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23 situaciones en salones de belleza que te harán pensar «¿cómo ha podido ocurrir eso?»

Todos hemos tenido desencuentros en salones de belleza. La clásica anécdota en la que pides que te corten las puntas, pero al peluquero de turno se le va la mano. Pero, a veces, los trabajadores de estos establecimientos van más allá… mucho más allá.

Otras veces, son los propios trabajadores los que también tienen guardadas anécdotas inolvidables. Atento a esta recopilación de anécdotas en las que, afortunadamente, el sentido del humor salvó el día.

1.

Trabajo de maquilladora en un salón de belleza. El otro día vino una chica bien arreglada luciendo un atuendo costoso. Hablamos de su maquillaje y me puse manos a la obra. Cuando llegué a los labios, de repente me mordió la mano, se levantó de un salto y salió corriendo del salón. Al final, me quedé desconcertada mirándola huir. No sabía ni qué pensar. Todos se ríen cuando hablo sobre este incidente. Hay clientes de todo tipo.

2.

Tuve que hacer un maquillaje de noche antes de las 7 p. m. Maquillé a la clienta, pero se quedó decepcionada: “No me gusta, no voy a pagarte”. Entonces se me ocurrió decirle:
— Está bien, lo lavaremos y ya está.
— ¿Cómo que “lo lavaremos”?
— Bueno, no te gustó.
Una breve pausa.
— Bueno, déjalo, no es tan feo.
Pagó mi trabajo. Luego me enteré por mis colegas que la clienta es conocida por usar ese truco, pero anteriormente nadie le había ofrecido lavarse el maquillaje.

3.

Un día vino una chica para hacerse una depilación láser. En la zona que iba a depilar tenía un tatuaje, pero está prohibido exponerlo a tal procedimiento. La clienta exigió esquivarlo y aplicar el láser a lo largo de su contorno. Y el especialista intentó explicarle una y otra vez que era imposible calcular la depilación hasta un milímetro, y que la piel en el área del tatuaje era muy sensible. Se molestó y exigió que se lo hiciera. Bueno, el especialista hizo todo lo que pudo. Luego, la chica vino corriendo a la recepción y presentó un reclamo sobre cuánto dolor le habían causado. El especialista fue suspendido del trabajo y yo todavía recuerdo ese tatuaje de rana.

4.

Normalmente no trabajo en mi casa, ya que tengo un hijo pequeño (de un año y medio), pero aquel día, una clienta me pidió que la maquillara en mi territorio. Entonces, estaba maquillándola, y mi pequeño andaba tranquilamente a nuestro lado, lo que era muy inusual para él. La mujer se fue contenta. Fui a lavar las brochas y, a la hora de echarlas en mi maletín, me di cuenta de que faltaban dos pinceles, un iluminador y un delineador… me quedé de piedra. Me puse a buscar las cosas que faltaban por todo el departamento, pero ¡NADA! Pensé que nunca las recuperaría, y justo en ese momento recibí una llamada de la clienta: “Hola, encontré tus cosméticos, un juguete y un pañal en mi bolso”. Así de amable es mi hijo. Creo que decidió hacerles regalos a mis clientes.

5.

6.

Clienta: “Debes haber estudiado mal, ¿verdad?”.
Yo: “Bueno… No, ¿qué le hace pensar eso”.
Clienta: “Bueno, ¡eres peluquera! ¿Qué tiene de difícil?”.
Yo: *recordando todo el tiempo dedicado a estudios, prácticas y seminarios*: “Bueno, en realidad, no es tan fácil…”.
Clienta: “¡No me digas! ¡Es lo que todos dicen! Mi vecino hizo un cursillo de dos semanas y empezó a trabajar, y, en general… bla, bla, bla”.
En aquel momento pensé: “No volveré a atender a esta mujer…”.

7.

Llevaba mucho tiempo recurriendo a los servicios de la misma manicurista. Hacía perfectamente su trabajo, pero no nos llevábamos bien como personas. Una vez, el día de la cita, la chica llamó y pidió que fuera una hora más tarde. Yo acepté. Pero ella trabajaba en la otra punta de la ciudad, por donde pasaba tan solo un autobús público. Además, lo hacía una vez por hora. Pues, entendiendo que podía llegar un poco tarde, literalmente unos 5 o 7 minutos, llamé para advertirle. En respuesta, montó un escándalo diciendo que tenía más clientes después y que mi comportamiento era inadmisible. Traté de explicarle que a lo mejor llegaría a tiempo, que podía hacerme una manicura sencilla. Pero fue inútil. Me dijo que sería mejor que no fuera. Bueno, no fui y no pienso volver a pasar por allí.

8.

