España de luto: Fallece trágicamente José Manuel Gorospe

Hay muertes que nos dejan en pausa.

Algunas despedidas trascienden lo íntimo y lo personal para sacudir al conjunto de la sociedad. No importa si el fallecido formó parte de nuestra vida cotidiana o si lo conocimos únicamente a través de un escenario o una pantalla: hay figuras cuya marcha interrumpe la normalidad con una punzada de reconocimiento y respeto. El fallecimiento de uno de estos nombres ilustres nos recuerda la importancia de quienes construyen cultura desde todos los frentes.

Con una trayectoria extensa, apasionada y tan versátil como discreta, el protagonista de esta historia fue una de esas figuras imprescindibles en el tejido escénico español. Su labor abarcó desde la interpretación hasta la producción, y su huella se extendió por teatros, festivales, filmotecas y salas de conciertos. “José Manuel Gorospe, actor, productor, gerente y director en distintas instituciones a lo largo de su vida, entre ellas El Festival de Otoño de Madrid, ha fallecido en la capital a los 81 años”, han confirmado fuentes cercanas a la familia.

Un mapa de la cultura reciente.

San Sebastián lo vio nacer en 1943, y desde allí tejió una red de vínculos duraderos con el cine, el teatro y la música en toda España. Fue uno de los fundadores de la Filmoteca Vasca, dirigió el Teatro de Cámara del Gran Kursaal y desempeñó un papel crucial como director técnico del Festival de Cine de San Sebastián durante cinco años. Su talento para la gestión cultural se desplegó también en el Festival de Mérida y como gerente del Ballet Nacional de España durante la etapa de ‘Antonio el Bailarín’.

El Teatro de la Zarzuela, el Palau de la Música i Congresos de València o el nuevo Teatro de Madrid fueron también escenarios de su labor como jefe de producción, director o responsable adjunto. “También fue director de producción de la Compañía de Teatro Clásico y del Teatro de la Zarzuela; y en 2004 se convirtió en el director de festivales de la Dirección General de Promoción Cultural de la Comunidad de Madrid”, rezan los registros de una carrera extraordinaria.

El impulso detrás del telón.

La dirección artística nunca fue su único fuerte: la producción de grandes piezas también llevó su sello. Gorospe estuvo detrás del montaje de La dama de Alejandría, de Calderón de la Barca, la obra con la que se reinauguró el reconstruido Teatro Español en 1980. Luego vinieron otras apuestas arriesgadas y de gran calado: Fedra, de Miguel de Unamuno, o la ópera Amaya, de Jesús Guridi, bajo la batuta de Enrique García Asensio.

También impulsó montajes comprometidos como La evitable ascensión de Arturo Ui, de Bertolt Brecht, con la dirección escénica de José Carlos Plaza. Su legado se mide tanto en aplausos como en estructuras construidas para que el arte tuviera un lugar digno desde donde hablar. Pero, aunque su nombre suele ir asociado a la trastienda, también tuvo momentos bajo los focos.

Una vocación múltiple.

Antes de ser gestor, fue actor. Debutó en la gran pantalla en Posición avanzada (1966), de Pedro Lazaga. Después vinieron Días de viejo color (1968), Akelarre (1984) con Pedro Olea, o A los cuatro vientos (1987), dirigida por José A. Zorrilla. A pesar de que su carrera delante de la cámara fue breve, fue lo suficientemente sólida como para marcar el comienzo de una vida consagrada al arte.

“Gorospe fue muchas cosas, pero sobre todo fue un trabajador incansable de la cultura”, apuntan quienes compartieron con él proyectos y escenarios. Su figura no estuvo centrada en los focos, pero sí en hacer posible que los demás brillaran. En estos días en que el teatro, la ópera y el cine pierden a uno de sus impulsores más comprometidos, su legado se impone con discreta pero firme gratitud.

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