web analytics

19 internautas comparten historias increíbles sobre personas a las que les sobra el dinero

Cuando alguien tiene mucho dinero en la cuenta bancaria, puede que tener a su disposición mucho dinero sea motivo de orgullo y felicidad. Pero no ocurre en todos los casos: hay personas que parecen haber nacido para la opulencia, y otras que no lo llevan tan bien.

Además, están los que son incapaces de llevarlo con elegancia y buena educación. Pero, ojo, porque esto también le pasa a personas con un nivel adquisitivo medio o bajo.

Atento a estas historias sobre personas adineradas que no tienen desperdicio. ¡Esperamos que te gusten tanto como a nosotros!

1.

2.

En la universidad existía el grupo de “en qué sector vives y si tienes casas de veraneo, entras al club”. Siempre creí que eran bichos raros y me relacionaba con personas menos divas. Un día, hablando con ellos, no podían creer que mis papás sí me llevaban de vacaciones, mientras que a ellos los dejaban con la nana porque las vacaciones eran en pareja sin hijos. También vi cómo llamaban a sus papás y nunca les devolvían las llamadas, aun cuando estaban enfermos, mientras que mis papás siempre estaban pendientes de mí. Quizá, ese fue mi mayor roce con personas que decían ser de una clase social superior.

3.

He estudiado en una universidad privada (pagándola con esfuerzo) y todos mis compañeros eran hijos de papi y mami. Nacieron en cuna de oro. Viven en casas lujosas, conducen autos lujosos y son las personas más cariñosas y humildes que conozco. Tienen un alma de ángel y son muy amables. Es muy diferente de cuando estudié en la universidad pública: se sentía mucha queja, odio y resentimiento entre mis compañeros.

4.

Un día, en la esquina de mi barrio, había una persona muy adinerada que estaba comiéndose un riquísimo perrito caliente.
“Muy sabroso este perrito, ¿no?”, me dice el tipo.
“Sí, muy sabroso, ¿y por qué no lo come en un restaurante más elegante?”, le pregunté. “Me imagino que ahí serán más sabrosos los perros calientes”.
El hombre me contestó: “Soy RICO, amigo, no ESTÚPIDO”.

5.

6.

Hace unos años, trabajé en una tienda departamental. En una venta nocturna, llegó una señora que, honestamente, tenía aspecto de bruja. Mis compañeras comenzaron a murmurar que daba miedo y la señora volteó a vernos como si nos hubiera escuchado. Se acercó, y con una voz superlinda, me pidió que la ayudara a hacer sus compras. Todo el tiempo nos acompañó su guardaespaldas. La señora me llevaba del brazo y me platicó cosas de su vida, era maravillosa. Compró los regalos de Navidad y también obsequios para sus guardaespaldas. Al final, quiso darme una propina bastante generosa, pero la rechacé, ya que solo estaba haciendo mi trabajo. Después me enteré de que era una de las clientas más importantes de la empresa: su línea de crédito era mayor a 1,5 millones de pesos. Nunca más la volví a ver, pero la noche que la atendí, me llevé una muy buena comisión, en un tiempo que realmente fue difícil para mí.

7.

Soy una mamá trabajadora: cuando dejo a mi hijo en la escuela, me voy trabajar.
Cambié a mi hijo de una primaria privada pero sencilla a una privada muy pretenciosa. Un día, otras mamás me invitaron “al desayuno” y les dije que no podía ir.
—¿Por qué? —me preguntaron.
—Es que me voy a la oficina —les contesté.
—Ay, ¿para qué trabajas?
—Me aburro de ir al club (era la respuesta habitual, que yo consideraba chistosa, para explicar por qué debo trabajar).
Me respondieron:
—¡Qué mal! ¿A qué club vas? Los nuestros son muy entretenidos.
¡PLOP!
Aun así, eran señoras superlindas y agradables.

8.

Mi esposo una vez recogió a un millonario petrolero en un aeropuerto exclusivo para millonarios. Viajó de Dallas a Houston solamente para ir a una cita con el doctor para su esposa. El señor era muy jovial y muy amable. Mi esposo le preguntó: “¿Cuál es su auto favorito?”, pensando que, tal vez, tendría una colección de carros lujosos. Él le contestó: “Mi carro favorito es el que tiene cuatro llantas y camina”. Mi esposo siempre lo recuerda. Una persona sencilla y educada. Muchos apenas tienen un dólar en la bolsa y sienten que el mundo es suyo.

9.

10.

Yo trabajaba en una tienda de ropa en el aeropuerto de la Ciudad de México. Cierto día acudió a comprar una actriz muy famosa, eligió algunas cosas y se fue mientras su esposo se quedó para realizar el pago. El tipo insistió durante aproximadamente 15 minutos para que le hiciera un descuento, me preguntó si me hacían descuento a mí por ser empleada e incluso pidió que llamara a mi jefe para que lo autorizara. Al final tuvo que pagar el monto total, eran aproximadamente 600 pesos mexicanos. ¡Se fue indignadísimo!

11.

Trabajé para un señor japonés que tenía muchísimo dinero. No he conocido persona más humilde y educada en toda mi vida. Trataba como iguales a todos sus empleados. Una maravilla de persona.

12.

Durante las prácticas de la universidad, tuve la oportunidad de conocer a gente rica y, sobre todo, superculta y con grandes puestos directivos. No había día que no me saludaran de mano y con una enorme sonrisa. Hasta café te ofrecían. Siempre decían “estamos para apoyarte en tus prácticas. No te quedes con dudas, estás formando tu carrera”. Superlindos y humildes.

13.

14.

He estado con personas muy ricas que no han tenido pena de sentarse a comer en el bordillo de la calle y no les importó comer lo que se les dio. También me he encontrado con pobres cuyo ego es más grande que ellos.

15.

Durante una conversación en el extranjero, estuvimos hablando con varios dueños de negocios sobre sus pasatiempos. Unos decían pesca, otros motos o botes, pero un señor nos dijo que, para entretenerse, hacía centros comerciales.

16.

Trabajo con personas muy adineradas, pero son realmente sencillas, educadas y respetuosas. Me siento a comer con ellos como si fuera de la familia, la señora hasta prepara y me sirve la comida.

17.

18.

He trabajado en prestigiosos espás y en espás turísticos. Los ricos son hermosas y maravillosas personas, incluso me han ayudado con mi labor personal rescatando gatos callejeros y han adoptado a varios. He cruzado otras adopciones de perros y ellos mismos me contactan, porque han divulgado que adoptar es mejor que comprar y se han involucrado.
También he tratado con personas que tienen el 10 % de lo que tienen otros y son muy déspotas. En mi trabajo veo de todo: gente maravillosa con problemas de salud y personas que transmiten su dolor así, siendo incluso crueles.

19.

Trabajé para un hombre que no podía tener hijos, su esposa era una acérrima coleccionista de Barbies, y eran extremadamente amargados. El señor me despreciaba continuamente y la señora nunca estaba en su casa. Me daba pesar ver tanto derroche de dinero y una casa lujosísima, pero muy poca o nada de felicidad en la vida. Comprobé al 100 % que el dinero no da la felicidad.

¿Alguna vez has vivido alguna situación similar a las del artículo? ¿Crees que la gente con mucho dinero es muy diferente del resto?