Publiqué un estado: “Necesito una modelo para maquillaje el 10 de septiembre a las 14:00. Es gratis”. La muchacha fue encontrada en una hora. Entonces, al pie del texto agregué: “Ya encontramos una modelo, gracias”. El 10 de septiembre, ya por la noche, recibí el mensaje de una chica que pedía anotarla para el otro día, 11 de septiembre. Revisé la agenda, busqué un hueco para ella y la anoté, enviándole la dirección del salón. Llegó a tiempo, la maquillé. A ella le gustó. Ya estaba a punto de irse.
— Me debes 15 dólares.
— ¿Cómo? ¡Pero anunciaron que era gratis!
— ¿Quién anunció? ¿Cuándo anunciaron?
— ¡Voy a enseñártelo! — y se puso a buscar mi publicación.
— Buscamos la modelo AYER para las clases de mi amiga. Es lo que dice allí (el día y la hora).
— ¡Pero no se entiende!
Luego dio todo un discurso sobre lo mala que era atrayendo a chicas inocentes para hacerse algo innecesario.

9.

10.

Soy manicurista. Empiezo a trabajar a las 12:00. Una vez, recibí una llamada a las 9:00.
— Hola, ¿recuerdas que me tienes apuntada a las 12:00?
— Sí, claro…
— Oh, ¿te desperté?
— Sí…
— Bueno, ¿por qué eres tan dormilona? ¡Ya es de día! Y nosotros nos levantamos a las 6 toda nuestra vida…

11.

Tuve la mala suerte de trabajar en un salón de belleza. Se posicionó como si fuera muy genial, pero, de hecho, no lo era en absoluto. Lo más importante era la cantidad de clientes atendidos, y no les importaba la calidad. Entre otras cosas, hacían masajes faciales. Entonces, en lugar de aceite de masaje, utilizaban… ¡aceite de girasol! Sí, aplicaban eso en el rostro. Algunos lo utilizaban, pero yo no podía. Llevaba mi aceite especial para masajes. Naturalmente, duré poco tiempo en aquel lugar.

12.

Un día vino una clienta de cabello negro azulado. Y, por supuesto, quería volver a pintarlo de blanco ceniza. Le expliqué que eso no podía lograrse de una vez, y que incluso logrando el mejor resultado, el color se volvería caramelo. Ella estuvo de acuerdo. Hicimos nuestro trabajo y la mujer se fue. A los pocos días regresó para armar un escándalo, diciendo que quería ser rubia, ¡pero que la hicimos pelirroja! El administrador le puso las grabaciones de las conversaciones donde se le advirtió sobre esto. La mujer se fue. Después de 5 años, debajo de todas mis publicaciones, comenzaron a aparecer comentarios enojados de que una vez se le antojó teñirse de rubia y la hice pelirroja…

13.

Por cierto, la mayor queja de mi amiga peluquera son las expectativas poco realistas de los clientes. La gente quiere pasar de color oscuro a platino en una sola sesión, tener cabello rosa intenso que nunca se destiñe, o el pelo arcoíris increíble de una foto de Instagram cuidadosamente editada…

14.

Yo: “Hola, ¿qué tipo de corte quiere?”.
Clienta: “Hola. Quiero un pixie, por favor”.
Yo: “Está bien” (empiezo a cortarle el pelo).
Clienta: “Oh, pero Natalia solía cortarme de otra manera…”.
Yo: “¿De verdad? Entonces ¿por qué me eligió a mí en lugar de a Natalia?”.
Clienta: “¡Oh, ya sabes! ¡Me hizo un corte horrible la última vez!”.

15.

Una noche estaba trabajando en la recepción de un salón de belleza. El lugar estaba vacío, había pocos clientes. Pero de repente entró un hombre. Un sujeto gracioso. Al principio estaba convencido de que era una tienda (aparentemente, una muy inusual). Luego comenzó a preguntarme sobre todo lo que estábamos haciendo. Tratamientos, precios, etc. Hizo un montón de preguntas. Luego me pidió el libro de reclamos y dejó un comentario agradeciéndome por el hecho de que “mantuve una buena y amable conversación con él”.

16.

