14 peluqueros recuerdan a sus clientes más «guarros», y son verdaderas historias de terror

La higiene del cuero cabelludo está llena de conceptos equivocados, falsos mitos que pasan de una generación a otra sin que se sepa muy bien cómo se originan. En la actualidad, la gente debería ser capaz de mantener una buena higiene en sus cabezas… Pero las historias de estos peluqueros nos hacen pensar que todavía queda mucho por recorrer.

pexels photo 3356170

Estas son las historias que se leyeron cuando alguien preguntó en Reddit por las cabezas más «guarras» que han presenciado peluqueros y estilistas, y las respuestas no tienen desperdicio.

1.

En una de las primeras tiendas en las que trabaje había dos personas que venían periódicamente. Las dos estaban tan sucias, que les cambiaba por completo el color de piel, y apestaban a meado. Estar cerca de ellos hacía que se humedecieran los ojos, era extremadamente difícil respirar y el olor a amoníaco era demasiado.

Pero nunca les rechazamos, y fuimos todo lo educados que podíamos. Eso sí, estoy seguro de que los peinados no aguantaban ni tres horas.

2.

Tuve que lavarle y cortarle el pelo a un adolescente que no se había lavado el pelo en lo que parecía meses. La política de la peluquería era lavar el pelo después del corte, y el olor era terrible. Después de cortarle el pelo, intenté humedecer su pelo en la pila y el agua simplemente resbalaba por su cabello de lo grasiento que era. He visto muchas cosas durante mis años como estilista, pero esta fue la peor experiencia.

3.

Que vinieran mujeres mayores para lavarse el pelo con un «casco de laca» de unas cuatro semanas de antigüedad era normal.

Tuve un cliente que tenía mucha psoriasis y ningún peluquero quería ayudarle. Además le daba mucha vergüenza, así que quedamos con él en que viniera después de la hora de cierre. Era tan dramático que después tirábamos la mayoría de material de trabajo, en vez de desinfectarlo.

4.

Mi marido es barbero, y un día vino un tipo con rastas que quería cortárselas. Cuando apartó sus rastas y miró su cuero cabelludo, ¡se dio cuenta de que era de color verde! Al tocarlo vio cómo hacía ondas. Al preguntarle cuándo se lavó el pelo por última vez, le respondió que «hace tres años». Mi marido se dio cuenta de que toda la cabeza estaba cubierta en una capa de pus. Le mandó directamente a emergencias para que le hicieran un drenaje y le trataran con antibióticos.

showing roots

5.

Mi hermana es estilista y una vez un niño le pegó los piojos. Por lo visto, la madre sabía que el niño los tenía, pero no le dijo nada a mi hermana hasta que se iban. Yuck.

6.

Solía hacer de niñera en mi barrio. Una vez estaba con unos niños de 13 y 8 años que no paraban de rascarse la cabeza al sacarles al exterior, pero como estaban jugando juntos en la caja de arena, imagine que se habían ensuciado y les recordé que se ducharan al llegar a casa.

Al día siguiente fui a la peluquería, y pedí que me lo cortaran muy corto. A mitad del corte, la peluquera se detuvo y dijo en voz alta a todo el mundo en el local (incluyendo personas que me conocían) que no seguiría cortándome el pelo porque tenía piojos.

Me quedé muy avergonzada. Podría al menos haberme llevado a un lado y explicármelo tranquilamente, en vez de hacerme sentir mal delante de todo el mundo. Todavía me ruborizo al recordarlo.

7.

Mi padre era peluquero. Cuando era joven, tuve psoriasis en mi cuero cabelludo. Mi padre fue el único que me cortó el pelo durante los 25 años que tengo, y recuerdo estar sentado en su silla mientras él me peinaba y quitaba trozos de piel muerta. Me daba mucha vergüenza porque a pesar de los muchos remedios que probé, ninguno conseguía curarme. Finalmente conseguí superar la psoriasis, pero siempre recuerdo estos momentos como mis favoritos, porque demostraban hasta qué punto me quería mi padre.

8.

Mi madre era peluquera en Vidal Sasson durante los 1960s. Durante la época en la que los peinados colmena, las clientas no se lavaban el pelo durante semanas, porque seguían echándose laca para mantenerlo en su sitio. Esto significa que en el lavado podías encontrar pulgas, piojos, y en una ocasión cucarachas.

Por alguna razón, esto no le importaba mucho a mi madre, pero es la razón por la que nunca he querido un trabajo en el que hubiera que tocar al cliente.

