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Se convierte en ganador de ‘MasterChef’ y deja a todos alucinados con lo que hará con el premio

La final más imprevisible de la televisión.

Los concursos de cocina como MasterChef han logrado algo que pocos formatos consiguen: mantener la tensión hasta el último minuto. Aunque los espectadores creen que ya lo han visto todo, cada edición ofrece un giro inesperado, especialmente en su desenlace. La victoria puede inclinarse hacia cualquiera de los finalistas, sin importar estadísticas, favoritismos ni pronósticos en redes.

Esta decimotercera edición no fue la excepción. A pesar de teorías que señalaban a Ismael como posible ganador —basadas en una supuesta alternancia de género entre ediciones—, fue Gabriela quien se llevó el trofeo. Su triunfo dejó claro que en la cocina de MasterChef, no hay fórmula infalible.

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Una final con nombre propio.

Gabriela Hiinojosa no solo se convirtió en campeona, sino también en historia viva del programa. Fue la primera finalista en estado de gestación —seis meses de embarazo— y aún así llegó al duelo definitivo con energía y determinación. Compartió ese momento con Bea, su compañera y amiga, en una de las finales más equilibradas que recuerda la audiencia del talent.

El reto era claro: diseñar un menú completo compuesto por entrante, principal y postre. Bea optó por rendir homenaje a su familia a través de platos centrados en el queso manchego. Gabriela, en cambio, apostó por una propuesta más introspectiva, donde cada plato representaba una etapa de su vida: pasado, presente y futuro.

Una victoria que sabe a más.

El jurado habitual, junto con chefs de la talla de Quique Dacosta y Joan Roca, no escatimó en elogios. “Ha sido una de las finales más emocionantes que hemos vivido”, aseguró Samantha Vallejo-Nágera, justo antes de que Pepe Rodríguez anunciara el veredicto. Gabriela se convirtió así en la vencedora de una edición marcada por la igualdad de nivel entre los finalistas.

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Además del reconocimiento, Gabriela se lleva un paquete de premios digno de un sueño culinario: 100.000 euros, la publicación de su primer libro de recetas y formación de élite en el Basque Culinary Center. Un salto de gigante para quien entró como concursante y sale como chef consagrada.

El precio oculto del éxito.

Pero no todo es brillo en los fogones. La legislación española, concretamente la Ley 35/2006, impone una retención directa del 19% a los premios derivados de concursos televisivos. Es decir, de los 100.000 euros, Gabriela verá ingresar “solo” 81.000 en su cuenta.

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A esa cantidad se le suma un segundo mordisco: el correspondiente a la declaración de la renta del próximo ejercicio. Al superar los 60.000 euros, entrará en el tramo de gravamen estatal del 22,5%, más el tipo autonómico que varía según residencia. Así, una parte considerable del premio volverá a manos del Estado.

La otra cara del trofeo.

Este peaje fiscal no es ninguna novedad para los que han pasado antes por el programa. Arnau París, vencedor de la edición de 2021, reveló que tuvo que devolver hasta 25.000 euros entre impuestos del premio y la beca formativa. Y explicaba que en comunidades como Cataluña, la presión fiscal sobre rentas altas es especialmente severa.

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En definitiva, ganar MasterChef no solo exige talento, resistencia y pasión por la cocina. También requiere estar preparado para las sorpresas del sistema tributario. Porque incluso la victoria más dulce puede venir con un regusto final algo amargo.