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Indignación por la eliminatoria más injusta de la historia de ‘MasterChef’

El programa comenzó con un mensaje de Jordi Cruz dirigido a la cordobesa Saray y a su «Pájaro muerto en lo alto de un plato»: «El respeto a los compañeros y a nuestra profesión siempre va por delante de todo lo demás», dijo muy serio el chef. En realidad, además de por la cordobesa, iba también por los aspirantes que permanecían en el concurso.

Pero eso lo comprobamos a última hora, cuando a los seis candidatos a la expulsión se les impidió cocinar para que lo hiciese un compañero en su nombre: su suerte quedó en manos ajenas. En resumen, MasterChef quiso dar una lección de compañerismo a los aspirantes… Pero no todo el mundo estuvo muy conforme.

El truco final.

En el último reto de la noche, después de haber resultado perdedores de la prueba de exteriores, Fidel, Iván, Ana, Luna, Andy y Alberto se vistieron los delantales negros. En teoría, en 60 minutos les tocaba cocinar «un plato digno de MasterChef» partiendo de un ingrediente principal un tanto complicado —cilantro, coco, corazón de vaca, caracoles, foue, aguacate)—.

Pero cuando estaban dispuestos a encender los fogones, la organización anunció un giro argumental digno del mejor Shyamalan. No cocinarían ellos, sino que lo harían en su lugar los del otro equipo.

El azar decidió quién representaría a quién. Así, Juani cocinó por Alberto. José Mari, por Iván, quien unos minutos antes lo había llamado «culebrilla». Sara Lúa representó a Andy. Michael, a Ana. Teresa, a Fidel. Y, por último, Sonsoles trabajó para Luna.

Al coruñés Iván no le pareció bien ese cambiazo, completamente inédito en la historia del concurso: «Me parece bastante injusto. La permanencia de cada uno debería ser de cada uno», argumentó con mucha lógica. Pero Jordi le explicó que en las cocinas profesionales hay ocasiones en las que no puede ir el chef principal y le tiene que sustituir otro. Querían que los concursantes aprendiesen esa lección sufriéndola en sus carnes.

Eso sí, los «afectados» podían dar indicaciones. Fidel no dio ni una a Teresa: «Confío en ella. Sé que lo va a hacer como si cocinara mi madre para mí, y que lo va a hacer con todo el cariño», argumentó.

La mujer combinó manzana con corazón de vaca, para sorpresa de los chefs. Muy tensa, se animó un poco con la presencia de un antiguo concursante MasterChef Celebrity, Boris Izaguirre, que fue testigo de este intenso asalto final.

En contraste con Fidel, Iván tiró de su experiencia como entrenador de fútbol y guió a José Mari en todo momento.

Juani hizo un tartar de salmón con aguacate ante el que Boris se arrodilló —»es el mejor tartar que he comido en todo mi vida»— y Alberto respiró aliviado.

El siguiente fue Michael, que hizo unas caracoles que estaban tan buenos que los probó su «representada» Ana, que los odia. Además, Jordi pidió palillos y pan para aprovechar la salsa. «Todos los que metéis puñales por detrás a Michael deberíais aprender cómo guisa. En vez de meterse con él, aprended de él», aconsejó Samantha. Cabe destacar que Michael jamás en la vida había cocinado ni comido caracoles.

Sara Lúa cocinó en nombre de Andy un foie «correcto», aunque escaso.

José Mari presentó dos tipos de ceviches. «Una birria», juzgó Jordi. «Te has quemado a medio camino», criticó Pepe. En este caso, si lo hizo así no fue por perjudicar a Iván… sino por no escuchar sus sabios consejos.

Sonsoles le dio vueltas al «coco» para hacer un coco bañado en pollo curry, pero no acertó: «Comida de gatos hindúes», a juicio de Jordi. Luna se vio fuera por minutos… Hasta que llegó Teresa.

Por último, Teresa. «A Fidel le entrego mi corazón», fue el nombre con el que bautizó a lo suyo. Tomó el corazón de vaca y lo guisó. O eso dijo. «No lo has guisado, lo has encharcado en aceite», espetó Pepe. «No se puede comer», criticó Jordi, que también reprochó la «falta de actitud» de Fidel durante el cocinado.

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La sentencia fue la esperada: Fidel, fuera.

«Echar a un compañero es lo peor. Lo siento tanto. No es justo. Esto me va a hundir a mí también», dijo llorando Teresa.

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Mientras tanto, en las redes, se podían leer cosas como estas:

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