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Una soltera se burla de su cita en ‘First Dates’ ante su surrealista petición: «Para eso me voy a un convento»

‘First Dates’ no deja de sorprender a los espectadores.

¿Te imaginas ir a cenar con un desconocido y que sea el amor de tu vida? ¿O que sea un auténtico desastre y no quieras volver a verlo ni en pintura? Eso es lo que les pasa a los protagonistas de ‘First Dates’, el programa de citas más exitoso de la tele, que lleva cinco años emitiéndose en Cuatro y que nos ha regalado momentos inolvidables.

Conducido por el simpático Carlos Sobera, que hace de anfitrión y de cupido, el programa nos muestra cómo son las primeras impresiones, las chispas, los nervios y las decepciones de miles de personas que se atreven a buscar el amor en el restaurante más famoso de España. Pero ‘First Dates’ no solo es entretenimiento. Es también una ventana a la realidad social de nuestro país, donde conviven personas de todo tipo y condición.

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En el programa hemos visto a jóvenes y mayores, a heteros y gays, a blancos y negros, a cristianos y musulmanes, a discapacitados y no discapacitados… Todos ellos con un denominador común: el deseo de encontrar a alguien especial con quien compartir su vida. Y hemos aprendido que el amor no tiene fronteras ni barreras, y que cada uno lo vive y lo expresa a su manera. Hemos celebrado los flechazos que han surgido entre algunos comensales, y hemos lamentado los fracasos de otros.

Adeline, estupefacta con las ocurrencias de Ricardo.

Uno de esos fracasos fue el que protagonizaron Adeline (de 64 años) y Ricardo (de 71), dos solteros maduros que no congeniaron en absoluto. Su cita fue una de las más desastrosas que se han visto en ‘First Dates’, y acabó con un rotundo ‘no’ por parte de ella.

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Adeline es una mujer cosmopolita, culta y viajera. Nació en el Congo, pero ha vivido en varios países africanos, como Marruecos y Argelia, donde trabajó como pintora y profesora de francés. Ahora reside en España, donde sigue dedicándose al arte. Tiene una personalidad fuerte y no se deja impresionar por nadie. En el amor ha tenido varias relaciones, pero ninguna le ha llenado del todo.

Ricardo es un hombre tranquilo, sencillo y espiritual. Es jubilado, pero antes trabajaba como funcionario en la administración pública. Vive en un pueblo pequeño de Valencia, donde disfruta de la naturaleza y la paz. Se define como «ecoliberal», porque le interesa «la energía del ser humano» y «las cosas simples de la vida». Busca una mujer con quien compartir su filosofía.

«Para eso me voy a un convento de clausura y me ligo al cura».

Cuando se vieron por primera vez, quedó claro que no eran el uno para el otro. A él le gustó mucho ella, pero ella no sintió nada por él. «No es mi tipo, no me hubiera fijado en él en un bar», confesó ella. La conversación tampoco ayudó a romper el hielo. Ella le preguntó por su profesión, y él le respondió que se dedicaba «a hacer democracia». Ella no entendió nada, y él le explicó que era muy activo políticamente y que defendía su nación. Ella se quedó alucinada. «Me hubiera gustado más que me dijera ‘me dedico a plantar lechugas’… ¿Me dedico a la democracia? Y yo al libertinaje», dijo ella con sarcasmo.

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Lo más comentado de la cita, sin embargo, llegó después. Cuando ella se enteró de que Ricardo vivía en un pueblo pequeño, Adeline soltó un comentario inolvidable: «Soy mundana. Me gusta aislarme, pero ¿vivir en un pueblo de 2.000 habitantes? Pues va a ser que no. Para eso me voy a un convento de clausura y me ligo al cura», bromeó.

Además, hubo otro desencuentro cuando llegó el momento de pagar la cena. Él ofreció la opción de pagar a medias y ella aceptó, pero delante de las cámaras ella consideró que debería haber sido un caballero con ese asunto. “Eres de la época de Olé, Olé, has cumplido los 55 y te acoges al feminismo para pagar, tú eres un rata”, dijo riendo.

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Así fue toda la cita: él intentando conquistarla con halagos y piropos, y ella rechazándolo con ironía y desdén. Ella no soportaba su forma de hablar ni su forma de pensar. Él no entendía por qué ella era tan fría y tan dura. Al final, cuando llegó el momento de decidir si querían tener una segunda cita, él dijo que sí, pero ella dijo que no. Y así terminó una de las citas más desafortunadas de ‘First Dates’.