9.

Trabajaba como recepcionista en una peluquería de lujo. Un día, una mujer preguntó si había alguien especializado en cortar pelo muy rizado. Le seleccioné a alguién, le hice las preguntas habituales, y cerré la cita, que resulta que era para la nieta de la persona que llamaba.

Cuando llegaron, la madre y la abuela eran blancas, y la nieta era afroamericana. Obviamente no sabían, ni se habían molestado en aprender, cómo cuidar del pelo de la niña, porque era una coleta gigante que le llegaba hasta la cintura, y estaba completamente enmarañado. Además, tenía algún problema de desarrollo, y no podía lavarse el pelo ella misma.

Pude olerla en cuanto entró, pero cuando la estilista humedeció su cabello, el olor penetró en todo el salón. Era como un golpe en el estómago. La estilista tenía que salir de vez en cuando para tomar un poco de aire fresco. Tenía grandes escamas de caspa que estaban básicamente incrustadas en el cuero cabelludo y en el cabello de la niña. La coleta enmarañada era lo peor. Lo que deberían haber sido 45 minutos de servicio, terminaron siendo unas cuatro horas.

La niña tenía un aspecto fantástico cuando terminamos. Me sentí mal por ella porque obviamente su madre y su abuela no tenían la intención de mantener correctamente su cabello. Tuve la impresión de que la trajeron cuando se les fue de las manos. Me horroriza que por lo visto ni se molestaran en lavarle el pelo en casa. Compraron algunos productos que les recomendó la estilista, pero los terminaron devolviendo un par de días más tarde.

10.

Hace tiempo, mi madre me contó que en su peluquería apareció un tipo que tenían caca de pájaro por toda la cabeza. Resulta que le habían cagado encima, y no se había dado cuenta.

11.

Vino un chico con su madre. Tendría unos 8 años, y el cabello rizado. La madre me pidió que le rapara la cabeza todo lo que pudiera. Era mi último corte de pelo del día y tenía ganas de irme a casa. Al empezar me di cuenta de que debajo del pelo rizado tenía una infección de piojos, que además eran grandísimos. Por eso la madre quería que se lo rapara yo. Detuve el servicio y me pasé las siguientes tres horas desinfectando todo

La madre llamó después para quejarse por no haber continuado el servicio. Le intenté explicar que era ilegal que continuáramos el servicio porque los piojos podrían contagiar a otras personas y le recomendé una tienda donde estaban especializados en ese tipo de servicios, pero ella me aseguró que era por racismo.

1490968721 f6fye6 fix

12.

Una vez tuve que rechazar a una mujer después de que hiciera una reserva para que le quitáramos extensiones. Eran extensiones de las que te puedes poner como máximo tres meses, pero nadie la había avisado. ¡Las llevó durante siete meses! Cuando las vi, le dije que no podíamos ayudarla. Había una mata de pelo enmarañado con pegamento. En mi opinión, tenía que raparse casi al cero. Hay «peluqueros» que no deberían trabajar.

13.

Una vez mi estilista tuvo una mujer con pelo por debajo de la cintura que quería donarlo todo a Locks of Love. TODO.

Dijo que quería quedarse con un peinado corto, y donar todo lo demás. Después de comprobar varias veces de que lo que quería era eso, el estilista empezó a cortar.

La mujer lloró todo el rato. El estilista le preguntaba todo el rato si estaba bien, pero ella estaba convencida de ayudar a la gente con cáncer, y le dijo que continuara a pesar de las lágrimas.

Mi estilista dijo que fue la situación más incómoda de su vida. Los clientes que entraban seguramente pensaron que estaba arruinando el peinado de esa pobre mujer.

14.

No soy estilista pero trabajo con perros, y he vista cosas por las que me gustaría no devolver los perros a sus dueños. Mi peor experiencia fue cuando alguien trajo su shih tzu de 2 años. Su dueña lo trajo envuelto en una toalla porque no quería tocarlo, y es que el perro era un desastre. El pelo era una maraña sólida, incluyendo el de la cara. Había un agujero en la maraña por el que había explotado la caca, es decir, llevaba tanto tiempo cagando sobre su propio pelo que la acumulación había terminado convirtiéndose en un agujero a través de su pelo.

Me sentí tan mal por el pobre perro, que todo lo que pude hacer fue lavarle, desinfectarle, y decirle a la dueña que tenía que ir al veterinario.