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Sin distancia y sin lavarse las manos, la triste imagen en los supermercados de España

La llegada de la «nueva normalidad» ha hecho que nos relajemos, como si el virus ya no nos pudiese afectar.

Ha pasado un mes desde que se decretara la salida oficial del Estado de Alarma, pero en España todavía estamos bajo lupa por el número altísimo de brotes que se han detectado. De hecho, son ya 201 brotes de coronavirus los que se han registrado a largo y ancho de la geografía nacional.

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A causa de este percance, en muchas comunidades autónomas se ha hecho absolutamente obligatorio llevar la mascarilla cuando se sale a la calle, independientemente de si se puede o no respetar la distancia de seguridad.

En concreto, hay territorios como Cataluña que se encuentran en verdadero peligro. Por ese motivo, ya se ha confinado a toda una comarca entera, por el miedo y el riesgo de contagio comunitario.

A pesar de ello, hay pocas esperanzas de que las medidas no se endurezcan, ya que los contagios y los brotes no dejan de crecer día a día.

Paralelamente, poco a poco muchas personas y establecimientos se han ido relajando, provocando que la sensación de tensión a causa del virus se haya relajado. Esto ocurre en los supermercados de la capital, que han sido objeto de un reportaje en El Español. El reportero ha narrado la experiencia que ha vivido en diversos establecimientos de Madrid.

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Cuando aún nos encontrábamos en plena pandemia y en Estado de Alarma, había que hacer cola para entrar a cualquiera de los establecimientos, ya que se controlaba el aforo y era obligatorio el uso de guantes. La situación hoy en día ha cambiado.

En muchos casos, a la entrada de cualquier negocio hay un gel desinfectante, pero no hay nadie que controle su uso, así que muchas personas no se lo ponen y acceden al establecimiento sin problemas. La distancia de seguridad es otro de los factores que la gente está desatendiendo, ya que en muchas ocasiones no se respeta.

Supermercados de Madrid.

El caso de Lidl parece ser diferente, ya que disponen de una persona posicionada a la entrada del supermercado que obliga a los clientes a ponerse el gel de manos antes de entrar.

A pesar de que el reportero narra que hay poca gente en la tienda, reconoce que hay pasillos en los que no se respeta la distancia de seguridad entre los clientes. Incluso se da esta situación hasta en las colas para pasar por caja.

Según reconoce, hay personas que en la cola de la caja tiene que ser advertida por los cajeros o por los propios clientes, que se sienten incomodados al no respetarse la distancia de seguridad.

En cambio, hay establecimientos como Aldi donde existe la presencia del gel a la entrada del establecimiento, pero no tanto la presencia de un trabajador que vigile que el cliente lo utilice antes de entrar a comprar.

En este caso, según explica el reportero, la poca clientela contrasta con lo grande que es la superficie que abarca el establecimiento, por lo que no es difícil respetar la distancia de un metro y medio entre personas en su interior. Añade que todos los empleados llevan mascarilla y guantes, cosa que no ocurre en otros sitios, y que la distancia de seguridad ha sido respetada, al menos durante su visita.

Otro de los establecimientos que visita, cuyo nombre no aporta, no respeta prácticamente ninguna de las medidas de seguridad que se han decretado durante esta «nueva normalidad».

Según explica, en la entrada hay un gel desinfectante en la puerta, pero no se vigila si el cliente se lo aplica el cliente, lo que provoca que casi nadie se lo ponga, como en tantos otros establecimientos.

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Además, es el único establecimiento en el que ni cajeros ni reponedores utilizan guantes para desarrollar sus funciones. Para colmo, la responsabilidad individual de los clientes deja mucho que desear, pues un cliente que no lleva puesta adecuadamente la mascarilla —la lleva en la barbilla— estornuda y no hace ademán ni de taparse la boca.

A pesar de que en el suelo se encuentran dibujadas unas líneas que indican la distancia de seguridad que deben mantener los clientes, estos desoyen el consejo y pasean por el supermercado a su libre albedrío.

Por último, los guantes quedan destinados para su uso tradicional, es decir, para coger productos como la fruta.

El periodista explica que hasta un empleado del supermercado en cuestión le dice: «Al paso que vamos, nos confinan antes de que acabe el verano. La gente en general se comporta, pero hay de todo». Esto resume la visión que tienen en los establecimientos sobre la conducta que suelen tener los clientes, en líneas generales.