web analytics

Se entera por televisión de que su hija de 16 y su nieta de 12 han fallecido

Murieron su hija Agustina de 16 años y su nieta, Alma Molina, de tan solo 12 años.

La trágica noticia del fallecimiento de una persona siempre causa una conmoción generalizada, tanto en su entorno personal como profesional. En la mayoría de los casos sucede por causas naturales, como la avanzada edad, pero en otros intervienen factores que acentúa la tragedia.

Cuando ocurre a consecuencia de una enfermedad o un accidente, los sentimientos de tristeza y pena se acentúan más. Pero, sin duda alguna, es más duro cuando el fallecimiento corresponde a una persona demasiado joven.

Es conocido el dicho de que lo peor que le puede pasar a unos padres es tener que enterrar a sus hijos. Es lo que le ha ocurrido a una familia en Córdoba, en Argentina.

«Rogaba, suplicaba que no fueran mis hijos».

«Rogaba, suplicaba que no fueran mis hijos», contó Rolando Bustos, padre cuyos hijos sufrieron un grave accidente de tráfico del que se enteró por televisión. El accidente ocurrió cuando Matías Bustos Reynoso, de 32 años, conducía su coche, acompañado de sus hermanas Antonella, de 29, y Agustina, de 16, y su sobrina Alma Molina, de 12, en Argentina.

La familia salió desde Villa Las Rosas rumbo a Córdoba, donde Matías debía realizar ciertos trámites y su hermana tenía cita para una ecografía ya que estaba embarazada de tres meses. El coche cayó a un precipicio de unos 40 metros, lo que provocó que Agustina y Alma fallecieran.

Rolando, el padre de Agustina y abuelo de Alma, se enteró del accidente por televisión, después de reconocer el vehículo en las imágenes: «El impacto fue muy fuerte, el auto quedó destruido», dijo.

Aunque los cuatro ocupantes llevaban su cinturón de seguridad, solo Matías y Antonella lograron sobrevivir, aunque resultaron heridos, por lo que debieron ser trasladados a un hospital.

Bustos contó que a su hijo «se le fue el auto» porque en el camino «había niebla, estaba resbaloso». «No lo pudo manejar, no lo pudo dominar y se le fue por la barranca», explicó, roto de dolor.

Rolando les envió un mensaje, pero nadie le contestó.

Casualmente, unos minutos antes de ver las imágenes por televisión, Rolando les había mandado un mensaje a sus hijos. Consideraba que no les quedaba demasiado para llegar a Córdoba, pero ninguno de ellos le contestó.

A Rolando le pareció raro que ninguno contestara y se empezó a preocupar. «Mandé un mensaje a los cuatro teléfonos para saber si habían llegado bien y no les entraban los mensajes a ninguno», explicó.

Los mensajes les llegaron cuando ya estaban en el hospital y pudieron volver a encender sus teléfonos móviles. «Al rato entraron los mensajes y era cuando los habían llevado a Carlos Paz», añadió.