web analytics

La otra víctima de «La Manada» rompe su silencio para mandarle un mensaje demoledor a El Prenda

El Prenda se ha hecho pareja de hecho tras pedir perdón.

Estos días ha vuelto a estar en boca de todo el mundo José Ángel Prenda, uno de los 5 miembros de «La Manada» condenados a 15 años de prisión por abusar en grupo a una joven madrileña en las fiestas de san Fermín de 2016. El joven ha reconocido por primera vez la violación.

A pesar de que siempre lo había negado en el juicio, ahora pide perdón a la víctima a través de una carta escrita en la cárcel. Una carta muy diferente a la que escribió en 2016, en la que señalaba: «Son 5 familias destrozadas por una mentira que estoy seguro que en su día diría para salir del paso. En su mano está acabar con el sufrimiento inmerecido de 5 familias».

Teresa Hermida, abogada de la víctima, estuvo en Espejo Público y señaló que la carta de arrepentimiento de «El Prenda» es «un modo de buscar un beneficio penitenciario y a su vez es una manera de volver otra vez a la situación inicial de revictimización de la chica».

Tras saber que «El Prenda» ha escrito esta carta, ha roto su silencio la joven de Pozoblanco, Córdoba, de la que Antonio Manuel Guerrero, Alfonso Cabezuelo, Jesús Escudero y José Ángel Prenda abusaron sexualmente el 1 de mayo de 2016. Sucedió dos meses antes de violar, junto a su amigo Ángel Boza, a la joven madrileña en un portal de Pamplona

La joven cordobesa ha asegurado que no se cree las disculpas del líder de «La Manada»: «Para empezar, si ‘El Prenda’ se arrepintiera de verdad, habría dicho: sí, mis amigos y yo violamos brutalmente a la víctima en Pamplona. Reconocería los hechos sin paños calientes ni medias tintas y quizá me hubiera pedido perdón a mí también por lo que me hicieron».

Lo que le hicieron a ella cuatro de los cinco miembros de «La Manada» fue, según las dos sentencias sobre el caso, meterla en un coche, inconsciente, y abusar de ella. Mientras, Prenda lo grababa todo con el teléfono móvil de Guerrero, el guardia civil del grupo.

En esos dos vídeos, de 46 y 27 segundos, que el juzgado de lo penal número 1 de Córdoba tuvo en cuenta para condenar a los cuatro sevillanos, se puede ver a la joven «en aparente estado de inconsciencia» en el asiento trasero del vehículo. Mientras, sus agresores ríen, le abren la ropa y le realizan «reiterados tocamientos en su zona mamaria», y le dan besos en la boca.

«Fo**arse a la bella durmiente».

Tras los abusos, José Ángel Prenda compartió los vídeos en dos grupos de WhatsApp llamados «Manada» y «Peligro», integrados por otros 27 hombres. En ellos escribió, refiriéndose a uno de sus amigos y al estado en que se encontraba la joven: «Vino de follarse a la bella durmiente». Han pasado cinco años desde entonces, y los cuatro sevillanos fueron condenados a dos años y diez meses por un delito de abuso sexual y otro contra la intimidad.

En el caso de Prenda, asciende a un total de cuatro años y medio, por difundir las imágenes. La Audiencia de Córdoba confirmó la condena en noviembre de 2020. Aunque la víctima cordobesa de «La Manada» no quiere manifestarse sobre la condena, sí lo hace sobre el reciente cambio de versión de Prenda.

Según ella, hay un «interés claro y perverso» detrás de su «falso arrepentimiento»: «En su carta no hay una sola palabra de disculpa por haber acusado de mentir a la víctima sobre la agresión sexual, por haberla desacreditado ante toda España. Imagino que de eso no se arrepiente porque no ha sido condenado por ello y, por tanto, no puede conseguir ninguna rebaja en su condena”, dijo.

«Nosotras no les importamos».

«Lo importante no es que ella o yo los creamos. Que quede clara una cosa: esto no lo ha hecho por la chica de Pamplona, lo ha hecho por él. Nosotras a ellos no les importamos, por eso lo importante es que (Prenda) no consiga lo que quiere con esta mentira, que es tener beneficios penitenciarios, espero que la cárcel o el juez no tengan en cuenta sus peticiones», añadió.

La víctima del primer ataque de «La Manada» no olvida el comportamiento de los hombres que abusaron de ella durante el juicio: «Durante mi declaración me escucharon romperme, vieron cómo se me partía el alma y, lejos de pedirme perdón, intentaron ponerme nerviosa», dijo.

«Al otro lado del biombo que nos separaba, se cambiaron de posición y tosieron de forma exagerada para que los oyera. Yo tuve que ponerme gafas de sol y un gorro para proteger mi identidad, mientras los hombres que abusaron de mí se reían y burlaban», explicó.