Fallece el cantante Ozzy Osbourne, icono de la música, a los 76 años

Trágica noticia.

A veces la cultura se queda sin aliento: hay muertes de figuras que, desde sus escenarios particulares, logran paralizar por un instante a toda la sociedad. El eco de su trabajo acompaña rutinas, rebeldías y celebraciones, por eso cuando se apagan sus voces sentimos que algo colectivo también se rompe. Hoy toca escribir sobre uno de esos silencios incómodos.

El cantante Ozzy Osbourne ha fallecido a los 76 años, según confirmaron medios británicos y su propia familia. En una nota pública, sus seres queridos expresaron una pena imposible de medir y contaron que se fue arropado por los suyos. La noticia corrió como un relámpago entre fans, músicos y curiosos que crecieron con su rugido metálico.

Durante los últimos años convivía con el Parkinson y otras dolencias derivadas, entre ellas complicaciones tras la caída que sufrió en 2019. Aun así, apenas semanas atrás había vuelto a compartir escenario con Black Sabbath para una despedida multitudinaria. El contraste entre aquella ovación y este adiós incrementa el vértigo de la pérdida.

Un rugido se extingue.

A principios de julio, Villa Park se convirtió en altar y trono: Osbourne cantó sentado, pero el recinto vibró de pie. “No imaginan cómo me siento, gracias de corazón”, soltó —entre dolor, gratitud y humor negro— al público que no dejó de corearlo. Esa noche estuvo pensada como una reverencia final, y lo fue.

El cartel reunió a algunos de sus grupos predilectos, con Metallica y Guns N’ Roses rindiendo tributo en directo. La convocatoria fue un mapa del metal y el hard rock que él ayudó a expandir, una fiesta que hoy se recuerda con un nudo en la garganta. Quien haya estado allí sabe que presenció historia pura.

Con Black Sabbath redefinió el peso y la oscuridad del rock, y luego firmó su propio capítulo en solitario. Himnos como “Iron Man”, “Paranoid”, “War Pigs”, “Crazy Train” o “Changes” siguen sonando como si hubieran sido grabados ayer. Su figura mezcló teatralidad, exceso y una honestidad brutal que le granjeó devoción y controversia a partes iguales.

Legado forjado en acero.

El reconocimiento institucional también lo abrazó: doble ingreso en el Salón de la Fama —tanto británico como estadounidense—, primero con la banda y después en solitario. Posee estrellas en Hollywood y en su Birmingham natal, un Ivor Novello, cinco premios Grammy y más de una decena de nominaciones. A esa lista se suman honores como el Godlike Genius de NME o el Living Legend de Classic Rock, sellos que hoy resuenan como epitafios merecidos.

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