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19 internautas que se enfrentaron a gente tan avariciosa que es difícil de creer

No cabe duda de que saber ahorrar, y vivir una vida minimalista, son cualidades extraordinarias. Especialmente en el mundo actual, en el que cada vez es más difícil encontrar o mantener un trabajo, y la preocupación por cuidar el medio ambiente es cada vez mayor.

Sin embargo, sigue habiendo gente egoísta que piensa que todo es para ellos, y que llegan al extremo en el que su avaricia resulta completamente indeseable. Atento a estas historias de personas incapaces de compartir, porque te dejarán boquiabierto.

1.

Hoy mis jefes me sorprendieron: en la reunión general empezaron a decir que yo ganaba demasiado. Dijeron que habían hecho cálculos y llegaron a la conclusión de que mi bono de 100 USD a mi salario de 500 USD era mucho. La razón fue la siguiente: “Cuando haces un trabajo adicional, no haces el principal”. Lo bueno de todo es que estas condiciones fueron establecidas por mis jefes y hasta el día de hoy les gustaban a todos. Fui con el director ejecutivo, le expliqué toda la situación y el volumen de trabajo que he hecho. Todo le quedó claro y no tiene preguntas, ahora está esperando al director de mi departamento.

2.

Una mujer de mi taller perdió las llaves del cambiador. Me preguntó si podría forzar la cerradura. Le respondí que sí, pero le advertí que la cerradura no serviría después. Y dijo: “¡Ahh, no importa! Ha de costar unos 5 USD”. Tomé un par de destornilladores. Invité al hombre de seguridad y a la responsable de los cambiadores. Los pedazos del candado se esparcieron por todos lados como si fueran chispas. Esta mujer estaba muy contenta. Luego se me acercó y me preguntó cuándo le devolvería esos 5 USD por la cerradura. Me sorprendí y, por supuesto, se lo negué. Al principio estaba indignada. Luego me quitó una herramienta diciéndome: “Te la devolveré siempre y cuando me pagues los 5 USD. ¡O escribiré una queja en donde indicaré que has roto mi cambiador!”. Pero esa herramienta no era mía. Pertenecía a un veterano de nuestra fábrica. Por supuesto, se lo dije de inmediato.

3.

A veces me parece que tengo solo tacaños a mi alrededor y que yo también soy un tacaño. Pero luego me acuerdo de mi boda: durante el brindis, una pareja nos regaló solemnemente un marco para una foto de tamaño 13×18 empacado en una caja bonita y atada con una cinta. Y me doy cuenta de inmediato de que hay que ganarse el título de tacaño.

4.

El esposo de una amiga de mi esposa me pidió que revisara su laptop. Lo acepté sabiendo que era el esposo de la mejor amiga de mi esposa. Arreglé su computadora e instalé un conjunto mínimo de programas. Al llevar la laptop, su esposo me prometió un montón de golosinas. Un par de días después, me llamó al intercomunicador: “Abre, te traje algo”. ¿Qué piensas? Otra laptop para reparar. Sonreí, pero como dice el dicho: “Ayuda a una persona cuando tenga problemas y se acordará de ti cuando vuelva a tener problemas”. Pero el período de prueba se ha terminado.

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5.

En mi último trabajo supe lo avariciosos que eran. Compraron papel higiénico de dos capas, las separaron y las enrollaron cuidadosamente en dos rollos. Dijeron que así habría más papel.

6.

Mis amigos se mudaron a Israel. Una vez fueron a un supermercado local a comprar algo para comer. Tenían prisa, pero en la única caja que funcionaba, había un abuelito y la cajera le pasaba cada artículo por separado y él los pagaba uno por uno. Cuando finalmente llegó su turno, le preguntaron a la cajera qué había sido eso. Resultó que era un cliente habitual y siempre lo hacía para que la suma final se redondeara a su favor por cada compra, y no en todas a la vez.

7.

