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José Ángel ‘El Prenda’ manda una carta en la que pide perdón a la víctima y reconoce la violación de la Manada por primera vez

José Ángel Prenda, el cabecilla de La Manada de Pamplona ha reconocido por primera vez la violación de la joven en los Sanfermines en 2016 y ha perdido perdón, así lo publica Caso Abierto.

‘El Prenda’ lo ha comunicado a través de una carta que envía desde la prisión en la que se encuentra «Por medio del presente escrito quiero manifestar a título personal (…) mi total arrepentimiento por el delito por el cual cumplo esta condena y mi solicitud personal de perdón a la víctima por los daños causados, los cuales lamento profundamente, y así mismo a sus familiares directos», ha escrito desde el módulo carcelario de la provincia de Cádiz en el que se encuentra.

La carta está escrita a mano y consta de una sola hoja, en ella pide «este perdón sea comunicado y trasmitido a la víctima y sus familiares a través de los medios que dispone la Administración de Justicia para ello». Lo curioso es que también solicita
que «por favor, conste en mi ejecutoria y expediente penitenciario esta solicitud por escrito y se me dé copia de la misma», petición por la que se podría entender que buscaría algún beneficio penitenciario en el futuro.

El Prenda es el primer miembro de la «Manada» que admite lo sucedido tras cinco años de la agresión. Todos los miembros de este grupo de amigos aseguraron que la víctima se invento esta violación

‘El Prenda’ mandó una primera carta a los pocos meses de su entrada en prisión en la que tenía una visión diferente de los hechos y se postuló como víctima: «Son cinco familias destrozadas por una mentira que estoy seguro que en su día diría para salir del paso. Espero que acabe con todo esto contando la verdad», defendía entonces.

José Ángel Prenda fue condenado a quince años de prisión por un delito continuado de violación a una joven en los sanfermines de 2016. La sala de lo Penal del Supremo estimó por unanimidad que era incorrecta la calificación jurídica de las dos anteriores sentencias que les condenaron por abuso, porque su relato de hechos describe un «auténtico escenario intimidatorio, en el que la víctima en ningún momento consiente a los actos sexuales llevados a cabo por los acusados».