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Vergonzoso: Busca nueva pareja en ‘First Dates’ porque su mujer tiene Alzheimer

El amor en prime time sigue vivo.

‘First Dates’ es uno de esos formatos televisivos que, pese a los años, no pierden chispa. Un restaurante ficticio, camareros encantadores, un presentador que lo mismo da un consejo que lanza una broma, y una promesa clara: encontrar el amor en una sola cena. La fórmula es tan simple como adictiva, y eso explica por qué sigue atrayendo tanto a románticos empedernidos como a curiosos.

El programa se ha convertido en una pasarela de historias humanas, algunas tiernas, otras disparatadas, y casi siempre sorprendentes. No importa la edad, el lugar de procedencia o el pasado sentimental: cualquiera puede sentarse frente a una copa de vino y ver si salta la chispa. Y cuando salta, el público lo celebra casi tanto como los propios protagonistas.

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Más allá de la química o de las cenas compartidas, el éxito de ‘First Dates’ radica en algo más profundo: su capacidad para mostrar vulnerabilidad. Las citas se convierten en pequeños retratos de vida, a veces con giros inesperados que dejan incluso al propio Carlos Sobera sin palabras.

Una llegada con historia.

En uno de sus episodios recientes, el restaurante recibió a Francisco (87), empresario retirado de Tarragona, que llegó con la esperanza de abrir una nueva etapa sentimental. A simple vista, nada parecía fuera de lo común. Sin embargo, su caso tenía un matiz que lo diferenciaba del resto: no estaba soltero.

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En su conversación con Sobera, Francisco desveló parte de su recorrido sentimental. «En mis cuatro matrimonios, jamás he sido infiel», aseguró. Y sobre su motivo para participar, explicó: «llevo un año solo, en el sentido de no tener presencia física en mi casa». El presentador, desconcertado, quiso saber más: «¡Qué raro me hablas! ¿Qué es eso?».

El comensal no tardó en despejar la incógnita. «Estoy casado, pero mi mujer lleva un año con Alzheimer en una residencia. Y eso no hay quien lo cure. Estoy casado, pero mi esposa no puede convivir conmigo, no lo digo yo, lo dicen los médicos y los psiquiatras». A lo que Sobera, sin rodeos, respondió: «Y estando tu mujer con Alzheimer, quieres tener otra pareja».

Un flechazo a los ochenta.

Francisco defendió su postura explicando que siempre había sido “animal de pareja” y que «mis hijos quieren mi felicidad. Ella necesitaba cuidados especiales y yo me quedaba solo y yo solo no quiero quedarme». Con esa premisa, el equipo lo emparejó con Helena (80), peluquera jubilada de Barcelona, que buscaba un compañero para escapadas y fines de semana.

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Desde el primer vistazo, la conexión fue evidente. «Tiene su atractivo. A mí me gustan las personas que se distinguen por tener una personalidad atractiva. Por ahí vamos bien. Me gusta su presencia y sus ganas de vivir, porque creo que tiene ganas de vivir», afirmó él. Helena, por su parte, destacó su buen porte y la ausencia de barriga, un detalle que no pasó desapercibido.

Durante la cena, Francisco sumó puntos extra al cambiar su plato por el de ella cuando no le gustó el suyo. «Un detalle perfecto», valoró Helena, que parecía estar disfrutando de la velada… hasta que llegó el momento de las revelaciones incómodas.

La verdad en la mesa.

En plena conversación, Francisco soltó la frase que lo cambiaría todo: «He estado casado cuatro veces y nunca he sido infiel a mis parejas». Acto seguido, confesó que todavía estaba casado. La reacción de Helena osciló entre la sorpresa y la cautela. «¡Madre mía! No me ha dado detalles, pero si está casado, se tendrá que divorciar. No sé si está con los papeles para divorciarse o no», admitió después ante las cámaras.

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El equipo los condujo entonces al reservado, aunque Helena dejó claro que no pensaba besarse en televisión. La duda sobre el estado civil de Francisco seguía rondando su cabeza. «No está separado. No sé por qué se ha apuntado. Lo encuentro raro», repetía.

Y pese a esas reservas, Helena no descartó continuar conociéndolo, aunque señaló su condición. «El problema es que estás casado y yo quería un hombre soltero». Él, dispuesto a salvar la situación, aseguró: «Tengo un contrato de casamiento que sigue en vigor, pero este contrato está en la mesa del abogado». La promesa fue suficiente para que ella aceptara darle un “sí”.