Cuando íbamos a comprar un departamento, estábamos eligiendo entre las viviendas seminuevas que había en una zona determinada. Encontré un anuncio de un departamento que en todos los aspectos se veía igual que los demás, pero costaba más. Entramos y vimos un lugar ordenado, pero la remodelación era de hacía unos 15 años, y eso lo digo exagerando. Había que derrumbar todo y volver a remodelar. Pero cuando les preguntamos por qué costaba tan caro, nos respondieron: “Pueden destruir inmediatamente todas las paredes y hacer un excelente estudio, está de moda y es lujoso”. Les preguntamos por qué, si aún no estaba hecho, lo habían incluido en el precio. Después de esto, por primera vez en mi vida me llamaron un rufián codicioso y un sinvergüenza.

8.

Salía con un chico que estaba obsesionado con llevar una nutrición adecuada. Y yo comía tranquilamente lo que quería. Lo peor era que no me compraba ni un chocolate ni un helado, porque decía que estaba prohibido, pero le daban tantas ganas de morder un pedazo de mi chocolate.

9.

—Una vez, cuando era pequeña, no quise ir a una fiesta de cumpleaños porque quería que el regalo fuera mío, ya que era un oso de peluche. Estaba llorando tanto…
—¿De la vergüenza?
—¡De la codicia!

10.

En el pavimento de nuestro mercado, tenemos una moneda de 1 USD que sirve como una indicación para marcar con precisión la unión de las puertas de la entrada, no se sabe si fue pegada o presionada ligeramente en el asfalto caliente. Al pasar por allí todos los días, se puede observar cómo alguien, utilizando todos los medios disponibles, intenta obstinadamente sacar esta moneda. A un metro de la persona que estaba tratado de sacar la moneda, se encontraba el guardia del mercado, que se había acomodado en una silla y se reía mirando otro ataque de codicia.

11.

Vivo a 3 500 km de mis padres; cuando tengo la oportunidad, los ayudo con dinero y voy a visitarlos una vez cada 3 años. Hace poco tiempo, por la noche recibí una llamada de mi padre pidiéndome el favor de que me hiciera una prueba de ADN. No lo tomé en serio y él de nuevo me dijo que hiciera la prueba porque tenía que asegurarse. Tengo una hermana, la llamé y me dijo que no se lo habían pedido. Resultó que papá estaba repartiendo la herencia de mi abuela y decidió ahorrar dinero. Todavía no se disculpó. Y mi madre escribió un mensaje pidiendo que lo perdonara y dijo que mi papá estaba preocupado.

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12.

Tengo 28 años y vivo en un departamento que me dejó en herencia mi abuela. Sus vecinas eran sus amigas y me pidieron unos muebles que yo quería tirar. Una vecina de su piso me pidió con insistencia una mesita de noche, supuestamente ella se la había regalado a mi abuela. Le permití llevársela. Empecé a desmontar la mesita de noche y a sacar cosas, y en ese momento ella me decía: “Allí solo hay puros periódicos, yo los tiraré”. Y entre los periódicos, encontré un fajo de dinero de 2 000 USD. Después de esto, la vecina se enojó y no volvió a aparecer. No encontré dinero en otros muebles, aunque busqué durante una semana.

13.

Trabajaba como mesera en un buen restaurante. Vino un comensal frecuente con una mujer que, al parecer, era su esposa. Yo, por supuesto, los atendí perfectamente y además, su cuenta era de una gran suma. El comensal me dejó una propina, muy buena para aquellos tiempos, y fue al cuarto de baño antes de irse. Entonces la mujer me llamó y exigió que le devolviera mi propina. Yo le dije que estaba bien y esperé a que el comensal volviera, me acerqué, le entregué el dinero y le expliqué todo. La mujer se puso terriblemente roja. El comensal estaba confundido y no aceptó el dinero de vuelta. Y cuando se iban, la señora me siseó: “Gasta ese dinero para la cirugía estética”.

14.

