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19 internautas cuentan lo más extraño que han encontrado haciendo senderismo

Recorrer caminos señalizados empezó como una simple afición, por el mero placer de andar al aire libre. Pero, con el tiempo, se ha convertido en todo un deporte que cuenta cada día con más apasionados: el senderismo.

El senderismo se ha convertido en un deporte accesible con rutas para todos los niveles. Con el interés añadido de que tienen un claro interés paisajístico e incluso cultural. Pero esta a la intemperie siempre tiene un componente de aleatoriedad: existe un riesgo, aunque sea mínimo, de tener un accidente, o un encuentro con la fauna de la zona.

Lo saben bien nuestros protagonistas de hoy: personas que, haciendo senderismo, fueron testigos de cosas que nunca olvidarán. Puede que sea un animal que les salió al paso… o un hallazgo completamente fuera de lo común que, años más tarde, no son capaces de explicar. ¡Estamos seguros de que estás anécdotas no te dejarán indiferente!

1.

Sonido de respiración… simplemente sonido de respiración muy fuerte fuera de mi tienda de campaña, lo suficientemente sonoro como para despertarme. No era como una persona que acaba de subir muchas escaleras. Era un sonido de respiración alto y claro. Era medianoche, no escuché otros sonidos de animales, nada de gruñidos o pisadas, solamente el sonido de respiración de algo gigante. Tras esperar durante lo que me pareció una vida, pero en realidad fueron 2 ó 3 minutos, el sonido cesó. No dormí en toda la noche, y no me atreví a salir hasta la mañana siguiente. Alrededor de mi tienda de campaña no encontré huellas de animales, ni nada fuera de lugar. A día de hoy sigo sin saber de dónde venía ese sonido. Fuente.

2.

Estaba durmiendo en mi hamaca en el bosque, mientras recorría el Sendero de los Apalaches. De pronto me despierto porque algo está caminando muy despacio debajo de mí. Era lo suficientemente alto como para que mis pies se levantaran un poco, lo que da mucho miedo en medio de la noche. Seguramente fuera un ciervo, pero me asustó de verdad. Fuente.

3.

Estaba haciendo senderismo en África con un grupo de 8 amigos. De pronto sentí que había algo detrás de mi y al girarme me encuentro cara a cara con un babuino macho gigante. Le di mi mochila, que es lo que estaba intentando coger, y acto seguido la arrastró unos metros, se sentó, y me miró mientras bajaba la cremallera e inspeccionaba cada objeto. Se comió toda la comida y dejó lo demás. Después se dedicó a seguirnos hasta que salimos de la zona montañosa en la que nos encontrábamos, y dos veces más se aceró para que le diéramos más comida. Intentamos asustarle pero simplemente siguió detrás nuestra. Fuente.

4.

Estaba haciendo senderismo a solas en el estado de Washington. Era otoño y ya hacía frío, había muy poca gente en mi ruta.
En medio de una escalada en zigzag, me tumbé para descansar un poco, cuando de pronto veo a dos hombre descendiendo por la misma senda. Les saludo, y me saludan de vuelta. Cuando están más cerca, uno de ellos de pronto dice «oh, estás solo», y sonríe a su amigo. Me pongo alerta inmediatamente, y supongo que mi perro lo notó porque se levantó y se les quedó mirando amenazadoramente. Es una labrador de 36 kilos, muy buena, pero capaz de parecer muy intimidante.
Los tipos la vieron e inmediatamente cambiaron de dirección y se marcharon. No estoy seguro de que quisieran hacer algo malo, pero esa noche me aseguré de buscar una zona de acampada poco obvia. Fuente.

5.

Hace unos años mi hermano y yo estábamos de acampada en Colorado. Mi hermano escuchó unas ramas rompiéndose y me despertó. Buscamos con nuestras linterna y de pronto vimos un par de ojos enormes mirándonos a través de los arbustos. Pensamos que sería un oso, siguió mirándonos durante cinco minutos hasta que apagamos las luces. Íbamos a mover nuestro campamento más cerca de los de otros grupos, cuando de pronto un alce gigantesco sale de los arbustos y carga contra nosotros, afortunadamente se desvió justo antes de chocar contra nuestra tienda. Fuente.

6.