Soy autodidacta, llevo seis meses trabajando en un salón de belleza. Hace unos días, el administrador se me acercó diciendo: “No discutas con la clienta que vendrá ahora. Haz lo que ella quiera y como ella diga. ¡Es muy quisquillosa y caprichosa! También es amiga del dueño”. Digamos que esto no me alegró el día.
La clienta llegó tarde. Sin disculparse ni saludar, peguntó desde la puerta: “Bueno, ¿quién va a maquillarme?”. Entonces, me puse a maquillarla, pero ella no paraba de dar vueltas, llamando o mirando fotos en el teléfono… Incluso dijo: “Necesito tomar un respiro”, y salió. Cuando seguimos, se puso a quejarse: le parecía que una ceja estaba más ancha, o quizá no, pero entonces le parecía más larga o corta. Empezó a frotarse los ojos cuando ya le había aplicado el rubor en crema. Me pidió que le pegara pestañas postizas y un minuto más tarde cambió de opinión. No dejaba de preguntarme “¿Por qué lo haces así? ¿Para qué sirve esto y aquello?”. Tuve que explicarle las cosas como si fuera una niña mientras también hacía mi trabajo.
Al final, a pesar de todas las molestias, el maquillaje quedó muy delicado y hermoso. La mujer se quedó contenta. Pero a mí me temblaba el ojo, e incluso tuve que acostarme un rato.

17.

Solo estaba estudiando para ser peluquera. Un día se me acercó una chica con el pelo hasta la cintura diciendo que quería un corte muy corto. Realmente muy corto. Le pregunté varias veces si estaba segura de su decisión, le sugerí quitar la longitud de forma gradual, en varias etapas. Pero no, la chica quería un cambio ya mismo. Al final, hice una copia exacta del corte de pelo de la foto que ella llevó como referencia. Pero cuando la muchacha se volvió hacia el espejo, ¡se asustó! Se echó a llorar gritado que arruiné su hermoso cabello largo. Fue terrible. Después de eso, no pude seguir cortando y comencé una carrera en un campo diferente.

18.

Trabajo en un salón de belleza, me dedico a hacer manicura. Entonces, un día, ¡vino un HOMBRE pidiendo que le colocara uñas postizas! Resultó que pronto llegaría el cumpleaños de su pequeña hija y la fiesta se celebraría al estilo de “Soy una princesita de mamá”, ¡e incluso papá tendría que ponerse un vestido rosa, tener las uñas pintadas y llevar una corona durante la festividad! Era la primera vez que ocurrió en mi práctica.

19.

Por la mañana entró una mujer al salón y se echó a gritar. Sin palabras, solo una especie de grito animal. Todas las peluqueras fueron corriendo y esperamos a que cesara el ataque de la clienta. El grito se convirtió en palabras:
— ¡Arruinaron mi vida! ¡Voy a demandarlas!
Cualquier intento de preguntarle algo a esta señora provocaba más gritos, por lo que no logramos entablar un diálogo. Pero sacudió algunos “documentos oficiales” frente a mi rostro y me echó un par de hojas con algo escrito a mano temblorosa de tantos nervios. Intentaré copiar su estilo: “… Me dio escalofríos, y me quedé paralizada de horror cuando vi en el espejo cómo la peluquera se inclinaba sobre mí y me cortaba el pelo en mechones desiguales! ¡Oh, cuántas lágrimas derramé cuando volví a casa! ¡Incluso ahora no puedo contener el llanto al mirarme en el espejo!”. En total, dos hojas. Las leímos con mucho gusto. Fue una pena haber arruinado la vida de una persona. Devolvimos el dinero a la señora a cambio de la promesa de no volver al nuestro salón.

20.

21.

Trabajo de esteticista, para lo cual alquilo una oficina pequeña y bastante modesta. Tenía una clienta habitual, pero un día me dijo: “Ana, quiero ir a un salón de belleza exclusivo”. Bueno, el cliente siempre tiene la razón. Ella fue allí y así empezó todo. Me acusó de comprar solo productos baratos para trabajar, o incluso de diluirlos con agua para ahorrar, por lo que ya no volvería a venir. Fue muy desagradable, pero decidí evitar estresarme aún más tratando de disuadirla, y simplemente me despedí de esta persona. Pasaron varios meses, y entonces recibí una llamada suya: “Anita, quiero apuntarme. Eres una especialista maravillosa, no me gusta cómo trabajan en el salón de belleza”, etc. No la agendé.

22.

¡Me di cuenta de que hay que fotografiar el set de cosméticos y herramientas! Y, en principio, prepárate para el hecho de que te roben algo. ¡Las modelos son tan codiciosas! En serio, voy a morder la próxima manita que intente tomar mi espray fijador de maquillaje.

23.

Estoy en una peluquería. Entra un chico de unos 19 o 22 años y se sienta en el sillón libre. A la pregunta de la peluquera “¿Cómo quieres que te corte el pelo?”, responde: “El corte más de moda para los chicos de 18 a 27 años”. Sin una sola palabra, le da la vuelta al sillón, toma la máquina y le rapa la cabeza. Esto es lo que significa entender sin más preámbulos.

Y tú, ¿tienes alguna historia inolvidable ambientada en un salón de belleza?