Le presté a una buena amiga de mi padre unos libros de geometría. Estaban firmados por el autor y significaban mucho para mí. Pero su hija los necesitaba y yo no soy tacaña. Han pasado 5 años y estoy pensado si su hija habrá pasado al siguiente grado o simplemente habrán decidido quedárselos.

15.

Recibí un sobre de regalo por parte de un pariente mayor. Pensé que había dinero adentro. Pero me envió tres fotos de tres chicos diferentes y me pidió que eligiera con cuál de ellos quería concertar un matrimonio arreglado.

16.

Conozco a una chica, supongamos que se llama Elena. Tiene una suegra increíblemente codiciosa y arrogante. El esposo de Elena trabajó con su madre en la misma empresa durante algún tiempo, luego renunció, pero logró hacer buenas amistades. Cuando él y Elena tuvieron gemelos, sus excolegas, a través de su madre, les regalaron una buena cantidad de dinero: 200 USD. Su suegra les dijo: “Cuando vayamos a la tienda a elegir todo tipo de cosas, entonces yo les daré el dinero”. Los tres se fueron a la tienda a comprar cosas diferentes: ropa, juguetes y otros artículos. Y en la caja, su suegra declaró tranquilamente: “Oh, se me olvidó decirles: ¡Me gasté todo! Lo necesitaba. Pero aquí les puedo dar 50 USD, o mejor 20 USD. ¡Este va a ser mi regalo!”.

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17.

Una vez le hice a la vecina de mi mamá un pastel para su cumpleaños: un gran pastel de chocolate de cuatro niveles. Según mi experiencia, 8 glotones podían llenarse por completo con este pastel. Mamá le llevó el pastel a la vecina, la felicitó, pero no se quedó para la fiesta, aunque la invitaron. Por la noche, la vecina llamó a mi mamá y le dijo llorando: “Tamara-a-a-a-a, me robaron tu pastel…”. Resultó que fueron sus dos amigas, ella les sirvió dos porciones, puso sobre la mesa ¾ del pastel y guardó un cuarto en el refrigerador para compartirlo luego con su hijo y su familia. Las amigas probaron el postre, lo apreciaron y quisieron más. Pero dos personas a la vez no son capaces de comer ¾ de un pastel, ¿verdad? Entonces, ambas sacaron sus bolsas y, sin preguntarle a la anfitriona, rápidamente dividieron los restos entre ellas. La anfitriona no tuvo tiempo de partir un pedazo para probar. Entonces una de las amigas, la más descarada, fue a la cocina y sacó el otro pedazo del refrigerador. La vecina le gritó: “¿Qué estás haciendo?”. Y la amiga le respondió cuando terminó tranquilamente de empacar la delicia: “Si has invitado, entonces tienes que compartir todo. Tengo nietos”.

18.

Una vez entré en un grupo donde se regalaban cosas, porque quería vaciar mi mueble. Era otoño, temporada de manzanas. Regalé unos libros en un perfecto estado y escribí que quería un kilo de manzanas a cambio. Una chica llegó con una bolsa, rápidamente tomó los libros y se fue. Abrimos la bolsa, y allí había manzanas sucias, aparentemente recogidas de la tierra, y además de todo, tenían el tamaño de una cereza.

19.

Nunca me he martirizado por la comida casera. Normalmente compro comida hecha en el trabajo, tomo un yogur por la noche y así estoy bastante feliz. Luego empecé a salir con un chico y comenzamos a vivir juntos. Me habló durante mucho tiempo sobre los peligros de la comida rápida y me mostraba todas las ventajas de la comida casera. Bueno, me di por vencida y comencé a cocinar sopa de col y fideos caseros. Cuando terminamos nuestra relación, comencé a analizarla y me di cuenta de que a él no le importaba mi salud. Solo se aprovechaba porque yo compraba productos elaborados y, como sabrás, es imposible ponerle candado a la olla de la sopa, así que él comía a mi costa. Pero en realidad no por mucho tiempo, ya que su “comedor” cerró rápidamente.

Y tú, ¿a qué actitudes avariciosas te has enfrentado?