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“Sé que soy guapo, pero no me lo acabo de creer”: Deja a su cita muda en ‘First Dates’, pero lo mejor es la respuesta de ella

‘First Dates’ no deja de sorprender.

‘First Dates’ se ha convertido en un clásico televisivo que resiste al paso de los años. En un panorama donde los realities nacen y mueren con rapidez, el programa de citas de Cuatro mantiene una frescura difícil de imitar. Su fórmula es sencilla pero efectiva: juntar a dos desconocidos frente a una mesa y dejar que la magia —o el silencio— haga el resto.

La clave de su éxito está en que no se limita a mostrar encuentros románticos, sino que funciona como un espejo social. La audiencia no solo observa historias de amor, sino también inseguridades, choques culturales y maneras muy distintas de afrontar una primera cita. Cada episodio es un recordatorio de que la vida sentimental nunca se ajusta a un guion.

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Además, el carisma de Carlos Sobera, la naturalidad del restaurante y el ingenio de los comensales secundarios convierten al programa en un retrato coral de la diversidad española. En sus mesas caben desde románticos empedernidos hasta quienes buscan su momento de televisión. Y eso explica por qué, temporada tras temporada, el formato sigue siendo un éxito de audiencia.

Una cita con más dudas que química.

En la última entrega, Óscar, madrileño de 49 años y gestor bancario en paro, llegó al restaurante con una confesión bajo el brazo: “Sé que soy guapo, pero no me lo acabo de creer. Simplemente me digo en mi interior ‘créetelo porque eres guapo’”. Su entrada ya anticipaba que la cita no sería como las demás.

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Aunque frente al espejo se da cierto crédito, Óscar reconoce que no domina el arte de ligar: “No soy tanto partidazo porque no sé venderme y no acabo de llegar tanto a las chicas. Necesito iniciar una conversación, que me conozcan y que coincidamos en bastantes cosas para que se fijen en mí”. A eso se suma un episodio amargo que lo alejó de las apps de citas: “Tuve una mala experiencia y una chica llegó a estafarme 2.600 euros”.

Con ese historial, decidió apostar por la vía tradicional del programa. Entre sus pasatiempos, mencionó juegos de mesa, escapadas a pueblos y, como toque distintivo, una afición por rastrear el origen de expresiones populares. “Yo recopilo mucha información y la utilizo para iniciar conversaciones y poder ligar”, reveló, dejando entrever que su gran baza para seducir era más lingüística que visual.

Sonia, la contracita inesperada.

Su compañera de velada fue Sonia, también de 49 años, orientadora laboral y procedente de Algeciras. Con aplomo, se definió como alguien que prefiere que la reputación hable por sí sola: “No me gusta echarme flores a mí misma. Que hablen los demás bien de mí, pero yo no”.

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La primera impresión de Sonia sobre su cita fue tajante: “No es guapito”. A pesar de ello, no se levantó de la mesa y dio margen a la conversación. Óscar, en cambio, trató de suavizar el impacto con diplomacia: “Me ha parecido una chica interesante, no es extremadamente atractiva, pero tampoco del montón”.

Durante los primeros minutos, ambos compartieron su afición por el cine, lo que pareció abrir una ventana de conexión. Pero pronto apareció un obstáculo: el deporte. “Lo que no me ha gustado es que no le gusta el gimnasio porque yo casi todo el tiempo libre que tengo, lo dedico al gimnasio”, confesó Sonia.

Silencios que pesan demasiado.

El madrileño volvió sobre sus dudas frente al espejo: “Yo soy una persona que no me acabo de ver tan guapo como me dice la gente que soy, me cuesta trabajo verlo”. Ella, sin decirlo directamente a él, comentó al programa que “no le ha parecido guapo”. Esa diferencia de percepciones marcó un quiebre en la cita.

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Para intentar animar la velada, Óscar sacó su “arma secreta”: disertar sobre el origen de expresiones como “perderse por los cerros de Úbeda” o “ponerte mirando para Cuenca”. Pero lejos de provocar risas, obtuvo monosílabos de Sonia. La incomodidad crecía y las pausas largas se hicieron protagonistas de la noche.

El de Alcobendas lo percibió claramente y se atrevió a decirlo: “Es como si a ella no me mostrase el interés suficiente que yo buscaba”. Incluso confesó uno de sus mayores temores: “Tengo el miedo de estar callado. El miedo a iniciar una conversación y que no le resulte interesante a esa persona”.

El desenlace sin sorpresa.

Mientras Óscar compartía inseguridades, Sonia parecía más centrada en el postre: “Qué bueno el postre”, comentó cambiando radicalmente de tema. La diferencia de sintonías era ya imposible de disimular. Tras la cena, la pareja se animó a bailar en la discoteca del programa al ritmo de ‘Sex Bomb’. Aunque Óscar no destacara por su ritmo, ambos intentaron ponerle algo de humor al cierre de la cita. Sin embargo, la pregunta clave seguía pendiente: ¿habría segunda cita?

Él se adelantó con un juego de palabras, dejando la decisión en manos de ella: “Yo he notado que he tenido que iniciar la conversación muchas veces y me da la sensación de que tu no quieres tener una segunda cita conmigo. Pero si tu lo quieres, a mi me gustaría tenerla, depende todo de ti”. Sonia, sin rodeos, respondió que no veía futuro en la relación: “no lo ve dentro de su prototipo”. Y así, entre silencios y un postre memorable, terminó otra peculiar historia de ‘First Dates’.