En otra ocasión, estaba por in sendero que acostumbro a recorrer con mi perra, pero en esa ocasión había llovido y estaba completamente desierto. Ella iba unos 20 metros por delante de mi, cuando de pronto se detiene y empieza a desandar el camino, ignorando mis llamadas. Cuando llego al punto en el que se detuvo, veo la inconfundible huella de un león de montaña. Fuente.

7.

Estaba en una excursión arqueológica del colegio. Vivíamos en una tienda de campaña durante 6 semanas, en medio de una montaña y a 10 kilómetros de la carretera más cercana. Una noche, me despertó un ruido de respiración y soplidos fuera de mi tienda. Lo siguiente que noto es que, fuera lo que fuera, estaba chocando contra mi cabeza.
Me quedé congelado un segundo. Después, por puro instinto, lo aparté con mi mano. Definitivamente contacté con lo que fuera, y se marchó corriendo. Estábamos en territorio del Servicio Forestal, así que podría haber sido una vaca con insomnio, pero también un león de montaña o un oso negro. No me atreví a mirar qué era, preferí la «seguridad» de mi tienda. Fuente.

8.

Me encargaba de cuidar dos parques naturales cerrados. Los parques estaban a unos 30 kilómetros de las casas ocupadas más cercanas, y aún así esas casas estaban normalmente abandonadas durante todo el verano. Decidí montarme en mi coche y conducir a la parte más oscura del parque para observar una tormenta de meteoritos y practicar con el banjo (algo completamente normal y que no es para nada inquietante). Estoy allí fuera en una mesa de picnic tocando terriblemente el banjo bajo las estrellas, cuando de pronto tengo una sensación extraña.
«¿Esa sombra se ha movido? ¿Y si se acerca alguien?»
«¿Y si alguien está escuchando y empieza de pronto a cantar?»
Mientras intento distraer mi mente, escucho voces apagadas entre la maleza, algunos murmullos y susurros. Está claro que, fuera quien fuera, no iba a ser una interacción normal. El sonido parecía acercarse y de pronto era más agudo. ¿Eran niños!?
Ese día aprendí que los coyotes a veces salen del desierto y no les preocupa estar en silencio. Tres de ellos aparecieron de entre los arbustos, y pasaron cerca mía. No les importó mi presencia. Es la última vez que toqué el banjo allí. Fuente.

9.

Llevo mucho tiempo esperando contar esto: estoy haciendo senderismo yo solo en una ruta de cinco kilómetros en las montañas de Santa Mónica, en Los Ángeles. Veo que se acerca en dirección opuesta otro excursionista. Cuando está a mi lado, de pronto me doy cuenta de que le conozco: es el tipo que interpretó a Jame Gumb, también conocido como Buffalo Bill, en El Silencio de los Corderos. Cuando estamos a dos metros de distancia, me mira y se da cuenta de que le he reconocido. Su expresión, llena de tristeza y resignación, lo decía todo: «Sí, soy él. No, no soy un chiflado.» Fuente.

10.

Me encontré con las palabras «Per audacia ad ignotum» escritas en la nieve en medio de la nada, no había huellas alrededor. Las palabras tenían, como mucho, un par de horas. La mejor traducción sería: «Al atreverse a lo desconocido». Fuente.

11.

Juro que una vez haciendo senderismo en la garganta del Red River, me crucé con mi doble perfecto. Nos saludamos educadamente moviendo la cabeza, y desapareció por una curva antes de que mi cerebro procesara lo que había ocurrido y pudiera reaccionar. Fuente.

12.

Un amigo y yo estábamos explorando el desierto australiano cuando éramos universitarios. De pronto nos encontramos una bolsa de plástico cerrada fuertemente, entre los arbustos en la base de un acantilado. Dentro había cinco o seis carteras muy dañadas.
La única razón por la que abrimos la bolsa fue porque estábamos a cientos de kilómetros de la civilización, era extraño encontrar basura. Todas las carteras tenían documentación perteneciente a mujeres y según las fechas de nacimiento todas eran adolescentes o tenían veintipocos años. La mayoría eran del norte, pero una era de Sidney y otra de Queensland. Pensamos que serían escaladoras que habían guardado así sus efectos personales, pero habían terminado perdiendo la bolsa. Cuando lo entregamos a la policía nos dijeron que habíamos hecho lo correcto, pero nunca olvidaré la mirada de confusión que nos dedicó el agente de policía al que se las entregamos. Fuente.

13.

