervios sensitivos capaces de detectar el dolor. Por ello, una persona puede permanecer mirando al Sol durante demasiado tiempo sin recibir una señal inmediata que le indique que se está produciendo una lesión. Cuando posteriormente aparecen los síntomas, el daño ya puede haberse producido y puede resultar difícil o imposible recuperar completamente la visión afectada.

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Desde el Ministerio de Consumo se advierte de que una observación desprotegida puede ocasionar diferentes consecuencias, entre ellas quemaduras en la retina, pérdida de agudeza visual y aparición de manchas en el campo de visión. Además, estas lesiones no tienen por qué manifestarse inmediatamente después de contemplar el eclipse. La ONCE señala que algunos problemas pueden comenzar a apreciarse entre las 6 y las 48 horas posteriores a la exposición. En los casos más graves, las secuelas pueden ser permanentes si no existe un tratamiento capaz de reparar el daño provocado. La especial vulnerabilidad de los jóvenes y de las personas que ya padecen enfermedades retinianas es otro de los factores que los expertos piden tener especialmente presentes.

La ausencia de dolor inmediato es, precisamente, uno de los principales motivos por los que los especialistas consideran tan importante insistir en las medidas de prevención. La retina no funciona como otras partes del organismo en las que una agresión provoca rápidamente una sensación dolorosa que obliga a detener la exposición. En este caso, la persona puede estar dañando su retina sin ser consciente de ello. Por esa razón, no se debe utilizar la sensación personal de comodidad o ausencia de molestias como indicador de seguridad. Que mirar hacia el Sol no produzca dolor en los primeros instantes no significa que los ojos estén protegidos.

Gafas de sol, radiografías y otros trucos caseros no sirven

El carácter extraordinario del eclipse puede llevar a algunas personas a buscar métodos alternativos para observarlo, especialmente si no han conseguido unas gafas homologadas. Sin embargo, la OCU insiste en que ningún método casero permite sustituir de forma segura la protección específica para la observación directa del Sol. Entre los sistemas que deben descartarse se encuentran las gafas de sol convencionales, las radiografías, los negativos fotográficos, los cristales ahumados, los discos compactos, las gafas 3D utilizadas en el cine, los filtros de soldador que no estén específicamente certificados para este uso y cualquier lente oscura que no disponga de la correspondiente homologación.

El problema de estos sistemas es que su apariencia puede generar una falsa sensación de seguridad. Que un material reduzca notablemente la cantidad de luz visible no significa necesariamente que bloquee de manera adecuada la radiación ultravioleta o infrarroja. La oscuridad de una lente no es suficiente para determinar que sea segura para mirar directamente al Sol. Por ello, los expertos recomiendan no realizar experimentos con materiales domésticos y recurrir únicamente a métodos de observación que hayan sido específicamente diseñados para este propósito y que cumplan las normas de seguridad correspondientes.

Las gafas tampoco deben utilizarse delante de telescopios o cámaras

Otra de las advertencias que han trasladado las autoridades tiene que ver con el uso de instrumentos ópticos. El Ministerio de Consumo recuerda que las gafas homologadas para eclipses no deben colocarse delante de cámaras, prismáticos o telescopios para intentar observar el Sol a través de estos dispositivos. Estos aparatos concentran la luz y requieren filtros solares específicos que estén diseñados para soportar las características de la radiación que reciben. Utilizar unas gafas convencionales de observación solar como único elemento de protección delante de un instrumento óptico puede resultar peligroso y no garantiza la seguridad de los ojos.

Por tanto, quienes tengan previsto fotografiar o contemplar el eclipse mediante instrumentos ópticos deben asegurarse de que estos cuentan con filtros solares específicamente diseñados y adecuados para cada dispositivo. No es suficiente con improvisar una protección delante del ocular o utilizar una lente destinada a otro tipo de observación. La enorme intensidad de la radiación solar hace que cualquier error pueda tener consecuencias importantes, especialmente cuando la luz es concentrada por un telescopio, unos prismáticos o determinados sistemas ópticos.

También existe una alternativa segura mediante observación indirecta

Quienes no dispongan de unas gafas homologadas no tienen por qué renunciar necesariamente a disfrutar del eclipse. El Instituto Geográfico Nacional recuerda que existe la posibilidad de contemplar el fenómeno mediante métodos de observación indirecta, que permiten apreciar la imagen del Sol sin mirar directamente hacia el astro. Uno de ellos es la cámara oscura, un sistema sencillo que puede construirse con una caja negra y pequeños orificios. A través de una abertura del grosor aproximado de un alfiler entra la luz solar y esta termina proyectando una imagen invertida y reducida del Sol sobre otra superficie situada en el interior de la caja.

La ventaja de este método es que permite contemplar la proyección permaneciendo de espaldas al Sol, de modo que los ojos no reciben directamente la radiación solar. También existe la posibilidad de utilizar un espejo para proyectar la imagen reflejada sobre una pared. Estos sistemas permiten seguir el fenómeno de una manera indirecta y constituyen una alternativa para quienes no dispongan de los elementos necesarios para realizar una observación directa. En cualquier caso, la recomendación fundamental sigue siendo evitar cualquier mirada directa al Sol sin una protección específicamente homologada.

La seguridad debe ser la prioridad durante el eclipse

El eclipse solar del 12 de agosto constituye una oportunidad excepcional para contemplar desde España un fenómeno que no se había podido observar en estas condiciones desde hace más de un siglo. Precisamente por su carácter extraordinario, la expectación es enorme y millones de personas estarán pendientes del cielo. Pero la espectacularidad del fenómeno no debe hacer que se relajen las medidas de seguridad. Una observación incorrecta puede provocar daños en la retina que aparezcan horas después y que, en determinados casos, sean permanentes.

Por eso, antes de que comience el eclipse, resulta recomendable revisar todos los elementos que vayan a utilizarse para su observación y confirmar que cumplen con los requisitos correspondientes. Las gafas deben ajustarse a la norma EN ISO 12312-2:2015, contar con el marcado CE y haber sido adquiridas a través de canales fiables. También es importante comprobar que no presentan daños, defectos o alteraciones en el filtro. Durante las fases parciales, deben permanecer colocadas en todo momento y solo podrán retirarse durante los minutos de totalidad, volviendo a ponerse inmediatamente cuando reaparezca cualquier parte del disco solar.

El objetivo de todas estas recomendaciones es sencillo: disfrutar de uno de los acontecimientos astronómicos más extraordinarios que podrán contemplarse desde España sin poner en riesgo la salud visual. El eclipse pasará, pero una lesión grave en la retina puede acompañar a una persona durante el resto de su vida. Por ello, la mejor manera de recordar este acontecimiento histórico será observarlo con las garantías adecuadas, utilizando protección homologada o recurriendo a métodos indirectos y evitando por completo las soluciones improvisadas.