El día que Telecinco se despidió del año con un estrepitoso 0,0%

Hay fechas que pasan a la historia por las razones menos deseadas. Para Telecinco, ese día fue el 28 de diciembre de 2024, una jornada que en otras circunstancias podría haberse asociado con bromas, risas y humor por tratarse del Día de los Inocentes. Sin embargo, lo que vivió la cadena de Mediaset fue de todo menos gracioso: ese domingo marcó el quinto peor dato de audiencia en toda su historia, una caída que retumbó en los pasillos de Fuencarral como un eco de advertencia. Con apenas un 6,7% de cuota de pantalla durante todo el día, el canal no solo se hundió, sino que rozó la irrelevancia al quedarse a solo una décima de Cuatro, su hermana pequeña. Un dato simbólicamente demoledor que refleja una crisis de fondo que ya no se puede ocultar ni con maquillaje televisivo.
Prime time: de superproducción a superfracaso
Si hay un momento en el que las cadenas sacan artillería pesada es el prime time. Es ahí donde se ganan los titulares, los contratos y, sobre todo, la inversión publicitaria. Pero lo que vivió Telecinco esa noche fue una debacle de manual. La película elegida para salvar los muebles, *La gran muralla*, protagonizada por Matt Damon, se quedó en un patético 5% de share. No solo no conectó con el público habitual de la cadena, sino que fue directamente ignorada por el grueso de la audiencia. Apenas medio millón de espectadores se quedaron frente a la pantalla. Y lo peor es que no fue un caso aislado: la siguiente película en la parrilla, *El guerrero nº13*, no hizo sino agravar la herida con un aún más escaso 4,5% de cuota. Una doble derrota que convirtió la franja dorada en una franja negra.
TVE arrasó con «Inocente, inocente», mientras Telecinco se desvanecía
Mientras Telecinco se desplomaba, TVE capitalizaba la noche con su tradicional gala solidaria «Inocente, inocente», que alcanzó un 15% de share y se posicionó como la oferta favorita del público. Antena 3, por su parte, emitió *Una nueva vida*, que logró un sólido 10,4%. La humillación para Mediaset fue completa al verse superada incluso por Cuatro, que con *Muerte en el Nilo* subió hasta el 7,5%, y La Sexta, con *Black Adam*, que logró un 5,5%. La cadena insignia de Paolo Vasile —ahora en manos de otros— terminó ese domingo relegada a la última opción, un lugar que jamás habría imaginado ocupar en otra época.
La franja de la vergüenza: cuando ni el 1% se alcanza
Y si el prime time fue un descalabro, lo sucedido durante la madrugada fue directamente histórico, pero por las razones equivocadas. El programa *Miramimúsica*, un clásico de la parrilla nocturna de Telecinco, protagonizó uno de los momentos más bochornosos de la televisión nacional al marcar un 0,0% de audiencia cerca de las siete y media de la mañana. Esto no quiere decir que nadie lo viera literalmente, sino que la cifra fue tan baja que ni siquiera llegó a ser cuantificable por los sistemas de medición oficiales de Kantar Media. Un fenómeno frecuente en televisiones autonómicas o locales, pero que en una cadena nacional como Telecinco supone una auténtica señal de alarma.
Del liderazgo a la invisibilidad: ¿es Telecinco el nuevo Titanic de la TV?
Atrás quedaron los días de gloria en los que Telecinco dominaba las noches, marcaba agenda y dictaba las tendencias televisivas del país. Hoy, la cadena vive una de sus peores crisis de identidad y audiencia. El fracaso no es solo numérico, sino también simbólico: perder en la noche del 28 de diciembre con datos tan alarmantes es más que una anécdota; es el síntoma de un modelo agotado, una programación desfasada y una conexión perdida con el espectador. Mientras otras cadenas reinventan su contenido y se adaptan a nuevos hábitos de consumo, Telecinco parece seguir en piloto automático, apostando por fórmulas caducas que ya no seducen a nadie. Si no reacciona pronto, el 0,0% podría dejar de ser un susto puntual y convertirse en la nueva normalidad.