Un educador avisó hace más de un año sobre el campamento de Álava: “Para merendar tenían que chupar el dedo del pie al monitor»

La denuncia de un educador sobre el campamento.

En los últimos tiempos la sociedad se ha visto sobrecogida por fallecimientos de figuras clave en distintos ámbitos, pérdidas que impactan por su relevancia y por la sensación de vacío que dejan tras de sí. A la vez, emergen sucesos que sacuden la confianza ciudadana en espacios que deberían ser seguros, como la educación o el tiempo libre de los menores. Cuando ambas realidades coinciden en la misma conversación pública, el estupor y la indignación se intensifican.

Uno de los casos que hoy ocupa titulares tiene que ver con un campamento privado en la localidad alavesa de Bernedo. Allí, según diferentes denuncias, se habrían producido conductas profundamente inapropiadas por parte de varios monitores responsables de adolescentes de entre 13 y 15 años. Lo que parecía ser una experiencia de verano acabó transformándose en un episodio de desconfianza y temor.

El nombre del educador social que levantó la voz sigue sin trascender públicamente, aunque su actuación ha resultado clave. Fue él quien, hace ya un año, trasladó tanto a sus superiores como a la Ertzaintza comportamientos que consideraba inadmisibles dentro de la colonia juvenil. Su testimonio hablaba de dinámicas como obligar a los menores a realizar juegos humillantes, entre ellos chupar los pies de los monitores, algo que describió como intolerable.

Padres que denuncian.

Las denuncias de las familias no se han hecho esperar tras conocerse lo ocurrido este verano en el campamento. Varias madres y padres aseguran que sus hijos fueron obligados a ducharse desnudos junto a los monitores, lo que habría generado en algunos adolescentes un fuerte impacto psicológico. Algunas chicas, según relatan, han necesitado atención profesional para afrontar las secuelas emocionales de la experiencia.

Las quejas no encontraron eco inmediato en las instituciones vascas ni en la asociación organizadora, Sarrea Euskal Udaleku Elkartea. Este silencio llevó a un grupo de progenitores a contactar directamente con medios de comunicación digitales para contar lo sucedido. Entre los testimonios, uno de los más sobrecogedores es el de Ane (nombre ficticio), madre de una menor que regresó a casa “asustada y traumatizada”.

En una carta enviada días después de la finalización del campamento, la propia menor relató cómo algunas monitoras se paseaban con el torso descubierto y un monitor se mostraba desnudo dentro de las instalaciones. Para Ane, estas situaciones fueron inaceptables y contribuyeron a que su hija volviese del verano con un recuerdo marcado por el miedo.

Falta de control.

Otro aspecto que preocupa especialmente a las familias es la ausencia de supervisión médica pese a que se había garantizado su existencia. La madre de una de las adolescentes relata que su hija, que toma medicación específica, sufrió mareos sin poder contactar con ella debido a la prohibición de usar teléfonos móviles. “Me mintieron, y pudo haber pasado una desgracia”, ha señalado con firmeza.

Desde el Departamento de Seguridad del Gobierno Vasco se ha confirmado que la Ertzaintza investiga los hechos en colaboración con la autoridad judicial. El consejero Bingen Zupiria ha precisado, sin embargo, que el edificio donde se celebró el campamento no figura como centro educativo ni como colonia registrada. Esa circunstancia añade un elemento más de opacidad al caso.

Exigencias políticas.

Mientras tanto, el Ayuntamiento de Bernedo y otras instituciones locales guardan silencio sobre lo sucedido en este municipio de poco más de 500 habitantes. La falta de explicaciones públicas alimenta la indignación de las familias, que insisten en que se les han cerrado puertas en cada intento de reclamar responsabilidades.

En el terreno político, el PP de Álava ya ha solicitado la comparecencia urgente de la diputada foral de Cultura y Deporte para esclarecer qué medidas se adoptarán. Los populares insisten en que proteger a los menores es una obligación institucional y que la gravedad del caso exige compromisos firmes para que una situación similar no vuelva a repetirse.

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