15 historias que demuestran que los animales son mucho más inteligentes de lo que creemos

Muchas veces pensamos que nuestras son de otro mundo: protagonizan acciones inexplicablemente tontas, y si obedecen, es solamente gracias al adiestramiento. Pero lo cierto es que no siempre sucede así.

Porque también son muchas las veces que demuestran una comprensión tan profunda de las situaciones, o un ingenio tan real, que ni siquiera sus amos entienden inmediatamente el curso de sus pensamientos.

Atento a esas historias sobre animales que sorprendieron con sus habilidades intelectuales, porque quizás te sorprendan tanto como a nosotros:

1.

Cuando era niño, teníamos dos perros: un inteligente gran pirineo y un tontito labrador retriever. Entonces, un día, el retriever, de algún modo, logró evadir su correa (teníamos que atarlo en el patio porque perseguía a los pájaros todo el tiempo) y escapar. Pero el gran pirineo no lo dejó irse lejos. Ni siquiera nos dimos cuenta de lo que había sucedido hasta que vimos cómo el gran pirineo llevaba al retriever de vuelta a casa, sujetándolo por la correa. Probablemente, fue una imagen extraña para los vecinos.

2.

Cuando mi novio y yo discutimos levantando la voz, mi gata se pone muy nerviosa. Enseguida, corre hacia mí, maullando nerviosamente por el camino, sube acercándose a mi rostro y se frota contra mis mejillas. Cuando lloro, lame mis lágrimas y está muy inquieta. Esto resulta muy conmovedor, sobre todo, porque siempre me consuela solo a mí. Pero no esperaba que un día, en plena discusión, ella metiera su hocico peludo en mi boca para que dejara de gritar. Después de algo así, debido a la risa, era imposible seguir con el enfrentamiento.

3.

Nuestro perro sufre de obesidad, pesa casi 50 kilos. También tenemos un montón de gatos. Un día, el perro, al volver de la calle, descubrió que los gatos habían tomado su lecho favorito. Se levantó y ladró, pero los gatos no reaccionaron a sus reclamos. Entonces, se tumbó directamente encima de los felinos…

4.

Nuestra gata, una vez, no me dejaba irme a dormir bajo ningún concepto, insistiendo en que la siguiera a la cocina. Hace poco compramos una estufa nueva con una placa de vidrio y no nos habíamos dado cuenta de que habíamos dejado uno de los fogones encendido. Gracias, gatita.

5.

Cuando mi perro quiere mi atención, muerde ligeramente algunos de los muebles, se queda inmóvil y mantiene contacto visual agresivo conmigo. Extraño y divertido al mismo tiempo. ¡Pero funciona!

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6.

Cuando yo tenía solo 2 semanas de haber nacido, mis padres rescataron a una gata. Esta decidió que yo era su gatito y me cuidaba. Cuando lloraba, ella se colocaba sobre sus patas traseras y se apoyaba en mi hombro con las delanteras, maullando preocupada y lamiéndome la cara. Dormía conmigo en la cama cada noche hasta que murió cuando yo ya tenía 14 años. Descansa en paz, Rosa, mi segunda madre.

7.

Tenía un burro que abría la puerta para los caballos y las vacas. Y luego, simplemente, se iba por la valla hacia un pasto cerrado. Cuando yo regresaba, después de hacer algunas cosas, me encontraba con un caos completo. Los caballos estaban destruyendo el granero con heno, las vacas pastaban en los campos de los vecinos o arrancaban el césped, y con todo eso, el burro simplemente estaba por ahí, como si no tuviera nada que ver con todo eso.

8.

Hace un par de años, mi abuela comenzó a tener problemas con las piernas. Una vez se cayó en la sala de estar. Nuestro perro la vio y enseguida recorrió toda la casa para encontrar a alguien, pero ese día, el resto de la familia no estaba. Así, cuando no encontró a nadie, simplemente se tumbó y esperó a su lado hasta que ella encontró la fuerza suficiente para volver a levantarse. Ella misma nos contó la historia y todos estábamos agradecidos con el can.

9.

Un día, se produjo un incendio en nuestra casa y nuestro gato se escondió debajo de una manta acolchada de algodón. Esta acción le salvó la vida porque las capas de la manta funcionaron como un filtro de aire, logrando así no asfixiarse por el fuerte humo.

10.

Hoy, en el hipódromo, nos permitieron darles de comer zanahorias a los caballos, pero a este le estaba prohibido (sufre de gastritis). Pero lo pedía taaaaaanto. No pude resistirme a tomar una foto:

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11.

Por la mañana, me llevaba los platos de la habitación. Tenía las manos ocupadas y no podía abrir la puerta. Mi gato estaba acostado en el suelo. Le dije: “Por favor, ayúdame, abre la puerta que tengo las manos ocupadas”. ¡Lo más sorprendente es que realmente me entendió! Se levantó de mala gana, se acercó a la puerta, la enganchó con su pata por abajo, la abrió y volvió a tumbarse.

12.

Cuando era pequeño, teníamos caballos. Y entre ellos había una yegua demasiado lista. Inundaba el granero, metiendo heno y diferentes objetos en el grifo de agua abierto cuando no le prestaban la atención adecuada. Su establo se cerraba con cuatro cerraduras porque había descubierto cómo abrirlas, incluso la que era una cerradura con mosquetón. También escapó varias veces de su establo y liberó a otros caballos para acabar montando una fiesta ecuestre, cuando media docena de caballos come hortalizas de verano en el jardín y otra media docena pasea a lo largo del camino, confundiendo a los conductores.

13.

Fui al baño, me quité la ropa y puse los pantalones cortos en el sofá. Me duché, salí y los pantalones cortos habían desaparecido. Recordaba exactamente que los había puesto sobre el sofá. Y mi gata, en ese momento, dormía pacíficamente en una silla. Comencé a buscar los shorts. Mi querida gatita los había agarrado, llevado al armario y metido en el estante inferior. Todo debe estar en orden.

14.

Una vez, en mi infancia, me sentí ofendida por los adultos y me senté a llorar sin parar. Nuestro perro, tras verlo, se fue, desenterró para mí el hueso que había guardado antes y lo colocó delante de mí. Mi consuelo.

15.

Me sentía mal y decidí dormir un poco, pero mi gato no me dejaba en paz. Continuaba empujándome con sus patas hasta que me enojé e intenté levantarme. Y entonces me di cuenta de que mi estado era crítico y llamé al 911. Resultó que había sufrido un ataque cardíaco grave sin dolor. Mi gato me salvó la vida.

Y tú, ¿has sido testigo de algún comportamiento parecido de un animal?