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«Pensé que Tomás Gimeno era un buen padre y me equivoqué»: Bea revive la pesadilla

«Me equivoqué.»

Tras haber salido a la luz la descripción que realizó la jueza de Instrucción número 3 de Güímar, Tenerife, sobre el asesinato de Anna y Olivia, nadie dudó de que Tomás Gimeno actuó en todo momento con un plan premeditado. La jueza se inhibió para que el caso fuera tratado por el Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Santa Cruz de Tenerife.

En aquel momento pudimos conocer detalles sobre el suceso que solo conocían los investigadores. La magistrada consideró que Tomás habría cometido, además, un delito contra la integridad moral «con el fin de provocar un inhumano dolor a su expareja, Beatriz Z., a la que de forma deliberada buscó dejar en la incertidumbre acerca del destino que habían sufrido sus hijas al ocultar sus cuerpos, tras darles muerte, en el fondo del mar».

El portavoz de la familia, Joaquín Amills, confesó que Beatriz «piensa que Tomás se suicidó, pero no al 100%», y que la madre hará un homenaje a sus dos hijas en el funeral de Olivia: «Está convencida de que le hizo lo mismo a Anna», dijo apesadumbrado.

Aunque hasta ahora no se había dejado ver, Beatriz Zimmerman ahora ha querido dar la cara. La mujer alertó este jueves de que los menores están «desprotegidos» ante la violencia machista «y no pueden pedir ayuda». «Mis pequeñas estuvieron indefensas ante tal monstruosidad», expresó por boca del presidente de SOS Desaparecidos, Joaquín Amills, que leyó una carta en la apertura de la jornada sobre violencia vicaria organizada por la Diputación del Común en el Parlamento de Canarias.

Zimmerman detalló ha detallado que tras su experiencia personal se replantea «muchas cosas», y llega a la conclusión de que los niños necesitan «más herramientas» para pedir ayuda en caso de sufrir o contemplar episodios de violencia. El principal motivo es que la situación siempre «empeora» en los hogares y el maltratador hace lo que mejor sabe, «abusar en su zona de confort».

Pidió ser «menos tolerantes y más radicales» a la primera falta de respeto porque «el respeto lo es todo» y es muy difícil de recuperar cuando se pierde. En el caso de los niños, destacó que «están indefensos y son vulnerables» y sus padres son «un ejemplo» para ellos.

Zimmermann comentó que «al principio tenía miedo» de separarse de su pareja por si esa situación afectaría a las niñas al no poder verlas todo el tiempo. «Pero a la larga» pensó que «era mejor crecer en un ambiente donde reinara la paz y el amor», y eso «era imposible» en una convivencia con Gimeno porque no la respetaba.

«Pensé que era buen padre y me equivoqué totalmente, nadie pensó que Tomás podía hacerles algo, todo el mundo creía que era un buen padre, y eso es lo preocupante», explicó. Lamentó también que muchos maltratadores le hacen «juegos psicológicos» a los niños para ganarlos para su causa.

Zimmermann expresó también que gran parte de los maltratadores «abusan de lo que pueden», porque son violentos o quieren «sentirse más importantes», pero de cara al exterior «quieren parecer buenos padres». Por eso, pidió «aliarse» con los niños maltratados para que «sientan que no son suyos». «Perder su custodia y ser la vergüenza de la sociedad les preocupa mucho», subrayó.

En la carta, Zimmermann resaltó que «ser padres no significa que se pueda hacer lo que quiera con los niños» pues «no son de nadie» y necesitan y estar más protegidos y contar con más derechos.

Que el maltrato no se vea «como algo normal».

En esa línea, dijo que los niños «son presente y futuro» y hay que darle «más importancia» a su educación porque erradicar la violencia «es muy difícil de la noche a la mañana». Sin embargo, para el futuro «es más fácil» si se empieza por los niños y que «no vean como algo normal el maltrato».

Por ello, demandó más profesionales en el tratamiento de los menores porque si se saben acercar a ellos «se darán cuenta si los niños sufren en las casas». «Podemos hacer mucho por marginar a los maltratadores», comentó.

Amills leyó algunos de los casi 200 dibujos que enviaron diferentes niños a Beatriz, y comentó que para ella encontrar a Olivia «fue un regalo de la vida» para «gritar basta ya» y que los niños no sean utilizados como herramienta para causar dolor a las madres.

Zimmernmann apuntó que sus hijas «han dejado un legado» y es responsabilidad de todos «seguir avanzando» en la igualdad y dejando atrás la guerra entre hombres y mujeres. «Estamos obligados para que estos casos no se repitan», dijo, reivindicando más educación, prevención y formación para «poner freno a esta lacra» y que «no se normalice el maltrato».