Estaba de acampada en el bosque con un grupo de amigos. Tengo algo de insomnia, así que estaba despierto cuando los demás se habían dormido. Queríamos viajar con poco equipaje y era verano, así que teníamos una lona en el suelo sobre la que habíamos puesto nuestros sacos de dormir. Estábamos completamente a la intemperie.
Había pasado la medianoche y estaba revolviéndome en mi saco, cuando de pronto escuché pesadas. Anteriormente había escuchado lo que parecía un ciervo o un coyote corriendo por los arbustos, pero esto definitivamente era bípedo.
Fuera lo que fuera, se quedó en el borde del claro, a unos 5 metros de distancia. Me parecía poder ver la sombra de una figura, pero estaba tan oscuro que era imposible saber cuál era su aspecto. Parecía que se estaba meciendo de un lado a otro, o mirando alrededor del claro.
De pronto se giró y corrió de vuelta al bosque, y pude oír las pisadas de alguien corriendo. Una vez que se alejó el sonido, volví a tranquilizarme y me planteé despertar a alguien.
En ese momento, escuché el grito más escalofriante viniendo de la dirección en la que se marchó esa cosa. Desperté a un amigo que estaba familiarizado con esa zona, y todo lo que me dijo fue «tío es solo un zorro, vuelve a dormir».
Le dije que escuché las pisadas y que lo que vi no era un zorro, pero le quitó importancia e insistió en que me volviera a dormir.
Me quedé un rato larguísimo allí sentado, hasta que me rendí y me terminé durmiendo. Fuente.

14.

Haciendo senderismo me encontré una nota que tenía algo escrito en francés. Cuando volví a casa y lo traduje, decía: «Estate en silencio, Marcel, o podríamos pasarnos 20 años en la cárcel». Fuente.

15.

No lo vimos, pero lo escuchamos. Mi marido y yo estábamos haciendo senderismo por un parque natural, era mediodía de un día entre semana, así que como mucho nos encontramos dos personas en las tres horas que estuvimos andando. Los único sonidos que escuchamos eran los nuestros, los de nuestro perro, y los de algunos pájaros y animales.
De pronto, empezamos a escuchar cánticos muy a lo lejos. Le pregunté a mi marido si los escuchaba también y asintió con la cabeza, pero me hizo un gesto de estar en silencio. Las orejas del perro estaban alerta, y el pelo de su espalda se estaba erizando. Seguimos caminando, y el sonido se convirtió en un auténtico coro de cánticos gregorianos a todo volumen. Era pleno día, y parecía que estábamos al lado de un altavoz.
Para sentirme mejor, me convencí de que eran unos adolescentes gastándonos una broma poniendo la música en sus teléfonos. Tras escucharlo durante 5 minutos, el sonido desapareció y apenas volvimos a hablar durante los últimos 3 kilómetros de la ruta. Todavía me resulta inquietante. Fuente.

16.

Estaba acampando con mi tropa de Boy Scouts, y me desperté en medio de la noche por el sonido de pisadas y jadeos. El sonido empezó a hacerse más alto y empezaron a escucharse más pisadas. Mis compañeros de litera se despertaron también. Entonces empezamos a escuchar resoplidos y ruidos de animales. Resulta que el campo en el que habíamos acampado estaba en una ruta de vacas. Había al menos 30 de ellas paseando juntas. Por cierto, a la mañana siguiente estaba todo lleno de «regalitos» de las vacas. Fuente.

17.

Habíamos acampados en una playa remota en el norte de Australia, en una reserva aborigen para la que tuvimos que pedir permisos especiales. Nos despertamos en medio de la noche y vimos el rastro de una cola enorme y pisadas, un cocodrilo había cruzado nuestra tienda de campaña por la noche. Más tarde vimos al cocodrilo al otro lado de la bahía, y debía medir unos 6 metros. Cuando le vimos, recogimos y nos marchamos. Fuente.

18.

Un día estaba haciendo senderismo con mi padre por la cresta de la montaña. Una chica del grupo que teníamos delante se tropezó y se resbaló por un lado de la cresta, y consiguió sujetarse agarrándose a la rama más pequeña del único árbol que había. Si no lo hubiera hecho, hubiera caído al vacío. Fuente.

Y tú, ¿alguna vez has encontrado algo inusual durante una acampada? Cuéntanoslo en los comentarios.