La historia detrás de un balcón con todas sus plantas muertas que ha conmovido a todos

La historia de un balcón de la calle Martín de Vargas, en pleno barrio de Embajadores de Madrid, se parece desgraciadamente a la de muchas otras casas de todo el mundo. Hasta hace unas semanas, sus plantas estaban llenas de vida.

«Ahora está así de triste porque la pareja que le daba vida murió por COVID», relató el periodista José Antonio Bautista en un tuit, con una foto que se ha convertido en todo un símbolo. Él solo conocía a la pareja de vista, pero su amiga Petra sabía bien quién vivía ahí.

Petra tiene 90 años y es vecina de José Antonio. Durante muchos años fue la portera de la finca y conoce a mucha gente del barrio.

«El otro día me la encontré en el portal y no podía salir a la calle porque se había roto el elevador que salva las escaleras. Me dijo que llevaba dos días sin salir y ella desde las ventanas de su casa solo ve el patio interior, así que le dije que viniera a tomar un café a mi balcón, así veía el cielo y la calle», contó el periodista.

Entonces comenzó a contarle historias de los edificios de alrededor. «Se detuvo, se puso triste y me preguntó «¿sabes por qué están secas esas macetas?», y me contó que allí vivía una pareja mayor que había fallecido por coronavirus».

Petra vive sola y le encantan las plantas. «Dice que son sus hijas» y tiene sus ventanas interiores llenas de macetas. «Cuando habla de los vecinos, suele hacer referencias a sus plantas para ubicarlos», contó José Antonio, que reconoció que, de hecho, muchas de las que él tiene se las ha regalado su amiga.

Cuando José Antonio se asoma a su terraza, se balcón le da «un golpe de realidad». Pero al mismo tiempo observa alrededor «muchas cosas preciosas que brotan y que tienen más fuerza que la muerte».

Su barrio está en la frontera del proceso de gentrificación que sufre el centro de Madrid: «Todavía conserva muchos negocios antiguos y vive mucha gente mayor que lleva aquí toda la vida y se conoce, se apoya y se cuida, se respira mucha conciencia colectiva», dijo.

Algo que tiene su reflejo cada día a las 8 de la tarde: «Aquí se aplaude mucho. En mi calle solo hay una persona con la cacerola a las nueve. En parte quizá porque hay mucha gente mayor, en parte porque hay un centro de salud en frente, muy chiquitito pero es un espectáculo, hay un par de enfermeras que salen siempre y saludan a todo el mundo».

Considera que no hay que olvidarse de la situación «tan triste y tan fea», y que en su barrio ve a la gente «más unida y más solidaria si cabe». Según el periodista, para los más mayores, muchos solos, la cuarentena ha sido especialmente dura. Los jóvenes tienen que aprender mucho de ellos, especialmente de «su resilencia y su conciencia».

«Los balcones muertos son cicatrices visibles de la pandemia. Recuerdo de tantas personas queridas que se fueron. A veces cuesta creerlo», lamentó el periodista en Twitter.