Cuando el horror se convierte en noticia.
Hay historias que traspasan las fronteras y conmueven incluso a quienes no conocieron jamás a sus protagonistas. Sucesos que sacuden al público no solo por su desenlace, sino por las preguntas sin respuesta que van dejando a su paso. La desaparición de Jay Slater, un joven británico de 19 años en Tenerife, fue uno de esos casos.

Su nombre se repitió en titulares, conversaciones y redes sociales durante semanas. Las circunstancias, tan desconcertantes como trágicas, provocaron un seguimiento masivo por parte de medios y ciudadanos que deseaban entender qué había pasado. La montaña, el aislamiento y el silencio fueron sus últimos acompañantes.
Una caída en el lugar equivocado.
Ahora, más de un año después, el informe forense ha arrojado luz sobre los hechos: la muerte de Slater fue accidental. Según el experto James Adeley, una caída en una zona de difícil acceso habría sido la causa inmediata, probablemente sin que el joven tuviera tiempo de reaccionar. El terreno, en las inmediaciones del caserío de Masca, fue descrito como extremadamente arriesgado para transitar.
El 17 de junio de 2024 fue la última vez que alguien tuvo contacto con él. Días antes, había llegado a la isla con amigos para disfrutar de unas vacaciones y asistir a un festival de música. Tras una salida nocturna y una serie de decisiones que siguen siendo confusas, acabó en una casa de desconocidos, lejos del lugar donde se hospedaba.
Una búsqueda incansable que terminó en tragedia.
Después de horas sin noticias, se activó una operación de búsqueda a gran escala. Las autoridades locales, especialmente el equipo de rescate en montaña de la Guardia Civil (GREIM), recorrieron día tras día una de las zonas más abruptas del norte tinerfeño. Fue el 15 de julio, casi un mes después, cuando encontraron su cuerpo sin vida.
Las últimas comunicaciones del joven dan cuenta de su angustia. A una amiga le contó por teléfono que estaba perdido, con sed, sin batería y sin forma de regresar. Intentaba localizar una guagua (autobús) para volver al sur de la isla, pero estaba completamente desorientado.
Rumores, dolor y redes sociales como campo de batalla.
Durante la búsqueda, no faltaron las especulaciones, las filtraciones erróneas y, lamentablemente, la crueldad. La familia de Jay denunció el acoso y la desinformación que circulaba en redes sociales. Desde mensajes hirientes hasta teorías infundadas, muchos aprovecharon la tragedia para generar ruido y confusión.
Matthew Searle, director de la organización LBT Global, que brinda apoyo a familias de desaparecidos, habló públicamente sobre el acoso que recibieron. Confirmó haber sido blanco de cientos de mensajes maliciosos y ha exigido medidas a las autoridades británicas para proteger a las víctimas y sus allegados. “Esto no puede volver a pasar”, señaló en una entrevista con Sky News.
El rastro que dejan los que se van.
Jay Slater se convirtió, sin quererlo, en símbolo de una tragedia moderna: la combinación de juventud, imprudencia y un entorno implacable. Su historia ha marcado a dos países y ha evidenciado los riesgos de mezclar fiesta, sustancias y desconocimiento del terreno en zonas salvajes.
Aunque su muerte ya tiene una explicación médica, muchas de las preguntas emocionales siguen abiertas. ¿Cómo terminó solo en esa montaña? ¿Podría haberse evitado? ¿Qué papel jugaron los otros implicados en la historia? Lo cierto es que la respuesta más contundente la sigue dando el silencio de las cumbres donde fue hallado.